sábado, 14 de marzo de 2026

Hongo

Mano 5, luna entonada, 22.06.12.07

Del cuaderno de colores de las Australasias 

Con el rabo entre las piernas se dio inicio a la toma del hongo, que, sin rituales ni nada, prometía el encuentro frontal y crudo del ser con la energía creadora. Y todo fue dado, como tanto se debía vivir. Fue una noche de enfrentamientos difíciles.

Estábamos con Willy y Jasper. Encendimos una hoguera, armamos la carpa y luego ingerimos los hongos psicodélicos. Minutos después hicieron efecto.

Sentí que la ropa me estorbaba. Me la quité y salí corriendo. Corrí muy rápido, lo más rápido que he corrido en toda mi vida. Lejos, en una playa grande, sin gente, en Australia. Por un momento largo quedé desnudo, perdido en la playa, llorando y con miedo porque había perdido mi ropa. Pensé que iba a ser así de ahora en adelante, que nada cambiaría para la existencia de la tierra.

Caí en la arena tres veces, sintiendo la tibieza que me daba el suelo. Oí el crujir y los sonidos de la naturaleza. Sentí mi cuerpo atado a ella. Por momentos dejaba de sentir frío y aprendía que el frío es un invento de la cabeza. Pero este volvía y el miedo no se iba. Y mientras tanto, la carpa y mi ropa no aparecían.

Me di cuenta de que la vaina con la vida es sentirla y disfrutarla, y no llenarla de explicaciones mentales que solo oscurecen la belleza y ponen palabras donde no se necesitan.

Las cosas van y van bien para todos. Y así por momentos se sienta culillo no hay que hacerle caso; por el contrario, hay que contrarrestarlo con prácticas de tranquilidad como el trabajo o la meditación.

Aprendí que la mejor vida es la más simple. Es la que se hace todo por amor y no se espera nada. Aprendí también que debo ponerme al frente de un proyecto que se gestará si sigo el camino. Ahora lucubro irme para Latinoamérica y recorrerla de punta a punta con un grupo grande de artistas venidos de todo el mundo, entregando arte en cada pueblo, llevando un mensaje de libertad a cada alma.

Y ahí va la vaina, y va a todo viento. Y como mi escritura es creadora, partiré de ella para empezar a dar forma al recorrido más importante que se haya escuchado en tierras de Latinoamérica.

Partiremos desde México, exactamente desde el muro que el miedo ha construido para separar a los humanos. Como grandes lo destruiremos, y si la vaina está muy heavy, por lo menos pediremos a los cielos y a las estrellas que lo lleven abajo.

Y así iremos hacia el sur. Pasaremos por pueblos, ciudades y montañas, dando presentaciones y performances espontáneos cargados de esperanza y sugestiones para la conciencia, cumpliendo de tal manera la misión de dar alegría al deprimido y esperanza al amargado.

Será lo que la historia conocerá como la revolución del color y la alegría. Los libros de historia la comentarán como el suceso que llovió sobre las almas que algún día pensaron que el mundo era una cuna de miedos e injusticias.

No seremos gente que dé cuerda a politiquerías baratas, pero tratándose de tomar posición, la única bandera que se llevará será la de la legalización total de las drogas. Que todos puedan adquirirlas como cualquier producto, y así se les acabe el negocio a esos que se alimentan de la sangre de otros.

Nuestras armas serán flautas, guitarras, cantos, cuadernos y libros. Llegaremos a los niños, a los adultos y a los ancianos, siendo gratificados por la misma Pachamama, que recibirá por medio de nosotros el perdón y la cura que le debemos.

Será el momento cumbre de la expulsión atómica del fuego azaroso de un chistoso cuento que, sin nunca creerse cuento, terminó volviéndose el cuento del no-cuento.

Contaremos historias, cualquiera que sea, con la controversia necesaria para generar puntos de vista que desbloqueen las conversaciones más interesantes. Surgiremos desde un parecer distinto a juzgar las cosas del mundo. Y el performance vendrá, con la mera sensación de vivir dentro de una profecía andante, llena de aventuras y sabrosos vivires. 

Todos somos partes de este mismo cuento. Un cuento que la historia podría nombrar con cualquier fonema posible del lenguaje, pero que al final no es más que una fantasía hippie o una utopía comunista. 

Y mejor termino aquí.


El mercado espiritual

 Serpiente 9, luna autoexistente 28, 14.11.07

Del cuaderno de colores de las Australasias

Siguiendo el cuento de eso que se llama la observación empírica, ayer a una mujer le preguntaron por su sello solar en el calendario maya. Ella respondió que era serpiente, o algo así. Luego dejó ver su descontento con el sello, pues al parecer no quiere ser una serpiente.

Este pequeño episodio abre paso a los menesteres explicativos y comprensivos de eso que se llama la teoría. Nos cuenta algo sobre una especie de marketización de los creeres, o, dicho de otro modo, sobre la libre escogencia de las religiones.

Se dice que el mundo moderno ha llegado a un punto en que la espiritualidad se mira como en un supermercado, donde hay cristos, mayas, budas y hasta demonios. Y como se parte del principio económico de la maximización del beneficio, cada quien toma el que más le guste, guiado por principios que pueden llamarse racionales o simplemente caprichosos.

Ante dicha observación, y mirándola a través del lente de la destinología, se concluye que, como en todo aquello que se mira con los ojos de la libertad inculcada por la lógica del mercado, la espiritualidad se vuelve mercancía y se vacía de significado. Solo importa consumir antes que sentir y, en algunos casos, entender únicamente para controlar lo mismo por lo mismo, es decir, el mundo terrenal.

Detrás de tanta oferta y aparente racionalidad está la demanda. No hay mucho más que eso que se ha llamado el desencantamiento de la experiencia de vivir, de conocer y de respirar.

Se cree, entonces, que cualquier capricho religioso termina atentando contra lo innombrable mismo, imprimiéndole la misma lógica del marketing.

Apuntes del diario de campo en tiendas de Barranquilla

2006

Después de componer la canción de Alibabá y de una noche de porros, he llegado a Barranquilla, en un avión de Avianca, y a un hotel con cerradura electrónica. La empresa que contrató mis servicios se llama Yanhas. Estudian mercados y, al parecer, han entendido lo explotable que podría ser el ojo de un científico social: vender más, conocer la mente humana, descubrir la lógica absoluta del consumo o simplemente persuadir a partir de una mirada que analiza según conceptos que ella misma elabora.

Aún es para mí un misterio saber qué es lo que la empresa quiere de nosotros. Sin embargo, no es difícil descubrirlo en parte.

Llegada a la tienda

Llegamos a la tienda por medio de un señor taxista que Diana había conocido en una visita pasada. Lo contactamos y le pedimos el favor de ubicarnos de manera dispersa en las tiendas en las que íbamos a trabajar. Dejamos a Claudia, una niña consentida de las alturas cachacas. Luego llegamos al barrio La Victoria, donde Manuel me presentó.

Él estaba interesado en que algún conocido suyo se quedara con los bonos de Sodexo que ofrecíamos al tendero dispuesto a colaborar. Por eso nos llevó donde Germán y Ani, una pareja con un hijo y una hija que tienen una tienda desde hace muchos años. Viven en un barrio de casas sencillas, algunos balcones y arquitectura más o menos reciente. Las casas están pintadas de diferentes colores y en las horas de la tarde la gente se sienta al frente de sus casas. El señor no parece ser barranquillero; la señora sí lo es.

Lo primero que pasó en la tienda fue que la señora me preguntó si yo era gay. Inmediatamente todos se rieron y dijeron entender que todo el tiempo se 'mama gallo” entre la gente de la costa. Por razones familiares y vivenciales lo sé: se gasta mucha energía vacilando con el cuento de los gays y los maricas.

Hace un mes, en la Séptima en Bogotá, un barranquillero se ofreció a hacerme sexo oral, y siempre he intuido que el tema del homosexualismo en la costa es algo cotidiano. ¿Cómo lo tratan? ¿Por qué hablan tanto de eso? ¿Cuál es su sentido? ¿Dónde dejé el porro?

Una señora vestida de negro llega a la tienda. Me presentan con ella y siento que tiene interés en hablar conmigo. Me contó que Barranquilla es el mejor vividero de todos y que, a pesar del daño que le hizo el sicariato paisa, todo estaba muy bien en su barrio.

La tienda es atendida básicamente por la familia, y hay un señor que les ayuda. Esa tienda la tienen hace unos once años, porque antes la tenían en otro lado.

Hoy tendré la primera observación detallada en la cual me enfocaré en lo siguiente: mejorar la confianza mutua, hacer olvidar lo de los bonos, observar y escuchar el momento de la venta-compra en el barrio y en la tienda.

La tienda, como proveedor de bienes y servicios, maneja una racionalidad particular donde no sólo se lleva a cabo un intercambio desde el punto de vista puramente económico, sino que se inserta en una cierta lógica de la vida del barrio. ¿Qué otro tipo de intercambios se llevan a cabo?¿Cómo sostener la tienda como parte del sentido del barrio y ésta frente a la ciudad?

Don Germán tiene unos proveedores. A algunos les paga a crédito y a otros de contado. El crédito se lo da el granero, a quien le pide una gran diversidad de artículos. Los abarrotes, más exactamente, los señores del granero dan crédito y conocen a Don Germán, quien también da crédito a muchos vecinos.

Él los conoce, conoce sus oficios. Muchos son pensionados. Don Germán sabe cuándo les han pagado y cuándo no. Usa metáforas como: si viene a pie, no le han pagado; si viene en carro, ya le pagaron.

Don Germán es barranquillero, pero de familia santandereana. El elemento identitario se hace bastante evidente y consciente dentro de la mentalidad de los barranquilleros. Las tiendas son de los santandereanos, los paisas le dan al comercio y los rolos a las empresas. Eso dice Don Germán.

Hablé con Elodia, una señora de unos 60 años, recién llegada al barrio, de padres antioqueños y santandereanos. Ella comparaba algo muy interesante con Venezuela. Allá una botella cuesta un bolo y cuesta lo mismo en todas las tiendas, sin importar el estrato del barrio. Acá cuesta más o menos dependiendo del estrato.

Luego me di una vuelta por el barrio. Encontré gran cantidad de reuniones en las esquinas: jóvenes al frente de las casas jugando cartas.

Aún no he podido entrar a la casa. Debo ser paciente y consistente hasta que ellos me inviten. No quiero ser impertinente ni causar demasiada conmoción en la vida de la familia y en las dinámicas de la tienda.

La economía del menudeo es la más habitual en el manejo de las tiendas. No se venden productos en grandes volúmenes, únicamente para Navidad. Germán pide algunos productos en volúmenes grandes, pero de resto se venden en pequeñas porciones. Algunos productos ya vienen embolsados en presentaciones pequeñas; otros los embolsa el propio Germán, como el aceite.


¿Quién siente más calor?

¿Una persona que sale de su casa con aire acondicionado, se monta en un carro con aire acondicionado, se baja y entra a un cajero con aire acondicionado, llega a un supermercado con aire acondicionado, juega squash con aire acondicionado y luego va al gimnasio con aire acondicionado?

¿O una persona que duerme bajo un abanico, va al trabajo en bus público y atiende el mostrador de una tienda en un barrio comercial del centro donde el calor humano se mezcla con los rayos incandescentes del sol?

¿Quién?

Yo creo que el primero.

Pero eso aquí no importa tanto. Lo importante es que los artefactos inventados para subvertir la temperatura se convierten en indicadores culturales de cómo se experimenta el calor en un territorio específico como Barranquilla. Se pueden observar los artefactos y sus posiciones dentro de los lugares.

Luego de la racionalidad temperatural, ¿qué hay en lo consciente o en lo inconsciente? ¿Cuál es su relación estereotípica con el lugar, los colores, la experiencia del calor y la identidad respecto al territorio?


viernes, 13 de marzo de 2026

El huevito Maya

(2014)


Antes de decir

a dónde voy a ir, 

una pista, un vestigio, 

por lo menos un litigio. 


No es casualidad, 

sino complejidad, 

que suene este huevito

y no calle ni un ratito. 


Y siendo que se va

a ganar la libertad, 

de pronto a denunciar 

y nunca a renunciar. 


Que haga honor a la canción

con un número de clown,

y a la hora de cenar 

verduritas cocinar. 


No sé si ya se sabe

a quién es este rap, 

y para que se entienda,

la vemos que se avienta. 


Para terminar,

no vamos a timar. 

No es metodología 

ni mentirología,

 

Es mayalogía y piedraología. 


¡Uff! es para Maya, el huevito es para Maya.

Volver a Nepal

Más raro que ir a Nepal es volver. Estoy en Doha después de una semana de recuerdos; es extraño, cada olor y paisaje que veía me produjo un "mmm, esto ya lo había sentido". Quizá en mi anterior vida fui nepalí; una tierra lejana de mi querida Colombia, pero que ahora siento algo familiar.

Estar en Nepal es entrar a un mundo muy diferente; su gente es una mezcla de diversidades budistas, hinduistas, musulmanas y quién sabe cuánta cultura más ha pasado por esas tierras. Se ve en su gente. Muchas preguntas. No puedo evitar pensar sobre la forma de vida. Las comunidades Tharu se mantienen bien, con su estilo de vida tradicional adaptándose a una modernidad con calma y estrategia.

Kathmandu es otra cosa. La bacanería y sentido pacífico de sus gentes contrasta con un tráfico aunque no violento, si empuja la línea del riesgo a unos malabares de última hora que evitan choques y atropellos. Vi nuevamente a Anup, que es la persona que me recibió hace un año en Baseri Farm. Me quedé en su casa con su familia, me celebraron el Día del Padre y tomamos un whisky tradicional.

Estos viajes de los últimos años se han venido de repente y ahora hago algo que no conocí sino hasta mis 27 años, cuando viajé a Australia. Y me tocó, "La misión planetaria, la transformación de la conciencia" diria Betty, el trabajo con seres que, por cosas de la vida, compartimos la misión de proyectar, imaginar y soñar el mundo por venir.

Vaya tarea, se puede revelar el misterio del camino planetario, que ahora parece moverse, si no por capricho, al menos sí al ritmo de una banda que no repite pero rima. Como ese dicho famoso que dice que la historia no se repite pero rima.

A veces soy escéptico y pienso que esos trabajos que hacemos en IPBES no son más que bellas y concienzudas hojas de ruta que rara vez se ponen en práctica de manera decidida. Pero qué va, eso no me detiene; aún las propiedades ulteriores del pensamiento quizá tengan una oportunidad sobre la tierra.

Quién sabe cómo sea, pero sea lo que sea que venga, bueno y divertido; que sigan los viajes y buenas oportunidades para compartir algo de lo que pueda. Para darle contenido a la trama de la historia que ahora tiene a Nepal como un lugar que recuerdo, que me despierta una memoria anterior a la memoria.

Mientras espero el próximo vuelo en Doha, veo a la ventana y agradezco el aire acondicionado, afuera es un literal horno. La vida por estos lados, para que sea posible, hay que artificializarla radicalmente; construir un lujo que quién sabe hasta cuándo se podrá sostener, su matriz energética son toneladas de gasolina, no se si en los planes del IPBEs este la posibilidad de rediseñar el mundo. Por ahora jugando, pero quien sabe si realmente algún dia si nos roque rehacerlo todo.

Espíritu del bufeo

Estrella 7 L planetaria 10.   2017

Despertar. Es mediodía, pero no hay un despertar. Pasan las horas, llega el sol, viene la lluvia y el despertar espera que quien quiera despertar despierte, e imponga su voluntad sobre las distracciones del mundo. 

Busco la concentración, la calma y la claridad de pensar. Navego por un sentimiento interior que me abunda desde semanas, que desvela y como un niño ve: todo es nuevo.

Así me siento hoy, he estado comprimido todo el día. Busco la sanación, busco el perdón, ser quien soy, quien actúa con sabiduría y no con torpeza. 

¿Qué es la vida? ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo lidiar con el soponcio que produce un jasopa incontrolado, con las pérdidas deliberadas de energía? Con el espíritu del bufeo que anda por ahí, sexy, como dice doña Albita.

Encuentros dignos del noveno cielo

2017

Salir con un walkman al patio de la casa de Chía, donde comenzó la vida de mi terrenal historia. En ese mismo patio que me vio jugar fútbol, hacer guerra de pepas de mirto con mi hermano, ver las estrellas con Carola Avellaneda, jugando a las escondidas en horas de la noche, fumando un cigarro o tomándonos un roncito con los Murcia, Mario, Mateo y las muchos que pasaron por ahí. El primo Pipe, Juan Pablo, Elías, David, Lucas Pérez y hasta Willy. Lo que se recuerda y lo que se vive, eso es la vida. ¿O qué más puede ser? Una esperanza que brota, una mirada que se cruza, una eternidad que lo envuelve y un instantáneo final. Y así pasa cuando se sale a caminar. ¿Cuántas miradas pasan? Paraísos encontrados, recetas que no se acuerdan, como si todo esto no fuese más que un teatro de actores, que vivimos cosas. Y cada relación, eterna o efímera, es una historia completa. Así se pasan las cosas en el Parque Orellana de Leticia, en el mismo que frecuentan personas de todas las edades, en toda clase de vídeos. 

No olvido que la mano es la que mejor escribe, no duda mientras cierne palabras sobre el papel, dejando únicamente fonemas que pasan a la dimensión literaria de lo que vivimos. Ese fascinante mundo que hacen las ideas, que se transmiten y conocen, las historias que se recuerdan, los sucesos que más risa nos producen, como la historia de la remolacha en el libro de inglés. 

No me olvido de nadie, de todo amigo que me ha acompañado, de sus nombres, pensamientos, cuentos y sobre todo chistes. Eso es lo que más recuerdo, las florentinadas, las pelmazadas o las poesías que inspiró la luna de Chía. Los hilos de luces que llegan por la luz que refleja, el morado y azul que expande el universo y la página a la que transportan sus estrellas. 

Vuelvo a la concentración, no la dejo ir. Así parezca de repente que el hilo del cuento se ha perdido. Retomo, inhalo, exhalo, inhalo y escribo, acaricio el corazón, lo abro desde adentro. Que mi mente no haga lo que le corresponde el corazón. Sigue el sendero que has enseñado. Llama a la magia, enciende la llama, deja que las palabras transporten mis sueños a lugares increíbles, que se haga un largo y sustancioso trasegar por los países del mundo. Allano el camino y así lo recibo, ya el pico del trompo está puesto. Ahora hay que disfrutar del aire que hace remolinos y sucesos, viajes de aventura y encuentros dignos del noveno cielo.

Language matrix

 Luna 2    18.09.07

Even English seems to escape from my mind. I know that my memory will never remember this moment in any language other than Spanish. Perhaps the next adventure will be recorded in English, but for now the meetings and the new knowledge come from the Spanish matrix, which remains the background through which I understand the world.

Although the work does not always allow the natural fluency of relationships, the truth of my destiny is here for now. Tomorrow it may be different, or perhaps it will be the same choice again.

Even if the interaction did not begin in the most natural atmosphere, I feel that it would be good to break the silent wall that appears when work becomes the only rule of the game. Maybe sharing a mate and exchanging a few words could open another space between us—something more human.

I feel that each person here is living life at its edge, trying to move forward on their own. Everyone, in their own way, seems to be searching for a real moment, a natural one.

What if we changed positions for a moment and broke the roles we usually play? If we allowed enough time for things to flow, even in the middle of this world ruled by money and schedules.

That is what I feel now.

If I am right, good.

If not, that is also fine.

I simply acknowledge the feeling.

Becoming a sailor

2007

Becoming a sailor is not simply getting on a boat and going to sea.

Many things come before that—like knowing how to repair the boat.

During the last three days I have been in the boatyard with my friend Mowgli, the owner of the boat. We have worked very hard. First, the workers at the yard lifted the boat out of the sea with a crane. It was an exact and precise operation. I had never seen how a boat could be taken out of the water like that. Even though ours is a small boat, I still wonder how they manage to lift the really big ones.

Once the boat was on land, we started working. The first task was cleaning the organic material that had grown on the hull. It felt like the world itself was teaching me how a journey begins: by working on the boat, by preparing it with patience.

While writing this, I paused. In that moment I felt like an eagle looking through a window that opens onto the universe, letting something speak through me. There is nothing more to do than create with the soul of nature and the imagination that comes from God.

The soul of a sailor is always changing, always searching—for adventures, for lovers, for friends. It seems that everything I have lived so far has been preparing me, teaching me the real tools needed to survive in the world. Perhaps the most important lesson is simply understanding that travel is one of the deepest human dreams.

We must accept both the power and the limits of being human.

There is a myth that life does not really belong to us. Perhaps what moves us is an illusion—the illusion of the journey, the illusion of distant lands. That illusion has taken hold of me more strongly than ever before. I only need to follow that truth inside me. Sometimes an illusion, if followed with enough faith, can become reality.

Once in my life I was very close to beginning a great journey. But it was not the right moment then. I had to wait six more years before going overseas. And even now, while preparing this boat, I feel that I am simply moving toward the next station on the path.

Watching these men work so hard reminds me how important it is to develop many skills—skills that can sustain any kind of work during the voyage.

Honestly, my job is not difficult. I do not want much. I do not want money. I only have my body and my soul to give in every moment of my life.

Recycle, reuse, conserve, and share energy—this is the way to synchronize the rhythm of my heart with the rhythm of nature. Ecological cycles never produce more energy than necessary. If I follow these principles, I believe I can reach my goals with fewer obstacles.

Now I rest after the sun beside the hull. I do not know when my boat will return to the sea, nor even if this will be the boat that carries me. But I am certain of one thing: one day I will cross the ocean on a boat.

That is my destiny.

To live fully, breathing the air of the present and turning every action into truth. When the right wind comes, I will be ready to sail. My bag will be packed, and I will depart.

And perhaps, somewhere along the way, someone will appear who lifts my spirit even higher, and the mission of life will begin again in a new form.

Squeezes of chemical dust fly around me, and smells from the other boats drift into my nose. It feels like a strange atmosphere taking over the whole place. It could be the state or the economic system that shapes these conditions—but it is not really that. It was my own will. I accepted the work on this boat as part of a test in life.

These kinds of efforts—these emissions of energy that prepare the conditions for a good harvest—cannot be just a trick, a joke, or a simple strategy to reach a goal. When I look at it this way, it feels as if I am simply opening the screen of my vision and letting my thoughts travel to the stars.

Now I try to change the clumsy sounds that appear in my writing. Words without expectation are not a problem of knowledge. Everyone must feel their own path through explanations, settings, strategies, and the daily exchange of roles. Life itself becomes a sequence of daring stations that began long before we were born.

Perhaps the first script was written by the first humans—Adam and Eve—or perhaps it was shaped through the long evolution that brought us here. Escaping from this reality is not a smart option. There is too much in the world that never tells the truth, too much that people accept even when they know it is nonsense.

Following my own route, I see how the drawing of my life has slowly been made. Somewhere along the way a wise woman crossed my path and opened doors to adventures that appeared one after another.

When my boat is in trouble, the best thing to do is to lower the sails and turn off the engine, letting it drift freely until the sea itself shows the way. My boat is not in trouble—not even in a hurricane—because even the most difficult moment can become a light that shows the right direction.

This time the journey could not happen. But I am sure that another opportunity will come soon. My dream of becoming a sailor will have its time.

When I think about navigating, I realize it means leaving behind many things I love—my life tied to places and people. But if I can complete the first mission on this boat, the second step will be close.

Sueños en pandemia

 Tierra 6.    L. Solar 15.     21.3.21

El sol calienta los pies. Hoy termina el verano y nos preparamos para el frío. Fue un verano lindo, el primero de Abril, mi hija. Anoche tuve sueños, en todos estaba yo llegando de un viaje. Encontraba a mi papá, mi mamá, mi hermano y Teo, viviendo en un lugar con más gente, compartiendo cuartos y camas. Era como un lugar de paso, por el cual yo pasaba, pero del que me iba a ir. En otro sueño llegaba a un salón del colegio Refous a recoger unas cosas que habían dejado. Abría un pupitre y estaba lleno de agua con hielo, hielo que yo mismo había dejado y no se descongelaba. Buscaba mi pupitre, el de tapa con azules, lijado, imperfecto y como en obra, no lo encontraba. Siento vientos de cambio, siento que algo adentro mío se ha de transformar, que hay que rugir con fuerza y sin miedo, porque del miedo propio y el del mundo estoy mamado. El modus pandemia se ha apoderado de todo, cuarentena, toque de queda, mascarillas, todo cerrado, militares en la calle, estadísticas que nos dicen que la gente se muere, como si nunca antes se hubiese muerto alguien. Y la gente lo acepta, como si no pudiese haber otra alternativa. Es extraño, todos sucumben, como si fuera necesario que un miedo global ahora nos gobierne.

Solo en el escenario

 Mano 8    L Solar 5.            11.03.21

¿Cómo pretender que suceda la magia si no se conjura? ¿Cómo esperar lo inesperado si no se rompe la comodidad de la comodidad? ¿Cómo darle sentido al presente en condiciones que, al parecer, no favorecen la interacción entre cuerpos? En este punto de la vida me encuentro, tratando de no perder lo que solté muchas veces, dándome cuenta que tengo cuarenta años y que mi obra debe corresponder a esos cuarenta soles. Traté de revivir la impro, traté de existir en escenarios al aire libre donde circula gente que usa mascarilla. Pretendí derrotar a la letokquitis con los camaradas de la impro, pero una extraña agonía se apoderó de la escena. De mi parte, mantengo el corazón abierto y la disposición a hacerlo, pero ya no podré ser yo quien pretenda convocar a los otros. Más bien, me gustaría pasar esa hoja y que algo sorpresivo sea capaz de forjar. Abandono el arte, la ciencia y la espiritualidad y me traigo a mí mismo, confronto mis creencias y saberes, las quemo en el fuego y me obligo a ponerme las pilas. A intentar algo solo, a seguir la guía de la noche que me dice que solo hay que serlo, que no hay nadie al lado en el escenario, que todos se han ido, han emprendido su propio camino.  

Querido Dios

Querido Dios, hasta ahora he sido un mal ser humano. Todo lo que hago, todo lo que pienso, no me ha llevado a nada. He sido egoísta, mentiroso, ladrón, mañoso, vicioso. He incumplido todos y cada uno de los principios divinos y de buena convivencia. Doy pésimos consejos, mal amigo, mal familiar. Realmente hasta ahora el camino ha sido solo equivocaciones, intencionales o no, ¿qué importa? Todo va por donde no debería ir. Y te lo digo así, Dios, no para que me tengas lástima y cambies mi suerte por arte de magia. Tampoco para que me perdones, porque sé que ya me perdonaste. Y aquí va lo peor. He recibido tus dones, sabiduría, amor. ¿Y qué he hecho con ellos? Nada bueno, nada que valga la pena. Es duro conmigo mismo, pero es la verdad. No más autoconsentimiento, no más mentiras del estilo, te prometo, ahora sí, ¡qué va! Nada de eso vale en esta posición privilegiada que hasta ahora he desaprovechado. ¿Qué más me queda por hacer? No sé. Pues todo lo que intento sé que da en eso, en intento, en lo espiritual y terrenal. Solo queda morir, solo queda tener claro que es la muerte lo que me va a liberar. Y no me refiero a suicidio, ni a solo esperar la muerte y no hacer nada. Es que estoy mamado de creer que lo que hago debe tener un alto propósito moral, cuando lo cierto es que ni siquiera lo hago. ¿Qué me queda, Dios? Me queda el amor, pero es que no comprendo el amor, o más bien si lo siento, cuando estoy con Abril, con Tomás, con Paulis. ¿Porque no es suficiente? ¿qué espero acaso? Estoy mamado de mí mismo. No quiero seguir siendo el mismo. Todo me ha llevado a la conclusión de que no he entendido nada, ni el amor, ni el trabajo, ni matemáticas, ni a peinarme. Solo veo falsas expectativas. Las cuales las quemo en las llamas de estas letras. Un grito de liberación, de no estar enfermo, de alejar el mal pensamiento y ver las cosas por su nombre. Tiene razón Paulis cuando me dice que soy hermético, es porque estoy podrido por dentro. Mi corazón, mi estómago, mi cabeza, solo guardan y guardan, solo se esconden de las responsabilidades. ¿Qué es lo que hay que hacer en esta vida? ¿Qué debo hacer yo? ¿Qué me corresponde? Te pido ayuda, Dios. Al menos no puedo dejar que mi familia naufrague. Conjuro tu luz, conjuro tu palabra.

jueves, 19 de febrero de 2026

El Colonizado

Llevado por las imaginerías de la cultura, me encuentro feliz, por fin, de visitar Londres. Londres, capital del imperio, que desde el siglo XVI expandió su poder hasta procrear a su hijo menor: los Estados Unidos. Bueno, si ha de suceder, que suceda por las fuerzas celestiales y que así lo dispongan.

Se me llena la imaginación de referentes interminables: música, rock, fútbol, literatura… esa cultura que tanto me influencia, lo anglo. De pequeño era más francés; pero desde que viajé a Australia me torné anglófilo. Mi idioma es el coloniañol: hablo el castellano o español colombiano y que fue inventado en España, el inglés heredado de una colonia inglesa como Australia, y el francés aprendido de Haití. Por donde se le mire, soy un colonizado.

Mi profesor de francés en el colegio era haitiano: Jacques Laurent, o más bien, Monsieur Jacques. Gracias a él no abandoné las aulas del Refouss pues no permitió que me echaran en 1993. El Refous era severo, estricto, implacable. Allí se respetaba la autoridad, y quizá por eso resultaba más tentador desobedecerla. O al menos jugar a hacerlo: irnos off the track hacia la montaña con Camila, a la cooperativa con Federico, a jugar billar con Mario, a la trifulca del partido, o simplemente parchar con las Ñañas. Todo siendo del gusto del colonizado, a quien por supuesto le satisface la idea de tener una nueva aventura colonial cada dia.

En los partidos con Andrés Murcia imaginábamos una jugada llamada england. Esta consistía en que yo desde la defensa, recupero un balon, levanto mi mano derecha señalando el cielo azul y lanzo un pase profundo hacia adelante, el cual Andy recibía con pique hacia adelante, y luego definiendo con elegancia inglesa el gol de la victoria. Nunca sucedió, pero si lo intentamos dos o tres veces. Le hice la señal con el dedo indice, mostrando la letra I, de ingland, esa era la jugada England.

Todos estos pensamientos se me vienen a la cabeza a dia y medio de emprender un viaje al lugar donde me colonizaron el gusto musical por el rock en inglés. No esta mal la colonizada, me gusta mucho New Order, The Smiths, los Rolling y los Beatles. Como será la vida en ese lugar vamos a ver. Me voy para Colonia y estoy feliz. Soy un colonizado definitivamente.

jueves, 5 de febrero de 2026

La vida se hace a punta de catetos

Viento magnético.  Luna electrica 8  2008

Todo triángulo tiene un comienzo y un fin. Para ser triángulo, sus ángulos deben sumar ciento ochenta grados. Todos los triángulos tienen tres lados, y solo el triángulo equilátero los tiene iguales. Los demás poseen dos catetos y una hipotenusa. La suma de las longitudes de los dos catetos siempre será mayor que la de la hipotenusa. El camino por los catetos es el más largo.

Es como la vida de todo ser viviente, que nace y muere, pero que después de nacer y antes de morir, vive. La vida se hace a punta de catetos.

Un triángulo equilátero es la perfecta armonía entre el principio, la vida y el fin. Es perfecto porque el camino no es corto ni largo. La distancia entre el uno y el tres es la misma que entre el uno y el dos, y entre el dos y el tres. La vida es nacimiento y muerte.



Ese dia

(2008)

Siendo que nada es nada y que el contenido prima sobre la forma, he caminado el mundo al revés. Recuerdo que todos, excepto yo, caminaban al revés, que dizque de frente. Cuando se hace, es de espaldas. Y además, charlando. Se veía a nuestro paso el dibujo incansable del tiempo, una perspectiva que recordaba sin haber conocido, como llegados de por vida a la memoria y a los hilos conductores de la historia. Así se siente caminar de frente, encuentro de locos y almas alegres. Se hinchan los ojos y se arruga la frente, mostrando sonriente lo blanco del diente. El recuerdo no dejó la escritura suficiente para contener, en deleite y gratitud, la sabrosudez de nuestros días. Ella sentía y a besos la cogía, pues era el amor lo que nos sorprendió ese día.

Filosofia de la soledad

(2001)

Me dijeron que era el mundo, luego me enseñaron que era un mundo. Después la televisión me aclaró que este mundo no era un mundo solo, ni el mundo estaba solo. Como fuese, este o ese tenía un nombre: la tierra. La tierra es todo ese polvo que se desprende por el viento y automáticamente todo ese polvo vuelve a formar la tierra nuevamente. La tierra son todas las montañas que respiran o erosionan, no importa, ellas son toda la tierra. La tierra tiene animales, o los animales tienen a la tierra?. En este escrito vamos por la primera. Los animales crecen, mueren, comen, duermen y luchan aquí, en la tierra, donde se mueven y dejan huellas. Así que la tierra no es la misma, una pisada no se hace dos veces, siempre será diferente el que pisa, adonde pisa y su paso por el tiempo. La tierra fluye. No hay lo único, todo puede ser un reflejo, un espejismo, una ilusión de una creación, un espacio vacío o lleno, finito o infinito, pero con toda su identicidad de puntos. Un punto no puede forjar una conformación en un estado de soledad, podría serlo aislado, ya que estar solo o estar aislado incluye una gran diferencia. La soledad no surge, tampoco termina, es un estado perpetuo, pero no de verdad. No es una esencia, es una abstracción imaginaria e inconcebible. La soledad no acepta identidades de puntos o cuerpos, porque nada que pueda ser definido puede decirse en estado de soledad. El aislacionismo puede entenderse no como la transformación por medio de un isomorfismo de una esfera a otra de la soledad. Comparar la soledad con el aislacionismo es como comparar lo desconocido con lo no desconocido. Estar aislado es separarse de algo, un cuerpo, un conjunto, un segmento, pero atención, aislar no es sustraer, es intuir la presencia de una unidad por medio de un sistema. Si tenemos, por ejemplo, un segmento cerrado, podemos intuir la presencia de un punto por medio de una intersección de otro elemento del conjunto. De esta forma, es como aislamos en X conjunto. Para aislar hay que socializar, establecer reglas, patrones de deformación y lo más importante, comparaciones.