miércoles, 3 de junio de 2026

Cambia el universo pero no el juego

Cambia el universo, pero no el juego. Eso mismo pasó el otro día cuando fui a jugar Muro al polideportivo. Ese día llegué como de costumbre a los Muros contiguos al coliseo, cuando, oh sorpresa, me di cuenta de que estaban en clase.  Me quedé sin muro para jugar.

Salí a dar una vuelta sin saber cómo ocupar mi tiempo recreacional, hasta que se me ocurrió entrar a la cancha de fútbol, caminé, la vi, andé pa’ aquí y pa’ allá, recordé mis épocas de fútbolistas, el peor fútbolista. Aún tenía la raqueta y con las pelotas algo podía hacer. Exploré un juego de raqueta sin muro y sin contrincante, o sea, jugar contra la gravedad. Empecé a jugar a que la pelota rebotara sobre mi raqueta hacia arriba sin dejarla caer, tocaba correr, por supuesto, pues rara vez la trayectoria de regreso se parecía a la de subida, dibujando una parábola de función:

   


Esto proyectó en mi cerebro hacia otra idea: darle vueltas corriendo a la cancha rebotando la pelota, en el mismo ejercicio, sin dejarla caer y que no pare de colisionar con la raqueta. Una trayectoria definida le daría, por supuesto, mejores características de disciplina deportiva. Empecé la marcha, nunca me cansé de correr, más bien si se me cansaba el brazo, debía cambiar. Poco a poco el juego fue tomando forma y la diversión llegaba. Di una sola vuelta.

Salí rumbo a mis aposentos y pasé por el skatepark, ese lugar de superficies curvas hecho para rodar patinetas y patines podría también servir para que rebotaran pelotas de tenis. Entonces agarre de muro la rampa más alta. La función que convertía un muro plano a 90 grados de ángulo en un muro curvo propuso una ecuación exponencial. Empezó la partida, rebotes extraños recién conocidos, el universo había cambiado, pero el juego era el mismo.

Analicé la superficie de la rampa del Skatepark, trataba yo de descifrar la incógnita, el exponente de la potencia, ese esquivo pero obvio resultado que daba forma a la rampa. La diversión llegó de sobremanera cuando entendí lo siguiente:

Golpe abajo de la rampa aumenta la probabilidad de rebote a 90 grados del punto de contacto. Golpe superior lo bajaba a escasos 15 grados, muy cerca, por supuesto, del fin de la rampa y el comienzo del abismo. Abismo al que se fue varias veces la pelota y tuve que ir a recogerla.

Así se pasó tan entretenida tarde, hasta la tercera vez que se me fue la pelota al abismo. Cuando regresaba a mi nuevo universo, me esperaba nada más ni nada menos que el celador, ese personaje que te mira con la certeza de que tiene el poder, que hagas lo que hagas, en ningún momento harás que cambie de opinión. Entonces procedí a explicarle que ese día el muro estaba ocupado y tuve que inventarme dos nuevos juegos. Darle vueltas a la cancha de fútbol pegándole a una pelota de tenis con la raqueta, sin que se caiga, procurando avanzar en una dirección definida; y el segundo, este último, un nuevo universo para el Muro, el skatepark, juego que me explicó de manera muy clara porque cambiar el universo no implica necesariamente cambiar las reglas del juego, aunque es lógico que lleve a ello.

Lo cierto es que el celador, amparado en la sagrada ley que le dice para qué es cada espacio en el polideportivo, no le gustó de a mucho que estuviera jugando Muro en el skatepark y obviamente me pidió el favor, muy respetuosamente, que mejor no lo hiciera, pues muchos estaban mirando y estaba siendo un ejemplo de comportamiento desviado para la audiencia del polideportivo.

La moraleja puede ser que cuando el universo cambia lo hace en todo sentido, no solo donde necesitamos, o queremos, sino también donde no lo comprendemos y el skatepark es una metáfora de eso, de aceptar cuando el universo cambia. Estoy seguro de que acabo de descubrir un nuevo deporte, y es muy divertido. 

martes, 2 de junio de 2026

Scaling in

 Águila seis, Luna Cristal cuatro.

Son tantas las cosas que pasan por mi cabeza, que excuso hasta el tiempo y empiezo mis escritos con frases innecesarias, evadiendo la posibilidad de sintetizar mis sentimientos, pues explotan en mi interior. El tema electoral, la situación del Refous y mi idilio en Cogua.

No sé por dónde empezar.

Quizá diciendo que me duele cuando nos dejamos enfermar por la política, o preguntándome de que manera se están renovando los aires del Refous. Sea lo que sea, hay que mantener la tranquilidad y aceptar el destino que recorro: aprender, florecer, vivir, gozar. Hacer mi taller de impro, eso es lo que debe guiar el viaje.

Quizá con eso me pueda dar por bien servido. Pero me gustaría ayudar y creer que ese lugar que siento propio, esa historia llamada Refous, se va a salvar de la desaparición. No sé cómo ni qué en concreto pueda hacer, quizá jugar al Inspector Gadget y, de pronto, algo pasa y se endereza la cosa. No sé. Solo Dios sabe. 

Lo mismo podría decir del tema electoral: que pase lo que sea y decidir sobre ello. Yo seguiré haciendo mi trabajo. Me duele ver los chats y sentir los corazones coléricos, listos para hacer aquello que mi tío Weber nombraba como la usurpación del monopolio del uso de la violencia. La cual conjuro mantener alejada de mi corazón y de mi familia.

Pero es natural, diría el doctor Julio Moreno. En el universo todo es natural. Las cosas solo tienen sentido en el mundo de los humanos y su imaginación. Quizá. Tampoco estoy seguro.

En fin, seguiré escribiendo, dejando que la energía derrame la tinta y dibujos inentendibles. Si tiene que ser así, así será, y será divertido, provechoso, virtuoso y, como el calendario ecológico, abundante.

La mirada se pierde y el esfero se detiene. Parece que no quiere expandirse, sino más bien contraerse, semejando una escritura que se hace hacia adentro, scaling in, recogiendo lo ya dicho, acortando el curso del tiempo desde cero hacia atrás.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Lo que necesito

Se siente raro. Despertar todos los días y trabajar, pero no tener sueldo. Hay que hacer muchas cosas. Alistar a los niños, hacerles el desayuno, llevarlos a la ruta, responder a las reuniones del IPBES, escribir los artículos científicos a los cuales me comprometí. Trabajo todo el día, pero sin sueldo. No tengo entregas, no tengo fechas límites, no tengo informes que rellenar. Eso me hace sentir un poco bien. Pero me pregunto en este momento, ¿para dónde irá mi vida? ¿Qué rumbo tomará? Cuarenta y cinco años y haciéndome esta pregunta. Oportunidades laborales que no tomé, que no quise. Preferí esto, la incertidumbre. Un poco extraño, pero ya fue, ya lo decidí, ya lo estoy haciendo. Debo moverme, moverme más que si tuviera un trabajo, trabajar más que si tuviera un sueldo. Debo crear, ir a la acción, concretar, definir, surgir. Es lo que necesito.

miércoles, 22 de abril de 2026

Busqueda de sentido

El problema es el sentido, aplicado a lo existencial y también a lo banal o a lo cotidiano. Decía Libardo que nos convertimos en aceite de cocina cuando dejamos que las cosas se procesen por elementos que solo vienen a dejar la basura en el corazón y luego irse. Para mi vida debo ser ahora más atento a eso, a no permitir que vengan otros a dejarme su inmundicia sin siquiera hacerse cargo. Me decía también que el sufrimiento no es en sí malo, pues es gracias también a este que se produce una sana tensión que nos lleva de manera positiva, creativa y constructiva, que ese es el espíritu. Me hablaba de la sinceridad natural, de no ser sentimentalista porque eso bloquea la acción, lo que veo como un gran recurso para la vida. Deshacerme de lo que no es mío, eso interpreto. No llevar sino lo necesario. Libardo es Monteriano, su método es el palabreo o lo que yo conozco como la witnesiada. Mostraba que las palabras cargan otros ocultos. Ejemplo, “voy a descansar”: se está decretando que se está cansado. En cambio, hay que decir: “voy a reposar”.

sábado, 11 de abril de 2026

La Gran Fiesta

La fiesta perfecta. Primero que todo, aclaro que mis días del presente son más parecidos a un retiro espiritual, en el que interactúo de muchas maneras con mis hijitxs Tomás y Abril, pero que de vez en vez la búsqueda de avanzada me trae a vivir momentos diferentes, como una fiesta de preboda de mi prima Viki en Andrés Carne de Res de Cartagena.

Mucha cosa maja se sucedió anoche, agasajados los novios por un momento de éxtasis nocturno. Sucedió que en este lugar la música se pone a unos volúmenes de los cuales la gente familiar con la que me encontré y yo nos quejamos, o más bien no conectamos, por la estridencia del volumen. Válgame que fueron momentos extraños en los que unos familiares que no se ven desde hace décadas de repente se ven a los ojos y quieren hablar, pero no pueden porque la música suena a unos volúmenes en los que no se puede conversar. Toca gritar y fingir conversaciones que no pasan de los 45 segundos.

Me cuestiono fuertemente lo que concebimos como divertirse. No tengo nada en contra del éxtasis que produce soltar el cuerpo, el corazón y dilatar los juicios sociales que nos autoimponemos, y entrar en éxtasis con otros y otras. Buscar la existencia mediante el desatamiento de la mente y dejarse llevar por lo que la mente ya no pueda pensar. Eso es increíble. Como artista, soy más eso que un intérprete de la técnica: un canalizador de fuego y éxtasis kinésico.

Pero, en fin, todo esto solo para decir que la esencia de la fiesta es la conexión. Eso es lo que se celebra en la fiesta. Si hay conexión entre las personas, hay chance de celebrar desde la espontaneidad. Una música muy dura evita la conexión: no se pueden escuchar las palabras.

Me sorprende que en un lugar como ese, donde se espera un conocimiento más avanzado en las artes del divertir, no se tengan ciertas cosas claras. La gente se divierte porque siente que hace lo que quiere. Eso no solo se logra con meseros que exageran las maneras de lo que se considera como buena atención, sino también a través de la aplicación de principios universales de la naturaleza. La naturaleza de la fiesta es el ritual, ese mismo del que hablan cientos de antropólogos. Claude Lévi-Strauss y Johan Huizinga, quien lo denomina el “círculo mágico”.

Está de moda hablar mal de este restaurante tan afamado, pero yo lo que voy a hacer es ayudarlos a que descubran las mieles del éxito evitando la estridencia y promoviendo la conexión auténtica entre los hombres y las mujeres que se ven una noche de juergas, con ánimo de juerga, de pasarla bacano.

Bajarle a la música es dejar que las personas se tomen más en serio lo que hacen durante el movimiento del merengue, el perreo del reguetón y el poguito de saltar y saltar con el rock. Lo que sucede en la fiesta, por medio de esa expresividad espontánea, es la manifestación del gusto, lo que culturalmente la experiencia reproduce. La reproducción de la que habla el sociólogo y amigo imaginario Pierre Bourdieu.

Y bueno… aunque no parezcan mis artes más cercanas, la farra ha sido lo mío. No en cantidad, sino en calidad. La farra puede ser más divertida cuando no se está en contra de los principios de la naturaleza. Exagerar el volumen en una farra no ayuda a la farra; antes la apaga y manifiesta un sentido egoísta de lo que consideramos es divertirse. En fin, llamémosle a esto filosofía de la farra o alguna otra ciencia constitutiva de todo eso que llamamos vida, de lo cual la farra es y merece ser un punto de mayor importancia.

La fiesta es intergeneracional. Si eso se tiene claro, se ha hecho gran parte de la tarea. Hay jóvenes de 18, 25, de cuarenta y tantos, sesenta y tantos, setenta y tantos. Las fiestas de los jóvenes son pagadas por los papás y las mamás. Ese es un secreto que no se agota solo poniendo los éxitos de ayer y hoy y luego rematando con su majestad el reguetón. Hay algo más en esa intergeneracionalidad que la supuesta fiesta de Andrés no ve, no lo conoce, a pesar de que son expertos en eso: en que la gente conviva junta por un rato y se sienta bien acompañada.

Dejo claro, estimades leyentes, que no salí de un salón y solo le di una mirada fugaz a una terraza donde la gente parecía compartir, pero yo estaba no en Andrés como tal, sino en una preboda en Andrés; por lo tanto, si quería compartir con la gran familia, debía estar ahí.

martes, 31 de marzo de 2026

Pienso y no duermo

 4:16 a.m. No duermo, no he dormido. La mente piensa en ese documental que vi, muy perturbador, muy duro; en las palabras que escribí que hablan de morir. Pienso en las personas que me rodean, en mis desafecciones, en mis miedos y certezas. Pienso y no duermo.


¿Por qué será que pasa así? De vez en vez me quedo toda la noche, no salgo de la cama, hace frío. Todos duermen menos yo. Hasta el celador duerme mejor. Yo pienso y pienso. Huyo, pero no lo logro. Vuelvo al mismo punto. ¿Qué será esto? ¿Qué será lo otro? ¿Por qué para otros es cerrar los ojos y ya está, seguir durmiendo? Yo permanezco en vigilia.


Ni soy percibido ni acompañado. Soy un solitario. Quiero que nadie duerma porque yo no duermo. Quiero que todos se levanten, que salgan de sus camas, para que escuchen lo que pienso, aunque no lo digo, que sepan que mi mente vuelve siempre sobre lo que es y no es. Perder el tiempo, matarlo así, escribiendo. No hay nada más que hacer.


Se teme perturbar los sueños de quienes me rodean, interrumpir el sagrado dormir. ¿Por dónde será la cosa? ¿Cuál es la decisión que hay que tomar? ¿Cuál es el paso que hay que dar? Hay que parar de rumear y rumear. Algo debe suceder, la vida no puede ser esto, una vigilia sin sentido.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Emboding a story

Tierra 1. L. Autoexistente 15.   01.112012

I want to write differently from how I used to, because I feel myself going in circles, repeating the same narrow ideas again and again. That is not right. This writing has to embody a story, not drift into a realm of pure intellectualism. Each word should gain meaning by becoming true in everyday life.

I do not want to be someone who writes as a job or out of obligation—it feels like cheating. So, God, I ask you for light on this bright day. The weather is hot, yet my soul feels cold, simply searching for an energy that allows me to move forward through life.

It is 11:32 a.m., and I have barely left my room. For once, I do not want to spend the rest of the day sitting in front of a screen, wondering when I will begin to write. Life is not that.

Life is meant to be more active, more beautiful, and more constructive. How do we do it? Let’s do it.