sábado, 2 de marzo de 2024

What we call death is also life

2010

I just spoke with Ceballos. He told me that his father has been attacked by a kind of gangrene in the stomach. Whatever happens, what we call death is also life. It's not a death that wants to scare you; it's a purification road. It's the eternal love of God manifesting in ourselves. I pray to God for the resting and enlightened souls of Calu and Hernan. Follow the light; forgiveness is eternal, and so is God.

Why worry about this or that? Any situation that occurs is walking on the path of truth. That's why we have to be thankful and let love, charity, kindness, and goodness shine brightly above all.

Hay mi patria

2008

Muchas palabras se escuchan, pero solo las simples permanecen. Qué difícil es decir cosas bonitas, qué fácil es maldecirlo todo. También se puede comentar sin mucho afectar, y eso también puede ser hermoso. Pero eso de insultar solo por insultar, eso tiene poco valor. En esta tierra, una extraña violencia nos arropa; a unos los conmueve, a otros los alienta. Lo cierto es que el fuego, que no sabe hacia dónde dirigirse, prende el noticiero y escucha lo que pasa. Niños, hombres y mujeres, nadie escapa de una pasión confundida con marcas de cerveza y fiestas para estúpidos.

Así es esta tierra bonita, o perdón, así es la gente de esta tierra. Al planeta solo le pusieron tierra repartida en forma de extensiones rodeadas de mar. No sé cómo llegó a ser esta especie, que se deslumbra con poco y agradece no morir en manos de su prójimo. Lo más chistoso es que se persignan como si estuvieran recorriendo un camino sagrado donde el sufrimiento habita y la esperanza no es más que un concepto del intelecto. Por eso creo que cantar y desafiar esas finas e invisibles huellas del rencor es una posible salida que erradique la envidia de aquí.

Un pueblo chico también alberga violencia pequeña, pero suficiente para cambiar el rumbo de una calle por otra quizás menos peligrosa, o por lo menos, más iluminada. Ahí está mi patria querida, cómo me das dolores de cabeza y no se diga de ese espasmo que produce sentir las bocas de tus habitantes hablar. Me pone nervioso existir, me da miedo contradecir. Aquí todo es tiranía de algún vivo que enreda con la lengua al otro. Y qué más da contar todo lo que siento aquí, si ni siquiera salgo de las murallas escondidas de la tierra más bendita del planeta, el Reino de Cucunubá

El Noticiero

2008

Un nuevo intento por escribir ante esa voz que susurra allá detrás de mí, donde está la puerta que lleva al cuarto de mis padres, de donde salen esas voces del infierno llamadas "El Noticiero". Por dónde empezar para explicar por qué nunca veo ese programa. La primera razón que se me ocurre es que sus presentadores son los peores actores del mundo, hacen ver cómico un asesinato y trágico un reinado. Aunque, pensándolo bien, esas son cualidades de una muy buena actuación. Estos noticieros son bastante patéticos porque, además de contar historias inventadas, les ponen un tonito de verdad perfecto para asustar a los incautos y hacer interactuar al televidente, quien ve lo mismo desde que nació. Realmente, nada cambia, tan solo la fecha.

No soporto el Noticiero. Aquí se le da tanta importancia que cualquier intento de cordura suena a locura y hasta me confunde el seso. Así que pongamos algo más amable en el aire tibio de este día, ¿qué tal un poco de Dire Straits? Mientras tanto, sigo llenando líneas sin sentido en una tarde que parece haber nacido atada a la pérdida consciente de eso conocido como tiempo, el mismo tiempo que no existe. Dicen por ahí que también se pierde, o al menos se llena con noticias importantísimas como que Maradona es ahora técnico de la selección argentina.

Intento huir del humo del cigarrillo para encontrar la línea de una escritura que parece haber nacido perdida desde el inicio, una escritura inerte, buena para nada más que para perder el tiempo diciéndole al PC todo lo raro que se siente no pertenecer a este lugar. Una vez más, elevo un grito al cielo que dice "libertad, libertad".

Ayer abrí un cuaderno viejo con algunos poemas y mediocres escritos existenciales. Lo único rescatable que encontré al final estaba compuesto de dos columnas. En la primera decía "Dios" y en las otras dos decía "Verdadero, Libre, Justo, Creativo". Cuatro cualidades para rescatar en este ejercicio alquímico en este video llamado la vida, el cual a veces confieso que no entiendo y me da pereza superar. Menos mal siempre hay un lápiz o un teclado que, con confianza, llena el tiempo de algo que no es nada, hasta que finalmente me levanto y decido cumplir la misión que la vida me ha encomendado en estas tierras.

Creo que hago eso todos los días, pero algo no fluye del todo. No hay que ser un genio para darse cuenta. Hay que retroceder un poco por las espirales que se recorrían justo antes de irme para Australia. En esa ruta estaban Marleny, Betty, estaba Potes. Esa trayectoria hay que recorrerla con cuidado, porque en esa conjugación puede que se manifieste el color vivo de la nueva misión que la vida tiene para mi.

El detective del DAS

2008


La prueba evidenció cuántos días habían pasado desde aquel entonces. Las lágrimas aún reposaban sobre un frasco de cristal en la mesa de noche. Los cabellos de la víctima permanecieron agarrados a sus manos durante cuatro días, el tiempo que la policía se demoró en entrar al apartamento y descubrir el cuerpo de Graciela Torres.

Recibí la llamada de uno de mis colegas anunciándome del asesinato. "Otro asesinato más en este país", pensé, sin darme cuenta de que Graciela Torres iba a tener tanto que ver en mi destino como detective. Tomé, como de costumbre, la pistola que había cargado desde mi entrada al DAS y que nunca había disparado otra persona excepto yo, o al menos eso creí hasta esa noche.

Cuando llegué al apartamento de Graciela, me encontré con la noticia de que el detective llamado para investigar el caso era el principal sospechoso del asesinato, el calibre de la bala y los pelos encontrados en sus puños coincidían exactamente con los míos. Ahora me encuentro en un calabozo especial del DAS en la investigación más grande de mi vida. Han pasado tres meses tratando infructuosamente de demostrar mi inocencia, pero el juez se empeña en mantenerme como sospechoso sin atreverse a sentenciarme de una vez por todas.

Realmente no supe qué pensar cuando me encontré de frente con el cuerpo de Graciela en una posición tan extraña cerca de la mesa de noche. Su rostro me resultaba familiar, pero no lo suficiente como para poder reconocer quién era. Era la primera vez que iba a ese lugar en toda mi vida, y hasta ahora, no puedo entender cómo llegaron mis pelos a sus puños y las balas de mi pistola a su cuerpo. ¿Cómo desentrañar este enredo?

Mañana tengo derecho a una llamada en horas de la mañana. Sé que los detectives intervienen los teléfonos, pero no importa. Lo que tengo que decirle a Gustavo no tiene nada que ver con el caso, sino con otro asunto personal que estaba atendiendo cuando fui detenido por el DAS.

He trabajado con el DAS durante nueve años. Hace dos meses fui destituido oficialmente y ni siquiera recibí notificación al respecto. Durante esos nueve años, me dediqué a la investigación de crímenes, principalmente de mujeres que murieron por amantes psicópatas o maridos celosos. No he tenido ninguna compañera durante los últimos cuatro años. Prácticamente he vivido consumado en la investigación sin detenerme a pensar en la falta que me hace la compañía de una mujer.

Recuerdo el primer día que entré a la escuela de detectives del DAS. Se nos decía que el detective ejemplar era aquel que no se veía afectado por ninguno de los casos en los que estaba trabajando. Recuerdo perfectamente las palabras del coronel retirado del ejército que era director del DAS hace nueve años, el mismo que después de terminado su servicio fue asesinado por una de las prostitutas que frecuentaba en la avenida Las Américas.

Mis compañeros más cercanos se han mantenido alejados y han preferido dejarme solo por miedo a verse implicados en las acusaciones que caen sobre mí. Por parte de mi familia, tan solo recibo llamadas de mi madre, quien me encomienda al Divino Niño para que resista el juicio que se me viene. ¿Por qué tanta demora para sacarme culpable o inocente? No entiendo lo que pasa. Incluso me confundo cuando trato de sentar cabeza y escribir los pormenores anteriores a la noche en que fui detenido por un crimen que estoy seguro no cometí.

El cadáver fue descubierto cuatro días después del crimen. Ese día, yo estaba comiendo y pensando sobre Gustavo y su esposa. Recordaba las muchas veces que juntos nos vimos implicados en los mismos problemas desde la infancia, problemas que yo siempre decidía resolver mientras él prefería evitarlos. El carácter de mi mejor amigo y el mío eran totalmente antagónicos. A pesar de eso, nunca dejamos de estar cerca el uno del otro y de compartir todas las experiencias que nos pasaban.

Mañana tengo unos minutos para hablar con él y quiero preguntarle algo acerca de mi vida que estoy seguro siempre me ha ocultado. Ocurrió en una de las fiestas con los compañeros de su universidad. Esa noche bebimos mucho licor. Empecé a hablar con uno de ellos acerca de gustos y esas cosas. Estábamos borrachos y nos salimos de casillas hasta el punto de insultarnos. En un momento dado, desenfundé mi pistola y se la puse en la boca a este joven, quien quedó pasmado y mudo. Su novia estaba al lado gritando y aterrorizada. Entonces, la agarré a ella también y traté de besarla, hasta que sentí un golpe en la cabeza que me dejó tendido en el piso hasta el otro día, cuando amanecí en el apartamento de Gustavo, todo lleno de sangre y sin saber qué había pasado. Gustavo ni su esposa quisieron hablarme. Tan solo me recomendaron que tomara un taxi y me hiciera ver por un médico. Esa vez fue prácticamente la última vez que vi a mi amigo, que me retiró 20 años de amistad por tan violento accidente.

No al agua no, sálvense ustedes.

 Escrito en 2004

No recuerdo exactamente cuándo experimenté esto por primera vez. Las noches se veían envueltas en descargas de vacíos desesperados. Fue una noche cuando desperté y comencé a gritar como un loco, mientras sentía cómo mi familia hacía lo imposible por calmarme de tan espantoso suceso. Para recordar esto, me inspiré en la película "Efecto Mariposa", que vi hace unos minutos. No quiero sugerir que me identifico tanto con la película, pero sí reconozco que fue lo que trajo a mi mente la necesidad de esclarecer lo sucedido esa primera noche, cuando me levanté gritando y quería arrojarme hacia ese vacío y tomar la pastilla que se me había caído de las manos.

¿Por qué intentar recordar unos instantes que parecen borrados de mi mente? ¿Qué significó eso para mí y la posterior inclinación a la escritura compulsiva que me permitía releerme cada vez que me perdía? No puedo saberlo, y menos ahora que no veo la manera de llegar a esos sucesos y temo que mi cabeza empiece a desvariar, o más bien, a darse cuenta y tomar conciencia de nuevo de la verdadera realidad.

Empezar por recordar y describir la sensación puede ser un buen principio. Esta no me ha abandonado del todo, y de vez en cuando hace sus apariciones. Se siente como si fuera a estallar de repente, como si perdiera el control de todo, como si estuviera recordando algo que ya pasó y que ya no podría cambiar, sentir lo inevitable del presente sumido en una fuerte desesperación por algo que no debió haber pasado y, sin embargo, era como si me estuviera persiguiendo para recordarme.

Quiero aclarar por qué estoy haciendo esto. No deseo abrir la puerta a un infierno en el cual pueda sucumbir a una creencia maldita. Reconozco que el poder de la creencia y de la mente humana puede traspasar los límites de lo que consideramos realidad y posarse en una fuente mágica de mundos que nos mantienen en vilo. Esto es personal y no pretende sacar conclusiones sobre los grandes dilemas que han perseguido mi vida.

Una de las cosas que más me asombra hoy en día es que gran parte de lo sucedido en 1991 y parte de 1992 ha sido olvidado por mi memoria. No son sucesos que recuerde todo el tiempo como algunos aún más viejos y otros más recientes. Trato de recordar yo solo cómo se daban esos momentos y sobre qué se soportaban cuando iban a pasar, pero evocar la sensación no sé si es un riesgo que estoy dispuesto a correr y con qué objetivo lo haría.

Podría preguntarle a mi mamá, mi papá, mi hermano que me recuerden cómo se daban esas situaciones, qué hacía, qué decía, cuáles eran mis miedos, que me ayudaran a recordar algunas frases que marcaban esos sucesos los cuales hoy no recuerdo. Una de las frases que titula este escrito es de las pocas que puedo recordar: “No al agua no, sálvense ustedes”. Aunque la recuerdo porque una vez en la camioneta que me llevaba al colegio, Mario se burlaba de eso que yo había dicho, era seguro que mi hermano contaba en el colegio lo que me pasaba en las noches y por eso sentía que algunos de mis compañeros empezaban a tratarme diferente. Cuando dije eso, mi papá intentaba bañarme en medio del delirio, él intentaba meterme a la ducha y yo no quería. No sé qué no pretendía que pasara, seguramente algo que ya no tenía remedio. Cuando despertaba gritando, me bañaban, ya que siempre se creyó que eran delirios causados por una fiebre muy alta. Muchas veces recobraba el conocimiento con un chorro de agua caliente sobre mi cuerpo y me daba cuenta de que la pijama estaba mojada, que mi papá estaba mojado, mi hermano aterrorizado y mi mamá había llamado al vecino y a mi tío Richard que venía desde Bogotá y llegaba cuando yo estaba en el hospital de Chía. Era extraño porque no sabía lo que había pasado, pero estaba seguro de que había sido muy estruendoso. No veo las teclas bien porque el solo recuerdo empaña mis ojos y afecta mi escritura. También me levantaba gritando "Puta! Puta!", siendo la palabra que más repetía.

Un día, no hace mucho, mi hermano me contó que los delirios siguieron pasando y que la manera que encontraron de que se me quitaran era no contármelos a la mañana siguiente. No sé si esto sea cierto o no porque siempre, de una u otra forma, yo era consciente al final o durante el delirio de que algo estaba pasando. Pero quizá puede ser cierto por el hecho de que poco a poco empezó a desaparecer de mi memoria, hasta el punto de convertirse en un suceso neutro de mi vida, quizá como mecanismo de defensa o de sobreponerme a tal situación.

Ahora no es más lo que puedo decir acerca del momento concreto, no fui testigo de eso que me pasó y no estoy en condiciones de hacer una transportación autoendopática sobre un pasado, que al parecer, pudo haber cambiado mi propia existencia. 

miércoles, 28 de febrero de 2024

Adios mamá


Mi mamá está frente a mí, viva, respirando y consciente, pero enferma, en el final de sus días debido a un cáncer que empezó en su útero y se ha metastatizado por su cuerpo. El viernes me voy de Santa Marta, me despediré de ella, me despediré para siempre en esta vida terrenal. Le hablaré a Dios de la mujer que me dio a luz, la que me tuvo en su vientre y me cuidó hasta que crecí. Le pido a Dios que su partida llegue pronto, no quiero verla más así, solo deseo que descanse. Han sido los días más difíciles de mi vida, enfrentándome al reflejo de una vida que debo afrontar con entereza y decisión, trabajar por mí, por mi familia, enfocarme en los cambios que debo realizar, pues todo lo que sucede es una enseñanza que me señala el camino que debo recorrer. Le agradezco a mi mamá, le agradezco haberme dado la vida, cuidado, amamantado, regañado, amado, le agradezco todo, porque ese ha sido el plan y todo sucede por alguna razón. Le agradezco a mi papá por haberme mostrado desde lo que he decidido no ser hasta lo que debo ser, sin juzgarlo, amándolo. Te quedas solo, papá, en esta vida, sin mamá. Ojalá también aprendas lo que debes aprender. Cuando pasamos por esto y nos despedimos de un ser querido, aprendemos cosas que nunca antes habíamos aprendido. Es la hora, no se puede postergar más lo que debo hacer allí. Pido ayuda y valentía para recorrer el camino de la redención, del cambio y la apertura de mi ser hacia la libertad espiritual. Hacer lo que debo hacer.

El fin

Es el comienzo del fin, o mejor dicho el fin ya comenzó desde que todo comenzó, pero ahora se siente más cerca porque mi mamá está muy enferma, está en la cama muy impedida y casi no se puede mover. Está sufriendo mucho, yo estoy sufriendo mucho, trato de ser fuerte pero las circunstancias son difíciles y a veces siento que me sobrepasan. Trato de desahogar, trato de entender pero siempre vuelvo al punto y siento aquello que me separa y no me deja estar cerca de mi familia. Pasaron cosas que todavía no entiendo como esas cosas pasan, que sí existen, y pueden desactivarse. Es con la que me tocó bailar, es el karma que debo recordar para aprender, para limpiar, para cumplir un ciclo que solo Dios y el universo sabrán dónde comenzó y dónde va a terminar. Son responsabilidades que se asumen o no se asumen, se cumplen o no se cumplen, todo tiene consecuencias, al final lo que sucede es el reflejo de lo que pusimos en nuestro día a día. Esos pensamientos me llegan hoy en el centro de Santa Marta, una noche que decidí salir de la casa de mi papá y mi mamá porque sentí que me estaba volviendo loco, sentí que no tenía tolerancia, que todo lo qvivido fueron momentos perdidos. Pero no es así, por supuesto no lo es, pues la prueba está que  aqui estoy, he recorrido muchas cosas, he aprendido muchas otras y no me siento mal, me siento bien aunque esté pasando por momentos y encrucijadas que nunca antes había vivido. Todo se resolverá, quizá el fin llegue y no todo se puede saber pues tampoco todo se tiene que saber, hay muchas cosas que no entenderemos y entenderlas tampoco es el objetivo. El objetivo es vivir y hacer lo que mejor pueda en mi día a día, no repetir errores, no seguir destinos que no son los míos, alejarme de lo que yo no soy, acercarme a mi ser puro, vivir con intensidad y forjar desde el interior un propósito y un proyecto consistente para mí y para los mios.