martes, 20 de noviembre de 2012

Ensayo sobre Manon Lescaut de Abate Prevost.


Segundo puesto concurso juvenil de ensayo Norma. Colegio Refous. Año 2000.

Escrito por: Pi


V.P.V I



“Cuando Dios dijo la palabra amor, se le olvido decir como iba a ser,
 y el hombre pensando en su supuesta creación, lo interpreto a su propio parecer ...”



Los trágicos amores del Caballero de Grieux con Manon Lescaut, ponen a ‘ruedo de gallo’ la controversia entre el amor carnal y el amor a la virtud. Pero antes de profundizar en cada uno, vamos a referirnos a esa piedra que en medio del rió rompe la corriente en dos direcciones inevitablemente azarosas: La mujer.

La mujer durante siglos  ha sido vista por muchas culturas como un ‘pecadillo’ en medio del arrogante y débil hombre, su atractivo hedor, que pone al desnudo las inútiles armas del cuerpo, han sido la mojigatería para que ellas hayan sido encerradas entre velos y ropajes, conventos, cuartos oscuros y celosías, todo esto ayudado por las religiones y las guerras, propios excluyentes de su ‘Yo’ personal y generadores de tópicos para las sociedades actuales. Habrá sido un error del hombre, jamas descubrir en los ojos de una mujer lo que siempre busco: una respuesta.

Mal aventurada dicha la del Caballero de Grieux, un señorito noble de París, culto, sensato y de buenos sentimientos, llevado por las mejores riendas de la virtud, aparente honroso pensador no completamente perdido en la fantasía Manon Lescaut.[1] La balanza de valores y su camino ‘bien pensado’ se vieron trastornados en la más penosa y noble travesía amorosa. Perdería para ojos de la sociedad la brújula de su vida, pero para él ya tenia un Norte: la ingrata Manon Lescaut.

Hagamos referencia al envolvimiento emocional que representan los frentes del amor y la virtud en el Caballero de Grieux, quien a pesar del radical cambio producido por Manon, no pierde del todo su interés por la filosofía, las letras y la vida eclesiástica. Todas estas influencias cultivadas, hacen de él una persona completamente suseptible y favorable a los bruscos cambios de la vida vulgar a la cual se entregó. El Caballero de Grieux, es capaz de elevar un bello rostro como el de Manon y una gran ternura a la más grande y cósmica fusión, donde dos espíritus deciden unir sus corazones. El gran manejo de sentimientos que conforman la cabeza de nuestro noble Caballero, junto con la imposición social de su familia intolerante ante el decaimiento carnal en una mujer aparecida, crea la disputa entre el amor y la virtud. El Caballero de Grieux representante del primero y Tibergo, su amigo del alma, defensor del segundo.

El Caballero de Grieux se siente débil ante la ternura suscitada en él y su relación simbiótica. Decididamente, él se apoya en la realidad próxima de su felicidad, algo tangible para él, un logro capaz de hacerle soportar sus penas sin necesidad de la fe, medio para llegar al virtuosismo. El ama a Manon, a esta ingrata y lacaya mujer, amante del dinero e inquisidora de sentimientos ajenos. El Caballero de Grieux no cree en el flagelo del cuerpo para la salvación del alma, pero de cierta manera, su aferrada actitud de desgracia para con Manon y su objeto de conseguirla, son el sendero de flagelos que alimentan su felicidad. Contradicción propia de un señorito agobiado por la sensibilidad al amor, con rastrojos de virtud.[2]

Del incondicional Tibergo, encontramos una posición recta y muy bien cimentada, condena la vida mundana que está envolviendo a su amigo y mas aún lo contradictorio de su aceptación para con ésta. Enemigo de las apariencias y los sofismas que solo embriagan en la perdición y en la mentira a los hombres débiles y libertinos[3]. Tibergo con su intachable actitud jamás se le niega a tan desubicado amigo, siguiendo cada paso de su suplicio hasta irlo a encontrar a América en donde todo para el Caballero termina; continuando, así, los paso que de un principio le hubiesen ahorrado las lagrimas ardientes que le destrozaron su virgen corazón, que un día fué conquistado por la más estremecedora ternura.

La obra de Prévost, evoca a su modo la prosopopeyica Edad Media., donde el amor carnal siempre sucumbía, bajo la correcta mirada social, ante el amor espiritual. Pero en la obra de Prévost se demuestra que en la intimidad es claro vencedor el amor carnal: capaz de enloquecer el cerebro de la razón. A pesar de esta invocación medieval, no constituye en esta obra centralizar los amoríos de estos dos jóvenes como único y plano tema ‘rosa’ del siglo XVIII, el resultado de esta obra es aclarado por su propio autor, cuando en su ‘advertencia’ preliminar, explica el porqué un hombre como él, toma la pluma para escribir una obra de “fortuna y de amor”. Las acciones de los hombres bien nacidos que abstraen lo armonioso de la virtud y se alimentan entre ellos, son quienes, para realizar acciones, colocan un filtro de moral ante sus ojos, y en medio de tantas conjeturas, sus acciones se desgeneralizan de los demás hombres. Son propiamente ellos los llamados a ser de excéntrico proceder, hasta que algo, porfín, les hace mover el piso. La naturaleza de nuestras acciones, se jerarquizan por fuerzas que siempre son capaces de derrotar a la que creemos mas fuerte; la moral como ‘logos’  de las acciones siempre se rompe por su propia imposición.[4] Esta obra, es solo un ejemplo de la falta de ‘ordenadores’ universales  en la vida de los hombres, ni la moral ni el libertinaje, ni la religión y tampoco el sofisma del amor son confiables para la entrega total.

¿Ante que otras tentaciones, un hombre de la cuna del Caballero de Grieux, hubiese sido presa? Manon Lescaut es una de esas, sin diferencia alguna de las otras delicias de este mundo. Para nuestro protagonista, es ella quien roba la razón eterna de su existencia, y no como a muchos, le es tan fácil olvidar. Manon, es el catalizador mas claro para demostrar la sensatez del Caballero de Grieux, incanzable luchador de la mas sensata felicidad. Dolorosa y definitiva separación de su padre, dejándolo, por ir detrás de una desdichada mujer vista como ramera, pero sentida como un ángel; hasta América llegaron entre un mar de lagrimas y tormentosas injusticias...La muerte persiguió la desdicha de esta historia, hasta que porfin, se apodero de la más febril ternura. Diría yo, que fue la única verdad que vivió el manoseado caballero, algo como la muerte, también inexplicable y misteriosa  como lo fue el ‘origen del principio’.


“....su interpretación fue equivocada. A Dios no podríamos inculparlo en la creación del amor. Solo el hombre podia ser juez de su propia sensatez, aquí y ahora”


                                  
PI         


[1] “Me pareció tan encantadora que yo, nunca había pensado en la diferencia de los sexos, ni mirado a una muchacha con un poco de atención, yo, digo, de quien todo el mundo admiraba la prudencia y la moderación, me sentir entusiasmado de repente hasta el arrebato”.
[2] Pregunta el Caballero a Tibergo: “.......me responderás que el fin de la virtud es infinitamente superior al del amor?. No se trata de la fuerza que tienen, uno y otro, para hacer soportar las penas?. Cuantos desertores encontramos de la severa virtud, y cuán pocos encontrarías del amor?”
[3] Dice Tibergo a su desconsolado amigo:”....uno veía a muchos pecadores que se embriagaban con la falsa felicidad del vicio hasta preferirlo muy por encima de la virtud; pero que por lo menos se aferraban a imágenes de felicidad y que se dejaban engañar por las apariencias ; pero que reconocer, como yo lo hacia, que el objeto de mis afectos no iba sino hacerme culpable y desgraciado y continuar precipitandome  voluntariamente al infortunio y en el crimen, era una contradicción de ideas y de conducta”.
[4] Advierte el autor:”Ma engaño si la razón que voy a dar no explica bien esta contradicción de nuestras ideas y de nuestra conducta; es que,  como todos los preceptos de la moral son solo principios vagos y generales, es muy difícil aplicarlos al  detalle de las costumbres y de las acciones”. 

Ensayo sobre Bartleby de Herman Melville.




Escrito por: Pi

Primer puesto concurso de ensayo Colegio Refous. Año 2000.



Para  escribir un ensayo sobre Bartleby  habría que transportarnos  a un lugar donde ya no exista el Ser, y darle cabida razonada a la desaparición entre la gente, partiendo de una sociedad anónima capaz de desintegrar desde lo mas profundo las mínimas esencias del ser humano. Bartleby es el centro de una lucha posesiva entre el Ser y la nada,  entre el estoicismo propio de quienes jamás abrieron la boca ni para perturbar el curso normal del aire; sin dolor, sin angustia existencial, sin piedad, su enfermedad aquí no tiene cura, será mejor partir...........


La obra de Hermann Melville desarrollada a fines del siglo XIX, en una de las más pavorosas urbes existentes hoy en día, plantea un extraño caso de absoluta pasividad ante la iracunda vida cotidiana de una ‘polvorienta’ oficina de Wall Street, irrumpiendo la mecánica diaria con un extraño hombre de ‘preferencias’, capas de hacer ver en él un hipotético futuro de desconocimiento real y sentirse encartado con un cuerpo  rechazado por él mismo. En forma de espanto invadiría  pacíficamente  el opaco espacio de la oficina, y en medio de tan arraigada soledad, se negaría a desalojar dicho recinto tomándolo como propio y haciéndolo espacialmente insignificante, escogido entre la gran multitud para desvanecerse en aras de la voluntad.


Un viento de desolación y miedo se ve tras los ojos de quienes crecen entre el cemento, y estiran el cuello a la par de los grandes edificios; hay lugares donde mostrarse, donde hacerse famoso, pasar desapercibido, mendigar, perderse y hasta se puede no existir. Somos el reflejo de lo que construimos,  nuestro hábitat es el espejo de nuestro sentido vital, pero cuando vemos en él un “muro de ladrillo, negro por los años y por una eterna sombra” somos, de una manera u otra, presos de la desesperanza y vemos hacia dentro lo jamás visto por nadie, lo inentendible. Bartleby, el escribiente de Wall Street, recorre su vida entre túneles oscuros y grietas jamás transitadas, donde pocos se atreven a ver. Él es solo el parpadeo de un ojo, imagen fotográfica de los incrédulos testigos de su existencia, única prueba razonable de su fisiología concreta. Nuestro personaje de historia “desescrita”, es fiel reflejo de la humanidad que yace entre el anonimato y el desconocimiento del otro, cuyo breve proceder es tan siniestro y semejante a la destrucción de mensajes y deseos, propio de la oficina de Cartas Muertas, donde se dice que participó.


Para cualquier tipo de pregunta razonable sobre Bartleby desplazaríamos el uso del cerebro a territorios de la imaginación y la irracionalidad, donde tiene más salida lo inescrutable que la visibilidad de Bartleby. Podríamos hurgar muchas historias desgraciadas para este personaje, dándole razones psicológicas, sociológicas o, si se quiere, hasta podríamos entrar en sus sueños suministrando un exactísimo diagnóstico psicoanalítico sobre su extraña manera de actuar. Pero, para qué? Ni el mayor escrutinio sobre su proceder tendría la última palabra. Bartleby surge de entre el polvo y hace resonar en su interior los oídos sordos de las dolencias humanas y cuestiona la voluntad entre lo que se tiene que hacer, se debería, se preferiría, se supondría, o lo que jamás se hiciera. Se podría chocar con la misión de muchos en el mundo cuando las palabras se vuelven mudas y se difuminan en el aire, qué importancia tiene cualquier modalidad verbal entre los hombres, si ni siquiera se escuchan o se ven a los ojos.


El narrador, Secretario de Apelaciones del Estado de Nueva York, esperaba un empleado que cumpliera con sus requerimientos laborales, pero se encontró con un ambiguo hombre que aparentaba cumplir su trabajo reduciéndolo hasta la nulidad, y es en este trance cuando empiezan a chocar los más inexplicables sentimientos de compasión y rabia ante Bartleby, comienza así el análisis subconsciente por parte del narrador ante la actitud de su trabajador: el crecimiento de una relación inconclusa sin parámetros normales de comportamiento entre Bartleby y el narrador, donde el primero se limita a ‘preferir’ no actuar mientras que el otro no sabe que manera se le podría hablar. Recién llegado Bartleby, fue acomodado estratégicamente de tal manera que la mampara verde actuara como aislante. “Pudiera apartar a Bartleby por completo de mi vista, sin alejarlo de mi voz. Y así, de cierta manera, se combinaban el aislamiento con la compañía’ A lo largo de la historia, las relaciones humanas luchan por contar con los últimos medios de comunicación ¿Pero, para que? Si cada vez estamos más solos, combinando la soledad con la compañía de un escritorio ‘del que se busca liberarse del todo’. Es un duro golpe cuando la antirazón  empieza a invadir terrenos conscientes, la confusión y angustia del narrador son síntomas de la invasión a su vida y su espacio. Embriagado por las dudas, se adecúa para ser presa del lado oscuro del hombre social,  huyendo mezquinamente a la muerte reflejada por Bartleby,  miedoso de darse cuenta que, por accidente, el mundo construido es un exabrupto de la repetividad y la anulación del ser, para verse convertido en la ficha exacta de un lugar exacto y un quehacer exacto. Es la pavorosa muerte en vida, la causante del conflicto interno que lleva hacía la locura por la que Bartleby nunca encontró sentido, quizá porque los hechos que realizaba, solo constituían una estructura total firmada por nadie, allí, la personalidad ‘preferencial’ de Bartleby no encontró eco.

Una sociedad cada vez más ensimismada, fanática de sus logros, es la que más siente miedo ante su propio destino, la imaginación de Melville no saco un personaje ficticio para llevarlo a la literatura cotidiana. Valdría la pena reflexionar  ante lo que cada día nos esforzamos, y cuestionarse la ocupación del tiempo individual, quienes y como la están manejando. La perdida de la individualidad entre una sociedad que la defiende como base del desarrollo es algo duro de aceptar, mas, cuando toca afrontarla.

La calle de Wall Street debe su nombre, no a los enormes edificios que hoy la circundan, sino que así era llamada (calle del muro) por el inmenso muro que no permitía a los esclavos escaparse; de la errónea creencia sobre el nombre de esta calle y la real, no existe ninguna diferencia, tanto la gran altura de los muros como las oficinas de los rascacielos, fueron y son usados de igual forma: Para que los esclavos no se escapen.

miércoles, 31 de octubre de 2012

La leche condensada es sabrosa pero la aguapanela es fundamental.


La leche condensada es sabrosa
pero la aguapanela es fundamental,
que no se diga que no hay cosa
mas digna de ser elemental.
Porqué será que no me enseñaron
en las aulas de la refusianidad,
que el agua es al camarón
como el elogio a la vanidad.
Y si el mas sabio pasa
y el bruto pierde,
no entiende que una uva pasa
no se daña ni se pierde.
Si viejo te has de sentir,
el tiempo tiene su propio latir
no mires el reloj
de noche y de día lo has de pedir
La rima es lo de menos
lo que importa es el mensaje
no hay hambre si comemos
ni estrés con un masaje.
La leche condensada es sabrosa
pero la aguapanela es fundamental,
resumo en poco aquí la cosa
como algo personal.

Con la izquierda si es debido.


Como renunciar a la fe, por un montón de poses inertes y sin vida, como abandonar los sueños por irrealidades que ya no están escritas en el libro del camino, porque dejar de creer por la falta de un duro o por atender un compromiso, no hay razón para bajar la guardia, ni para entregar las armas de la buena batalla, lo mejor está por venir, estoy seguro que asi es, y de andar negando el sentimiento nada le aprovecha al alma, y si causa mucho dolor adentro. Voces que gritan en medio de la oscuridad, lamentos desesperados que me quieren consumir, espíritus perdidos, vidas sin destino, sálvame Dios de caer en sus camino, pues libre he sido creado, y ni un pensamiento adjudico a juicio mío, más bien venga adelante con majadería, que se venga quien se venga, lo atiendo con la izquierda si es debido. El desaliento que me alberga, el cansancio que no me deja, es un síntoma de la voz, un susurro que me invita a abandonar lo que me aprisiona por dentro, a las cadenas de las mentiras que me he creído, cuando todo ha mostrado que los colores se vienen una vez más, como desaprovecharlos, porque perderse tremendo carnaval, ni un segundo más a la desesperanza, que la maluquera se pasa y hay una misión para mañana.

Orgullo estéril sin sentido

Naturaleza fuerte, contradictoria y formante, de dos puntos se pasa al cuadrado y a la equidistancia, porque será que acaso, no resuelves cambiar de una vez por todas, porque será que la línea aparece trasmutada en un circulo sin centro. Así se vio aparecer aquella vez, era todo lo que se veía alrededor, sombras como las que habla Platon en la caverna, ojos que no ven, ni oídos que escuchan, para el que no sabe, no saber es saber, entonces creí que el mundo tenía que ser así, con problemas que dan vuelta en torno al mismo problema, sin ninguna solución, palabras bonitas y sueños de riquezas, un supuesto gran nombre lo envolvía todo, una tradición desaparecida y no mas que vivida en un orgullo estéril sin sentido, pero todos se sentían culpables y la cosa nada que avanzaba. La causa de toda fuerza se manifestó de repente, la había llamado por las noches, lleno de lagrimas y desesperado, conocí las filas del horror, la disciplina inerte y la conjeturologia sin fin, y nada, nada lleno el vaso, pues aun tenía un agujero y el agua aun se derramaba. Es como una sensación, o un espíritu que me visita de repente, es una prueba divina, una misión sellada genéticamente, la cual he superado, la cual debo seguir superando. En tres frascos hay tres elementos, cada uno es parte de un cosmos diferente, la gente del agua, de la tierra y el fuego se encuentra, y de un flechazo transmuta la sangre y la hace oro, pensaran que es oro que brilla, que tiene valor porque nadie lo tiene, en un acto inesperado, en un de repente y un naufragio, me esperan en la puerta, a disentir sobre lo que no tiene sentir, ya no siento nada, y no quiero estar mas acá, será pasajero, será volador, vendrá un nuevo atisbo, una oportunidad que me permita crecer, así será, no hay más remedio que sea así.  

alkahest transmutador....


Avísame de cuando debo hacer algo, porque no lo veo, y aunque lo siento por si mismo me es imposible saberlo, como la ultima vez, cuando la debilidad me tenia somnoliento, muriéndome del calor, y preguntándome sobre qué era lo que debía hacer. Así, saliendo del sueño, llegue a la casa de María a almorzar, y me contó los últimos acontecimientos sucedidos en estas tierras, a donde una especie de convulsión social, y de euforia en torno al tener lo que no se tiene, se apodero de sus habitantes por unos días, entonces hizo su aparición ese viejo conocido que le gusta discrepar sin razón, ese mismo del que huyo muchas veces pero que me persigue, pues es mi mismo maestro. Por alguna razón, he tenido que ver constantes conflictos entre gente que estimo: me sucedía de niño, cuando veía dos amigos dándose en la jeta; me sucede ahora, entre mi propia familia; y cuando llego a este selvático lugar me encuentro que entre personas que estimo no se estiman entre ellos. Siempre escapo, siempre he escapado de esa misma que siempre se manifiesta, pero ahora que lo veo en perspectiva, no es mas que una enseñanza que como buena enseñanza, se repite y se viene todo el tiempo, invitándome a participar, de la buena escuela de la reconciliación. Porque así como tal se ha repetido, las otras artes mágicas también se han aprendido, superar el miedo, es la misión, involucrarse sin involucrarse, proponiendo, con el ejemplo es seguramente lo mejor. Mañana alrededor del fuego tendremos que sentarnos, coger un pedazo de papel y escribir todas las cosas que se nos vengan a la cabeza, las que queremos que cambien, las que mejoren, las que deseamos para todos, encender un fuego, y con fe entregárselo a ese alkahest transmutador, para que la shejina nos proteja, para hacer de esta historia un buen cuento, lleno de aventuras, y momentos superados, y no esa cosa que se siente como violenta y dividida. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Identidades ambientales, un caso comparativo entre el Trapecio amazónico y el Archipiélago de San Andrés.




Por: Pablo De La Cruz


Resumen:
Partiendo de la definición de identidad ambiental, el articulo compara los procesos de transformación identitaria en el Trapecio Amazónico colombiano y en el Archipiélago de San Andrés, como dos casos de redefinición histórica de la etnicidad con referencia al medio geográfico, al encuentro con la colombianidad, la agudización del discurso y las tensionalidades que los capitales y los agentes institucionales generan en torno a lo tradicional. Se analiza el creciente turismo, la influencia de las agencias de cooperación, y sus efectos en el desplazamiento de lo sagrado hacia una cultura teatral.
Palabras clave: Identidad ambiental, etnicidad, cultura, aislamiento, cultura teatral.

Environmental identities, a comparative case between the Amazonian Trapezium and the Archipelago of San Andrés.
Resume:
Based on the definition of environmental identity, the paper compares the processes of identity transformation in the Colombian Amazon and in the Archipelago of San Andrés, as two cases of historical redefinition of ethnicity with reference to the geographical environment, the encounter with the Colombianization, the exacerbation of discourse, and discussions about capitals and institutional agents generate around the traditional. It analyzes the growing tourism, the influence of cooperation agencies, and their effects on the displacement of the sacred into a theatrical culture.
Keywords: environmental identity, ethnicity, culture, isolation, theatrical culture.


En este artículo nos proponemos hacer una reflexión comparativa entre los procesos de transformación identitaria y su relación con el entorno natural de dos grupos disimiles en condiciones territoriales, pero con interesantísimas similitudes. Pondremos los sentidos en el Archipiélago de San Andrés, y el territorio correspondiente al Trapecio Amazónico. Este escrito se logra gracias a la experiencia de trabajo con la Universidad Nacional Sede Caribe en 2005, y con el Instituto Sinchi de 2009 a 2012.

1.         Estructuración política y ambiental.

A primera vista, el Trapecio Amazónico y el Archipiélago de San Andrés parecen no tener mucho en común, salvo que pertenecen a un mismo país: Colombia. Pero si los analizamos mas detenidamente, podemos encontrar interesantes afinidades históricas relacionadas a sus procesos de construcción de identidad ambiental, entendiendo esta como la trascendencia hacia una serie de reivindicaciones políticas y morales aceptadas como “justas” entorno al derecho de las “minorías étnicas” por apropiarse e interpretar su entorno inmediato y definir la relación entre el medio natural, y su cultura. Quizá por ser los dos extremos del territorio colombiano más alejados entre sí y del poder central, han sido regiones de construcciones identitarias propias, con características notablemente diferentes a la mayoría de la nación como el idioma, las costumbres, las creencias, la dieta, etc.

Por supuesto, todo esto tiene matices, y no solo eso, sino diferentes dimensiones. Las comunidades indígenas y raizales no solo se han hecho portadores de una identidad bastante definida y diferenciable de la cultura mestiza andina o costera, sino que también comparten su vida con colonos, militares, policías, viajeros y turistas. La migración y el continuo flujo de visitantes obedece a un proceso histórico de colonización, con diferentes fases, favorecido por políticas internas del gobierno, que han tratado de generar capitales populosas en las fronteras, como una estrategia de soberanía.

Estos territorios han sido también escenarios de disputas limítrofes. Y a diferencia de otras fronteras, son los únicos dos casos exitosos en que el Estado colombiano conservo su soberanía. En el Caribe, perdió territorio marítimo y terrestre con Venezuela y perdió la soberanía sobre el Istmo de Panamá. La soberanía sobre San Andrés la consiguió no solo por la decisión de los isleños, sino también, tras un juego de influencias con Estados Unidos de por medio.  La soberanía sobre el Archipiélago aún es reclamada por Nicaragua.

Al sur, la delimitación de la frontera amazónica estuvo marcada por  el avance y oportunismo brasilero, ante la ausencia de presencia colombiana en lo que en el papel se consideraba territorio nacional. Por su parte, la presencia peruana hacia la parte norte del rio Putumayo y hasta el Caquetá se vio favorecida por los empresarios peruanos que explotaron el caucho, lo que facilitó la avanzada del ejército peruano en 1932 y la posterior respuesta del ejército colombiano en 1934. Este conflicto constituye el principal hito histórico, en la definición de una identidad nacional en el Trapecio. 

Aunque tanto en el Trapecio como en el Archipiélago, la gran mayoría de la población se reconoce como colombiano o colombiana, el auto-reconocimiento identitario también se ve fuertemente influenciado por naciones vecinas, recurso que más de una vez ha sido empleado estratégicamente por los grupos étnicos para obtener reconocimiento, y más atención por parte del Estado. No en vano, por estos territorios han corrido fuertes rumores de separaciones y desconocimiento del poder central.

Al contexto político y a la historia económica de estas dos regiones, subyace también un elemento estructurante que los define como territorios especiales: su geografía.  Ambos son territorios rodeados de ricos ecosistemas. El mar Caribe es al Archipiélago, lo que la selva y los ríos son al Amazonas. A diferencia del habitante de la cordillera de cultura andina y agrarista, el nativo de estas dos regiones tiene a su alrededor la posibilidad de cazar o pescar. Y aunque la dependencia con los mercados es cada vez mayor, raizales e indígenas aun sostienen unas relaciones de unidad con el entorno (Guerrero; 2005: 8. ASOAINTAM; 2008: 25)

Para los ojos del foráneo, estas relaciones con el entorno se afianzan con la idea de una naturaleza salvaje. El mar y la selva son lo desconocido, territorios llenos de “demonios”, lugares de respeto y de contemplación, a donde los espíritus protectores de la naturaleza viven y gobiernan. Son extremos paganos para la “santidad” centralista. Territorios que por más de cien años desde la independencia fueron vistos como inhóspitos, poblados por pueblos “salvajes”, o en el mejor de los casos, comunidades evangelizadas por “infieles protestantes”.

Las crónicas de viajeros y exploradores reforzaron la imagen de una tierra lejana y difícil para la vida. Antes de que la aviación llegara a San Andrés, la travesía desde Cartagena estaba franqueada por el inmenso mar Caribe. Para llegar a Leticia, era aun más largo, las únicas opciones eran entrar por la desembocadura del rio Amazonas en Brasil, o desde el rio Putumayo. La selva es a la Amazonia lo que el mar al Caribe, la infinitud es imponente, no apta para todo el mundo, se requiere de valentía, y destreza para la supervivencia.
Tanto el Trapecio Amazónico como el Archipiélago de San Andrés pertenecen cada uno a una macro región de dimensiones continentales. La Amazonia suramericana, como el Caribe Insular transpasan fronteras de países, y en su interior se tejen relaciones que permiten definirlas como unidades geográficas con particularidades ecológicas y culturales comunes. Y aunque pueda pensarse que las relaciones de insularidad (Ratter, 2001: 25) solo aplican para la región Caribe, la Amazonia suramericana también funciona como una agregación de “islas”, salvo que en vez de estar distanciadas por el mar, las separa la selva, y los ríos han sido la principal vía de comunicación entre sus núcleos urbanos.    
  
A nivel del territorio nacional, la Amazonia es la región con área terrestre más grande, 477.374 km2, que representa un 41,8% del área terrestre total del país y con tan solo el 5,71% del total de la Amazonia continental (Acosta; García; Mendoza, 2008: 157). El Caribe insular es la región más pequeña con tan solo 44 km² de área terrestre, pero lo que al Caribe le falta en tierra, lo tiene en área marítima con 589.160 km², lo que corresponde a un 63% del área marítima. A pesar de estas diferencias cuantitativas en el espacio agregativo, en los dos hay una relación de aislamiento con relación a las principales ciudades del territorio nacional (Sinchi, 2007: 15; Sandner, 2003: 52). Esta sensación de aislamiento muchas veces ha sido suplida económica y culturalmente por otras metrópolis, como es el caso de Iquitos y Manaos en la Amazonia, y las ciudades del sur de Estados Unidos para San Andrés.

2.         Identidades históricas:

Mientras las islas del Caribe americano fueron escenarios de un trasplante cultural que no llega ni a los cuatro siglos, las culturas indígenas de la Amazonia tienen en el territorio, lo que tiene América de ser poblado. Es difícil asegurar que las culturas indígenas en la Amazonia ocupan actualmente sus territorios de origen, pues se sabe de los desplazamientos que estos han tenido antes y después de la llegada de los españoles. Mientras los Tikuna, la etnia mayoritaria en el Trapecio, tuvieron que esperar a que los españoles acabaran militarmente a la tribu guerrera de los omagua para poder ocupar la ribera del rio Amazonas, los colonos ingleses y las poblaciones africanas tomadas como esclavos, se asentaron después de que las enfermedades y el temor exterminaran a los indígenas Miskitos .

Desde la época de la conquista, las islas y la Amazonia han tenido que vérselas con visitas de conquistadores, aventureros, comerciantes y misioneros. A pesar que desde antes se conocía de la existencia de las islas por parte de navegantes, solo hasta 1629 se da la llegada de un grupo de puritanos ingleses a San Andrés. A mediados del siglo XVI Orellana baja desde el rio Napo hasta el rio Amazonas. La cercanía con el continente europeo y los avances en navegación, favoreció que las islas se convirtieran en lugares de asaltos y colonización. La actividad de piratas y corsarios españoles, holandeses, franceses, comerciantes de las potencias europeas fue más intensa sobre el Caribe, mientras que la penetración del Amazonas fue siempre una tarea más premeditada, a donde pocas veces ganaba el poderío militar, y más eficiencia demostraron las misiones evangelizadoras.

A mediados del siglo XVIII los españoles toman posesión de las islas, y a finales de este mismo siglo los indígenas de la Amazonia reciben las primeras visitas de buscadores de caucho. Durante el siglo XIX, mientras la naciente nación colombiana se conformaba y se veía envuelta en sus contradicciones políticas y sociales, los territorios amazónicos y del Caribe insular quedaron en su olvido, pero no en el de otros países que ya se asomaban con ínfulas imperialistas, como Brasil al sur, o Estados Unidos al norte. Este periodo puede describirse como un periodo de aislamiento para estos territorios. Ya en el siglo XX, los extremos del territorio colombiano, fueron objeto de políticas del gobierno para su control, convirtiéndose en teatros de abundante fuerza armada, y en territorio de mitos sobre conspiraciones brasileras, peruanas, o nicaragüenses. 

La necesidad de dinamizar la economía, hizo que se dieran un especial régimen de aduanas a los Puertos de San Andrés y Leticia, lo que generó un encuentro entre migrantes de diferentes caracteres marcados por su región de origen: una mezcla genética blanca, indígena y negra. Raizales y “pañas” en las islas; indígenas y colonos en el amazonas, son los grupos culturales que marcarían la pauta en el proceso de transformación identitaria que se empezó a vivir desde la segunda mitad del siglo XX con el avance del mestizaje.

A San Andrés migraron en su mayoría comerciantes urbanos, tras las ventajas que encontraban en las excepciones aduaneras de Puerto Libre que se instauraron desde 1954 durante la dictadura de Rojas Pinilla; al Amazonas migraron en su mayoría campesinos intrépidos, que en busca del sueño de poseer una porción de tierra, o un negocio propio, fueron empujados por sueños de “bonanza”, como las caucherías, las pieles, o la coca.   

Actualmente, estos dos grupos presentan notables diferencias y semejanzas en su relación con los pobladores llegados de otras regiones. El agudo conflicto entre la identidad raizal sanandresana y la continental, contrasta con las relaciones aparentemente más cordiales entre colonos e indígenas amazónicos. En ambos lados hay tensiones y luchas políticas. La migración descontrolada a las islas, generó un desplazamiento de los raizales del norte de la isla hacia el sur, abriéndole paso a la construcción de la ciudad. Actualmente, las tensiones entre raizales y pañas han llegado hasta el punto de proponer que se relocalice a mucha población venida del continente. Por su parte, muchos colonos que migraron al Amazonas, con el impulso patriótico de estar cumpliendo una misión de soberanía en un territorio inhóspito y difícil, también se hicieron dueños de extensas propiedades y negocios. Los valores de la colombianización, representaron alteraciones ecológicas y paisajistas importantes en el ecosistema amazónico e insular, estos valores no solo se han venido mezclando con las cosmovisiones locales, sino que también han sido el caldo de cultivo de agudos conflictos interetnicos.  

Las relaciones sociales y políticas entre una cultura mestiza (desblanqueada y desindigenizada), católica e hispanohablante, y las poblaciones de raizales sanandresanos e indígenas del amazonas varía según las relaciones de producción entre un estamento y otro. Por ambos lados nos encontramos con grupos sociales que vivieron en distinto grado la esclavización. Mientras en la Amazonia los indígenas vivieron por miles de años por fuera del sistema colonial y no fueron tan abruptamente deportados de su territorio, en las islas nos encontramos con una población de origen africano que padeció la esclavitud por los ingleses y los españoles. Los indígenas, aunque también han vivido la esclavitud bajo las caucherías, las características del territorio permitieron que grupos considerables pudieran mantenerse a salvo del sistema extractivista y colonial empleado por la casa Arana.

3.         Las luchas sociales por el reconocimiento y el territorio.

Hoy en día, la importancia de estas dos regiones radica principalmente en su riqueza y diversidad de recursos. Las políticas económicas y ambientales del gobierno, han visualizado estas regiones como áreas de conservación por un lado, y por otro, como reserva de recursos forestales, combustibles, minerales y pesqueros. Esta situación los ha hecho un constante escenario de objeto de políticas de conservación y explotación, contradicción que ha tenido su efecto sobre la economía y cultura de sus habitantes.

Actualmente, la Amazonia colombiana es la región con mayor número de hectáreas entre resguardos y parque naturales, y el archipiélago de San Andrés es reconocido como reserva Sea Flower de la Biósfera. Estas acciones conservacionistas apoyadas por protocolos internacionales son apenas recientes, pues históricamente los diferentes ciclos de la economía extractiva han sido la constante en la vida de los isleños y amazonenses. La entrada de grandes capitales e inversiones no se han traducido en inversiones locales, ni una mayor participación de la población local en la estructura económica. 

La población isleña e indígena, están en el meollo de una crisis existencial tras las continuas luchas por reconocimiento. En estos escenarios han tenido lugar procesos de construcción identitaria que la Constitución Política de 1991 consagra hoy en día como el derecho de los pueblos indígenas y comunidades negras, a forjar su destino con respeto a las diferencias. Las voces de reclamos al Estado no se han hecho esperar: reivindicaciones territoriales, políticas, culturales son instrumentos de lucha que muchas veces se convierten en estrategias deliberadas por atención y recursos.

El principal elemento de conflicto que ha enfrentado a las poblaciones locales con el poder central es el reconocimiento de su identidad. Si entendemos como identidad los elementos culturales que definen a una población como la lengua, la raza, y las creencias, vemos que las comunidades indígenas y raizales detentan una lengua diferente al español, conservan creencias propias y además, son territorios a donde a diferencia del resto del territorio nacional, la iglesia católica no es la más populosa, teniendo mayor presencia una diversidad de iglesias protestantes. Estos elementos han configurado culturas con un ethos y modos de actuar propios.

Pero la identidad, a la vez que se define como diferencia, también se recompone en un nuevo contexto. Los procesos actuales de recomposición y escisión identitaria (De La Cruz; 2012: 118) que han tenido lugar en el Archipiélago de San Andrés y el Trapecio Amazónico, se caracterizan por una agudización del discurso que busca afanosamente crear una frontera entre lo propio y lo de afuera. Esta necesidad no solo nace como consecuencia de mayores derechos contemplados por el Estado a las minorías, sino también hace parte de un proceso interno fundamental de todo pueblo a definir los códigos culturales sobre los cuales las comunidades deciden sobre su destino.

Estas redefiniciones de la identidad que se viven en estas regiones, también se erigen sobre una sociedad de mercado cada vez más invasiva. El discurso endogenista se vuelve muchas veces más un instrumento para lograr puestos políticos, o beneficios económicos. Esta etnicidad Gros y Ochoa (1998: 2) la definen como:

 “parte de la construcción de una identidad genérica que, lejos de reflejar un rechazo a la modernidad y un repliegue comunitario, se presentaría como un "recurso" accesible y fuertemente instrumentalizado, en pro de una integración en el corazón de las sociedades que recientemente han llegado a reconocer su carácter multiétnico y pluricultural”.
El Trapecio amazónico y las islas son escenario hoy en día de una creciente actividad turística. Este continuo contacto con personas que llegan de paso y quieren llevarse algún recuerdo de un lugar exótico, ha tenido efectos importantes en la cultura local. Los nuevos modelos del desarrollo vienen favoreciendo en las comunidades alternativas comerciales en la que lo cultural represente un mayor valor agregado: las artesanías, el ecoturismo, la música, el baile tradicional, la comida típica, entre otros, son algunos de los renglones que se estimulan. Estas actividades a pesar de constituir importantes alternativas para el desarrollo propio y una menor dependencia frente al mercado como mano de obra, trae contradicciones al interior de las comunidades, enfrentando la necesidad de mostrar y vender una cultura, a la necesidad de vivirla sin necesidad de dinero a cambio.

Vale la pena resaltar, que en estos escenarios, a donde la cultura teatral se viene abriendo paso, es también fuerte la presencia de proyectos promovidos por agencias internacionales. Los actores institucionales, en su afán de buscar alternativas productivas para las poblaciones locales y en proteger los sistemas tradicionales de producción, abren paso a una especie de fosilización discursiva de la cultura. Llama la atención como el concepto monolítico de cultura  se reproduce bajo la mirada de los proyectos de las organizaciones ambientalistas, académicas y ONG (De La Cruz, 2012: 4). La identidad como un campo cerrado, y claramente diferenciado de lo otro, ha hecho de la memoria un discurso que se predica con nostalgia e idealidad, pero que muchas veces no se practica en la vida cotidiana, resultando en un concepto fosilizado de cultura, que se gesta en las fronteras del poder político e ideológico.

A pesar de las muchas corrientes que tratan de redefinir lo “identitario”, sigue siendo algo que se asocia más al indio, al raizal, al aborigen. En la mente de muchos turistas que visitan estas regiones, la identidad no es más que un espectáculo que se consume, erosionando la sacralidad del ritual y remplazándolo por un acto teatral. En las comunidades indígenas y raizales, los procesos de construcción identitaria se han visto fuertemente influenciadas por esta apreciación de cultura fosilizada y mercantilizada, desplazando el real poder simbólico de la tradición.  

Algunos fenómenos tan aplastantes como la expansión de la sociedad de consumo, no pueden ser tampoco motivo de creer que el final de las comunidades de San Andrés y el Trapecio es el remplazo de un sistema cultural tradicional, sagrado, propio, por otro moderno, desespiritualizado e impostado. Afortunadamente la historia no es nunca lineal, y siempre sorprende con respuestas inesperadas. La identidad, no es un concepto abstracto que nace de la nada, sino algo vivo por las personas y comunidades. Como todo ser vivo, puede cambiar, mutar y adaptarse a nuevas circunstancias.

Los sanandresanos y amazonenses, sean indígenas, raizales, mestizo o blancos, a diferencia de otros tiempos en que imperaba un esencialismo antropológico, maniatado y poco realista, que hablaba de su vida como si fueran estereotipos, cuentan hoy con el privilegio de reconocerse y aceptarse como son. Para muchos que hemos tenido la oportunidad de vivir en estos territorios, podemos aseverar que son regiones más cosmopolitas y abiertas, que las mismas metrópolis que los sujetan económica y culturalmente. Para toda identidad siempre llega la oportunidad histórica de mirarse a si mismos, pero lo más importante es que no existe identidad sin voluntad, y solo cuando se entiende esto como una decisión, y no una imposición, el presente está a favor, y no en contra de su destino. 

Bibliografía:

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