viernes, 13 de marzo de 2026

Encuentros dignos del noveno cielo

2017

Salir con un walkman al patio de la casa de Chía, donde comenzó la vida de mi terrenal historia. En ese mismo patio que me vio jugar fútbol, hacer guerra de pepas de mirto con mi hermano, ver las estrellas con Carola Avellaneda, jugando a las escondidas en horas de la noche, fumando un cigarro o tomándonos un roncito con los Murcia, Mario, Mateo y las muchos que pasaron por ahí. El primo Pipe, Juan Pablo, Elías, David, Lucas Pérez y hasta Willy. Lo que se recuerda y lo que se vive, eso es la vida. ¿O qué más puede ser? Una esperanza que brota, una mirada que se cruza, una eternidad que lo envuelve y un instantáneo final. Y así pasa cuando se sale a caminar. ¿Cuántas miradas pasan? Paraísos encontrados, recetas que no se acuerdan, como si todo esto no fuese más que un teatro de actores, que vivimos cosas. Y cada relación, eterna o efímera, es una historia completa. Así se pasan las cosas en el Parque Orellana de Leticia, en el mismo que frecuentan personas de todas las edades, en toda clase de vídeos. 

No olvido que la mano es la que mejor escribe, no duda mientras cierne palabras sobre el papel, dejando únicamente fonemas que pasan a la dimensión literaria de lo que vivimos. Ese fascinante mundo que hacen las ideas, que se transmiten y conocen, las historias que se recuerdan, los sucesos que más risa nos producen, como la historia de la remolacha en el libro de inglés. 

No me olvido de nadie, de todo amigo que me ha acompañado, de sus nombres, pensamientos, cuentos y sobre todo chistes. Eso es lo que más recuerdo, las florentinadas, las pelmazadas o las poesías que inspiró la luna de Chía. Los hilos de luces que llegan por la luz que refleja, el morado y azul que expande el universo y la página a la que transportan sus estrellas. 

Vuelvo a la concentración, no la dejo ir. Así parezca de repente que el hilo del cuento se ha perdido. Retomo, inhalo, exhalo, inhalo y escribo, acaricio el corazón, lo abro desde adentro. Que mi mente no haga lo que le corresponde el corazón. Sigue el sendero que has enseñado. Llama a la magia, enciende la llama, deja que las palabras transporten mis sueños a lugares increíbles, que se haga un largo y sustancioso trasegar por los países del mundo. Allano el camino y así lo recibo, ya el pico del trompo está puesto. Ahora hay que disfrutar del aire que hace remolinos y sucesos, viajes de aventura y encuentros dignos del noveno cielo.

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