Espejo 10 – Luna Cristal. 10.06.2009
Y mientras me disfruto este delicioso mojicón, vamos a darle paso a las corrientes del pensamiento recochológico. Sin asumir fundamentalismos, podemos decir que cuando todo es color de hormiga es porque hay hormigas alrededor. O, lo que es lo mismo, si un pez se ahoga es porque lo sacaron del agua, nada más.
Pues bien, en asuntos del amor entre bichos humanos, sucede que las cosas a veces se confunden y se terminan mezclando hombres y mujeres que, en los albores de alguna moral, no tenían por qué hacerlo. Y entonces todo se siente como que no se sabe para dónde va. Se oyen viejos comentarios y retumban vocecillas que juzgan y no juzgan.
Cuando la mente está en recocha y se le pierde ese caminito, es mejor visitar a una amiga que, en su menesterosa labor, muestra la sabiduría que deja con sus manos. Por eso hoy estoy con Camila, porque ella sabe hacer sus figuras con cerámica y le dice a mis oídos todo lo que yo no quiero oír.
En el juego loco de la destinología hay que estar listos para los partidos, que así no se dejen jugar muy facilito hay que ponerles el pecho. En este cuento del fin que nunca les narré, encontré que mis ojos aún pueden ser ciegos, sentí que mi corazón se puede cerrar y que la mente puede juzgar.
En esta parte de la historia, de la cual poco les he contado, yo salí trasquilado y debo irme una vez más. Muchas enseñanzas y cosas buenas sucedieron, la hipótesis nula apareció y entonces el estómago dolió.
Solo de algo estoy seguro: ni de las letras me debo yo fiar. Más bien, humilde debo ser, pues la cosa es simple, y nada más, que dejarla ser
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