Noche 9, luna lunar 2, 24.8.11
Escapo. Escapo de la silla, del escritorio, del computador. Escapo de la oficina, del pueblo, de la casa y de la cama. Escapo de todo… menos de mí mismo. ¿Cuál será la señal que me encuentra de verdad? ¿La enseñanza que no veo? ¿El chequeo que no paso? A esta modorra que me ha cogido quiero hacerle el quite. Volver a vivir, a creer, a ser útil. Dar algo a la vida. Salir de mis elucubraciones. ¿Dónde he dejado el servicio? ¿El deporte, la actividad, la concentración, la independencia, la creación? ¿A dónde se fueron los sueños? ¿El espíritu que se abre y se comparte con otros? ¿La ejecución, la fe? Claro… ya lo sé. El camino es la vida. No son signos impresos. Más importante es moverse por voluntad, esforzarse, vencer los miedos. No por orgullo, ni por demostrarle nada a otros —como a veces me pasa—, sino porque cada segundo importa. Cada segundo nos exige aprovecharlo: aprender, ayudar, crear aquí en la tierra. Con todas las fuerzas, soltar el control de todo, dejárselo a los espíritus. Sé que saben lo que yo no sé. Y así lo creo, porque no necesito verlo para agradecer.
He venido al barrancón no solo a trabajar en un proyecto, sino a trabajar por la vida: por otros, por mí, por el universo. A ver otra cosa. A sacudirme del sueño. A aprender a vivir como la primera vez.
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| Resguardo el Barrancon. Guaviare 2011 |
