4:16 a.m. No duermo, no he dormido. La mente piensa en ese documental que vi, muy perturbador, muy duro; en las palabras que escribí que hablan de morir. Pienso en las personas que me rodean, en mis desafecciones, en mis miedos y certezas. Pienso y no duermo.
¿Por qué será que pasa así? De vez en vez me quedo toda la noche, no salgo de la cama, hace frío. Todos duermen menos yo. Hasta el celador duerme mejor. Yo pienso y pienso. Huyo, pero no lo logro. Vuelvo al mismo punto. ¿Qué será esto? ¿Qué será lo otro? ¿Por qué para otros es cerrar los ojos y ya está, seguir durmiendo? Yo permanezco en vigilia.
Ni soy percibido ni acompañado. Soy un solitario. Quiero que nadie duerma porque yo no duermo. Quiero que todos se levanten, que salgan de sus camas, para que escuchen lo que pienso, aunque no lo digo, que sepan que mi mente vuelve siempre sobre lo que es y no es. Perder el tiempo, matarlo así, escribiendo. No hay nada más que hacer.
Se teme perturbar los sueños de quienes me rodean, interrumpir el sagrado dormir. ¿Por dónde será la cosa? ¿Cuál es la decisión que hay que tomar? ¿Cuál es el paso que hay que dar? Hay que parar de rumear y rumear. Algo debe suceder, la vida no puede ser esto, una vigilia sin sentido.