jueves, 4 de octubre de 2012

La crisis ecológica: entre lo apologético y lo apocalíptico del creer.



Me siento trabajando para el bien y el mal”, nos dijo Federico, un ingeniero civil que trabaja haciendo los estudios previos para una hidroeléctrica que se construiría desviando el río Ranchería en el departamento de la Guajira (Colombia). “La consulta previa a los indígenas no lo permitirá, los Wayuu son pescadores… es obvio que no permitirán que eso pase, ojala no pase”, agregó Federico con el corazón constreñido, reflejando el mismo desasosiego que podría sentir un indígena Wayuu, o cualquier ciudadano al conocer la magnitud ecológica de lo que implica desviar un río. El proyecto es financiado por las multinacionales que detentan la explotación del Cerrejón, la mina a cielo abierto más grande del mundo.
“No quiero ser opositor a la construcción de la hidroeléctrica, pues traería beneficios, pero tampoco quiero ser partícipe de desplazar pueblos que necesitan del río para comer”. Federico aprovechaba para desahogarse, pues la mayor parte del tiempo prefiere no “pensar en voz alta”. Algo lo incomoda, una encrucijada lo confronta con sus valores, aspiraciones, e ideales.
Así por convicciones Federico renuncie a su trabajo, el capitalismo nunca será incrédulo, y siempre tendrá una empresa, o un profesional, dispuesto a vender su ingenio y su tiempo a nombre de un esperanzador “desarrollo”. ¿Por qué entonces Federico decidiría renunciar si alguien más vendría y haría su trabajo? ¿Cuáles son las manifestaciones del creer que subyacen a la crisis ecológica? ¿Cuál es el sentido escatológico de los discursos que vaticinan un colapso global? ¿Qué papel juega la economía verde, y las nuevas configuraciones de la identidad en los discursos apocalípticos y apologéticos sobre la crisis ecológica? ¿Cuál será la decisión de Federico?
En el presente ensayo reflexionaremos alrededor de la economía verde y las nuevas manifestaciones de la identidad como fenómenos sociales ligados a la crisis ecológica, configurados sobre discursos científicos o religiosos, en los cuales subyace una ideología que se puede analizar a la luz de lo apologético y lo apocalíptico del creer. En este terreno de opiniones, remolinos y trampas, hay un discurso ambiental o ecologista, que contiene también un tono revelacionista y que no se conforma con la racionalidad científica o las promesas por la vida eterna. La trascendentalidad de las promesas se confunde con las razones, provocando un choque de paradigmas que se debaten entre las corrientes apocalípticas y apologéticas. Las primeras asumen la destrucción de los recursos naturales como el camino que está llevando a la humanidad a una lucha de todos contra todos, y las segundas asumen que este es solo un ciclo que debe tener un punto de inflexión, cuando la revonversión tecnológica, o la toma de conciencia, generen el cambio para que la humanidad logre adaptarse y revertir esta situación.
Ambas corrientes configuran sus discursos sobre la crisis ecológica y cuestionan las posibilidades adaptativas del ser humano a ambientes degradados. Su origen está en la raíz de las preguntas existenciales, preguntas tan antiguas como la misma humanidad, y que en su escape y en su búsqueda  se obliga a la razón a creer en lo que no ve, y a la esperanza a sustentarse en lo visible. Es una cuestión que está volcando al ser humano en una búsqueda de respuestas, en donde es posible navegar entre el esoterismo y la ciencia sin restricciones. La naturaleza hoy más que nunca está siendo redescubierta, preguntada, sacralizada, en un terreno que cuestiona necesariamente la separación entre cuerpo y espíritu.
Esperanzas y desesperanzas ecológicas.
Es imposible reflexionar en la vida sin hacerlo en la muerte. Así mismo, para reflexionar sobre la esperanza es imperativo afrontar el pesimismo. En todas las culturas y civilizaciones que han constituido sistemas religiosos y de pensamiento, yace siempre una imagen sobre el fin de la vida, bien sea como un fin en sí mismo, o como el principio de la vida eterna. 
La situación ecológica del planeta, está acarreando para muchos fuertes visiones pesimistas hacia la viabilidad de la vida humana. Al parecer, el rol de los esperanzadores solo puede existir tras una revelación personal. Para que la “esperanza” sea ella misma, y no una impostora, debe aprender a creer en lo que no ve, porque los ojos ven ciudades contaminadas, bosques acabados, clases sociales opulentas consumiendo más de lo que necesitan, y personas mendigando en las calles. Esta situación no es fácil de afrontar para nadie, de alguna manera todos estamos inmersos en esta bola que llamamos Tierra, viviendo el mismo instante de tiempo. Nadie esta antes y tampoco después, “todos venimos y vamos para el mismo lado” dice el sabio adagio popular. 
Lo anterior parece una verdad revelada, pero por cautela epistemológica, prefiero asumir que la historia humana no es precisamente un constructo de “verdades”, y la verdad revelada solo puede estar en el espíritu que está en todo y en todos. Aquí hablaremos sobre discursos sociales, desde ahí, haremos un intento explicativo y comprensivo sobre las diferentes corrientes que mueven las mareas de la actual crisis ecológica, evidenciando los valores y recursos ideológicos que estos discursos bombardean al universo mediático.
Algunos de estos recursos se sumergen en lo profundo de las cosas del espíritu, justificándose en fuentes religiosas. Pueden ser tomados al pie de la letra, o tan solo prestados para referirse al calentamiento global como una señal del “fin de la humanidad” o el “día del Juicio”. Por su parte otros, en un estado de cierta rebeldía contra las verdades totalizadoras, prefieren confiar más en los métodos científicos para sacar  conclusiones: midiendo, contando y mostrando tendencias que se ajusten o no, a las hipótesis centrales que relacionan a la sociedad con los ecosistemas.
Pero en medio de estas dos tipologías opuestas entre religiosos y científicos, están todas aquellas que se construyen mediante prácticas sociales y configuran sus propias referencias explicativas, tejiendo un entramado social bastante amplio para asumir de algún modo las alarmas que la sociedad prende para alertar un desastre ecológico inminente. En este campo, preguntas a fenómenos sociales pueden responderse sobre principios universales, sin redundar mucho en la explicación sociológica o antropológica. O también las cuestiones espirituales son tratadas con lupa por los métodos científicos, como manifestaciones de la materia y la energía.
La vida cotidiana puede no tener mucho que ver con las grandes discusiones de los paradigmas, tan solo transcurre, y no se detiene a pensar porque pasa lo que pasa. Pero a la hora de explicarse el mundo que percibe como uno, necesariamente se pregunta quién es, de donde viene y para donde va. Estas preguntas sitúan a la naturaleza frente al hombre y al hombre frente a la naturaleza, van a constituir los habitus ecologicos, mueven intereses, crean realidades y se rutinizan sobre la cotidianidad del día a día.
La producción de sentido sobre la relación del sujeto frente a la naturaleza no es exclusiva de los discursos científicos, ni de los profetas ecológicos. Los valores que se consideran legítimos dentro de la vida social, son también relativizados y subvertidos dependiendo de sus contextos sociales, y pueden llegar a producir sus propias teorías. Las posiciones dentro del campo no están necesariamente ligadas a una figura universal, aunque puedan tomar de una y de la otra. Los discursos legítimos, aunque opuestos entre sí, operan como recursos de sentido social, o como referentes ligados a una filosofía escatológica de la historia, que según Bourdieu (1990; p. 58) da sentido, explica, o incluso pone orden y asigna fines.
En el artículo “Reflexiones ambientales entorno al pensamiento ambiental y la crisis del racionalismo científico” (De La Cruz; p. 2012), publicado en la Revista Colombiana de Sociología,  buscábamos llamar la atención sobre como desde otros discursos místicos, espirituales o esotéricos, “el mundo se inventa desde otros espacios con modos de hacer y pensar muy distintos a los formales, espacios donde confluyen naturalmente las sinergias suficientes para transformar el mundo más rápido de lo que se demora la ciencia tratando de explicarlo”, haciendo referencia a “fenómenos sociales ligados a una reecologización de la vida, que involucran a la naturaleza de manera más metafórica que racionalista”.  (De La Cruz, P, 2012, p. 26)  
Pero el despertamiento ecológico de la sociedad que se asume desde esta visión, no es tan revolucionario como lo quisieran los más idealistas. Esto puede obedecer también a una adaptación de las formas sociales a un “capitalismo ecológico”, o a una identidad ecológica como “una cosmovisión salvadora del mundo de la vida” (Rodríguez, R; 2010, p. 113). Lo ecológico se convierte en una matriz a donde se construyen las prácticas sociales, un referente sagrado que desplaza las esperanzas del mercado y el capitalismo salvaje.
Las contradicciones sociales dan cuenta de un espacio simbólico lleno de pluralismos, marcado por diferencias sociales que se disputan la legitimidad de sus “certezas”, un campo de poder y toma de posición (Bourdieu; 2005 p. 152). Esto es lo que Bourdieu analiza como una lucha donde se mezclan estratégicamente el interés por los “bienes temporales” y los “bienes espirituales”, donde la “analogía con la religión no es artificial: en efecto, en los dos casos, de la inmanencia de las luchas interesadas surge la mas indiscutible trascendencia con respecto a los intereses estrictamente temporales” (Bourdieu, 1988, p. 319), luchas que construyen un imaginario ecológico de discursos sociales que ligan al hombre y a la naturaleza con sus propios fines.
Lo apologético y lo apocalíptico:
En este campo, podemos diferenciar varios discursos, que se diferencian tanto en sus medios como en sus fines, discursos que pueden ser analizados a la luz de lo apologético y lo apocalíptico. Cuando nos referimos a una visión apologética hacemos referencia a un camino positivo, a una historia que se escribe como un encuentro triunfal, con diferentes grados de justificación hacia una “raza superior” o al encuentro del “reino de Dios”. Mientras tanto, lo apocalíptico es una historia que se escribe desde la visión del dominado, denuncia la injusticia y vaticina el “fin de la historia”, el colapso ecológico o el juicio final de una manera repentina.
Para la primera, no está pasando nada más que la misma evolución del universo, contra la cual la razón humana no puede hacer nada, ya que su curso obedece a las leyes de la evolución de la vida. Para estos, el calentamiento global no es el resultado de la acción del hombre sobre la naturaleza, sino mas bien, lo inscriben como un epifenómeno perfectamente concebible dentro de los ciclos de calentamiento y glaciación que ha tenido la tierra en ciclos de miles, y millones de años.
En contraste, las visiones apocalípticas tratan al hombre como dotado de libre albedrío y directo responsable del calentamiento global. Para estos, aunque el sentido profético está inscrito en un sistema más amplio de creencias, como el apocalipsis, el marxismo ecológico, o las profecías mayas, el fin último es inescrutable. Aquí, el problema ecológico es un asunto de “salvación”, que así no se realice a nivel colectivo, si puede ser individual y en pequeños grupos. En esta tipología se incluyen los que por ejemplo consideran el calentamiento global como  una consecuencia de las emisiones de gases por las actividades industriales[1].
Para Hervieu Legere (1982; p. 51), los movimientos comunitarios apocalípticos se apoyan a menudo sobre el trabajo de economistas o de especialistas de las ciencias ambientales, que ponen el acento en los callejones sin salida sobre los cuales la sociedad moderna se ha encerrado en el imperialismo del valor. Esta aproximación racionalizante agudiza aun mas su sentimiento de culpabilidad y transgresión, sentimiento que funda la conciencia propiamente apocalíptica de un inminente juicio ligado a la ruptura brutal del curso de la historia.
Esta dimensión tipológica, no pretende, en ningún momento, ser una categoría a priori de lo que es la realidad, sino por el contrario, busca dar cuenta sobre las diferencias y conexiones en la práctica que puedan tener distintos fenómenos sociales ligados a la ecologización del creer.
Aunque la necesidad de prender las alarmas es quizá una opinión compartida de las visiones apocalípticas y apologéticas, estas no se prenden de la misma forma. Según la teoría del caos, pequeñas alteraciones en los ecosistemas causa grandes cambios en fenómenos más amplios como el calentamiento de los océanos, pero para muchos científicos esto no puede ser tomado a la ligera. Para Pardo (2012) “es muy difícil probar hasta qué punto nuestras emisiones pueden provocar un aumento sostenido de la temperatura, incluso si se quemara todo el petróleo que queda en el mundo”.
Para Pardo (2012), “las actividades humanas por ahora no determinan las tendencias de la temperatura en el planeta”. Esas tendencias y variaciones en las temperaturas “responden a ciclos naturales que dependen de la actividad solar y ciclos locales a diferentes escalas. De hecho, la temperatura global ha sufrido un descenso desde el año 2000, y es probable que esta tendencia a la baja se mantenga”. Según Pardo “es un tema muy complicado, porque eso de ver el futuro en una bola de cristal está sujeto a modelos que, no han tomado todas las variables involucradas y tampoco se basan en series de datos lo suficientemente largas o de cobertura global. Disminuir la contaminación derivada del petróleo, no debe responder a algo tan vago, sino al hecho irrefutable de que estamos envenenando el aire, el agua y todos los ecosistemas, tanto con las emisiones como con los subproductos del petróleo. Lo otro es más político y esotérico que científico.”[2]
Para la sociología de la ciencia cualquier conocimiento debe ser tratado como conocimiento de investigación, según Merton (Citado por Bourdieu, 1997; p. 87) “la ciencia ha de plantearse en su relación con el cosmos social en la que está inmersa por una parte y por otra con el universo científico, mundo dotado de reglas de funcionamiento propias, que hay que describir y analizar”. Cualquier análisis que confronte las razones ambientales de la crisis ecológica resulta inoficioso si no se es honesto en hacer explicito cuales son las apuestas de los actores en cuestión, aquí la razón no es un asunto puramente lógico, sino también una posición subjetiva, donde el creer se confunde con el poder.
La vida como creación, evolución, parte de un espíritu o una cosmogénesis son referentes que permanecen como sentido de unidad. A pesar de esto, los discursos se atreven a contradecirse los unos a los otros. Pero ninguno es capaz de asumir que la crisis ecológica es un mero capricho sino, sea haciendo uso de las artes mágicas, de la ciencia explicativa o la chamanería, se intenta dar sentido manifiesto a un fenómeno natural o social.
El dilema quizá puede empezar cuando las contradicciones sociales generan fracciones tan diferentes, que se generan visiones opuestas, y esto es lo paradójico de la ecología, y la relevancia de la pregunta de si el ser humano es o no es parte de la misma naturaleza que comprendemos como el reino vegetal y animal. La teoría política y la economía marxista están llenas de estas disputas, pero quizá, en donde son más visibles es en el campo religioso. Una historia de las creencias ecológicas, solo podría justificarse si se logra demostrar que el creer traspasa la manera como nos relacionamos con la naturaleza y la transformamos, en un ejercicio reflexivo que busque desnaturalizar las creencias que justamente se viven como naturales.
Sanabria (2007; pág. 63) analiza como “las creencias sociales, aunque parezcan “certezas”, son más bien “ilusiones bien fundadas” (…), estas “certezas” logran movilizar ritos sociales que “consagran e instituyen a quienes de ellas participan, obligando a hacer lo que hay que hacer, lo que debe ser conforme a una función, a la entrada en un juego, a jugar el juego, a sostener la ficción”. Las ciencias ambientales, que con la bandera de la transdisciplinariedad prometen generar análisis objetivos, tarde o temprano tropiezan con esto, y sea por omisión o plena intención, siempre deben preguntarse por lo subjetivo. No pueden pasar por alto, que su acto científico también es un “acto de creer”, o una ficción social de consecuencias éticas.
Para nadie es un misterio que existe un combate por la definición del problema ambiental, lucha que se libra más en el campo de las opiniones que de las mismas ideas. Solo en los medios científicos más conservadores puede darse quizá una confrontación de hipótesis, modelos de probabilidad e inferencias que sea tomada como seria. En el campo de la opinión la cosa se toma de manera más “vulgar”, dejando la sensación de estar en un medio hostil y rapaz, donde la disputa por la legitimidad a usufructuar los millones de dólares que se destinan para la investigación y la reconversión tecnológica ha favorecido un cierto nihilismo científico.
Y no es para menos, si tenemos en cuenta los montos entregados por las organizaciones internacionales a diferentes organismos de cooperación para la ejecución de proyectos, la mayoría de ellos en los países llamados “subdesarrollados”. Lo ecológico se resuelve con no creer en nada, o más bien, creerlo todo, que es igual. Si en los mismos órganos científicos existen bifurcaciones infranqueables por la vía de la razón (o el creer), mas aun se ha de esperar en la organización política, para quienes los argumentos científicos no son más que un recurso accesorio, cómplices de su ideología, con el cual se negocia en una especie de centro comercial de los argumentos.
Economía verde o “verde que te quiero verde”.
Los discursos ecológicos de la economía verde varían según los que consideran que el curso natural del capitalismo será capaz de internalizar los costos ecológicos de producción y adaptarse a los ciclos naturales, y los que en cambio, consideran que el capitalismo como sistema es totalmente contrario a los sistemas ecológicos.  Mientras los primeros cuestionan principalmente la insostenibilidad de los procesos industriales, los segundos cuestionan el consumismo, como la raíz del problema y lo declaran incapaz de adaptarse a la inminente escasez de recursos naturales que se avecina.
La economía verde hace constante referencia a la “sostenibilidad” como referente de unidad, tótem sagrado hacia donde se deben dirigir todas las veneraciones de la nueva producción. O’Connor (2000) señala que la “sostenibilidad” es una cuestión ideológica y política, antes que un problema ecológico y económico, según este: “Esto lleva a muchas personas a hablar y escribir acerca de la “sostenibilidad”: la palabra puede ser utilizada para significar casi cualquier cosa que uno desee, lo que constituye parte de su atractivo.”
La sociedad de mercado vende la economía verde como la gran solución, hace suponer que manteniendo los mismos niveles de consumo pero con productos con sello verde es posible detener la contaminación por desechos sólidos. Sus principales estrategias están en la promoción y adopción de una “moda verde”, lo que en pocas palabras quiere decir que ayudar al medio ambiente es ser “el mismo”, pero vestido de “verde”, lo que parecen más bien síntomas de una sociedad que busca en el mismo consumo, pero ahora vestido de verde, la misma satisfacción siempre indeseada.
Para el cálculo económico nada es imposible de cuantificar. A donde se creyó que nunca llegarían la internalización de los costos de producción (como a los bienes y servicios ecológicos: acceso al paisaje, al aire limpio), estos ya llegaron. Lo que irónicamente hizo saber al mundo una reconocida tarjeta de crédito como: “Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe Master Card”, será el lema que mejor explique porque el cálculo económico es capaz de internalizar los costos de producción y hablar de capitalismo “sostenible”, como dándole una satisfacción al medio ambiente, pero aun así, queriéndoselo devorar.
Todo indica que no solo el aire, el bosque, la tierra, el agua, la contemplación, la respiración, sino también la identidad, son aptos para ocupar las vitrinas de los centros comerciales. Pero seguramente la cuestión va más allá, y es más urgente de lo que parece, porque a pesar de ser conscientes del  problema, el estilo de vida occidental se sigue reproduciendo de manera insostenible. Los más pesimistas podrían pensar que la lógica del individualismo, la avaricia, (greed en inglés) está tomando ventaja sobre la ayuda mutua. Como en una película futurista en donde las dimensiones materiales del deseo han sometido a la conciencia de la vida; sea cual sea el resultado, los humanos están en medio, como luchando contra fuerzas suprahumanas. Menos mal eso solo pasa en las películas.
Pero quizá algo de estas películas si pueda estar de acuerdo con nuestra realidad, y es que los ecosistemas están evidenciando impactos ecológicos imposibles de revertir. A pesar de los esfuerzos de la economía ecológica por medir las externalidades de manera diferenciada y establecer medidas compensatorias, el avance de la destrucción ecológica se da de manera mucho más rápida de la que la ciencia y la economía se demoran en entenderla. La cuestión ecológica ya no es de retorica, aunque sí lo es, pues lo que se dice no es lo que es, y lo sabemos todos: no le estamos devolviendo a la naturaleza, ni a la vida, la misma cantidad de energía que tomamos de ella.
Identidades ecológicas y la fosilización de la cultura.
Los tiempos están cambiando, y como producto del mismo desencanto producido por la revolución tecnológica, se está asistiendo a una necesidad de encontrar lo perdido. Lo que Patricia Noguera (2004 , p. 22) describe como un reencantamiento del mundo, en “que la voz misteriosa del mundo como vida, como ser en despliegue, como perpetua aurora y crepúsculo, pueda ser escuchada”. Lo describe como un proceso a dejar de lado los esquemas rígidos de la ciencia, en un intento parecido como el que se empezó a vivir tras el renacimiento, cuando se desplazaron los centros de sentido que las instituciones religiosas monopolizaron durante años.
El siglo XXI, no solo representa un nuevo milenio en el calendario gregoriano, también se habla del comienzo de la edad de Acuario, del fin de un ciclo de 5132 años según el calendario Maya, del fin de la Historia y el comienzo de la posthistoria, donde se han abierto espacios para la circulación, intercambio, renovación y nuevas elecciones de creencias. Llama la atención el auge con el que emergen los nuevos movimientos comunitarios, entre los cuales se busca un sentido de pertenencia a través de una nueva espiritualidad, una recomposición identitaria, o una salvación ecológica. Fenómenos como la permeación creciente del espiritualismo oriental en occidente, y las expresiones ascéticas comunitarias del cristianismo primitivo, representados en movimientos rurales, donde la naturaleza mantiene su referente de pureza.
Los movimientos sociales que adoptan el ecologismo como parte de su identidad, relativizan los viejos valores, y buscan identificarse en un contexto donde se promueven nuevos creeres y se valora lo “tradicional”.  La identidad y la naturaleza se funden como esquemas inmutables, alrededor de un discurso endogenista que promueve la importancia de proteger los sistemas tradicionales de producción, y con esto, el conocimiento y la cultura indígena, campesina, o aborigen, porque se les considera sostenibles para el medio ambiente.
Desde los organismos gubernamentales y no gubernamentales, se sigue reproduciendo un concepto monolítico de la identidad, favorecido por la necesidad de las comunidades minoritarias de demostrar su diferencia, para acceder a derechos de igualdad. Esto obedece al interés de los movimientos ecologistas de revalorar la cultura tradicional como un sistema ideal de harmonía con la naturaleza, en contraposición a los valores de la sociedad industrial. Un concepto monolítico de cultura  que se reproduce bajo la mirada occidental de los proyectos de las organizaciones ambientalistas y académicas. La tendencia a considerar lo cultural como un campo cerrado, claramente diferenciado de lo “otro”, un concepto fosilizado de cultura, gestado en las fronteras del poder político, ideológico y científico.
Los procesos identitarios se construyen en universos simbólicos plagados de discursos: el calentamiento global, la crisis ecológica, la descentralización del poder, son, entre otros, influencias globales con manifestaciones locales. Pero más allá de esto, las manifestaciones sociales entorno a la crisis ecológica toman dimensiones casi religiosas. La adopción de lo ecológico como fuente de creencias asoma como respuesta al inconformismo producido por las grandes religiones y los grandes paradigmas de la ciencia, fuentes que agotaron su emanación mágica de sentido existencial, pero que también se renuevan en una diversidad de creeres y nuevas identidades.
La búsqueda del milagro, la visión espiritual, el dialogo con las plantas, el testimonio de lo mágico, muchas son las formas de definir esta búsqueda de identidad. Los nuevos paradigmas emergen en la actualidad desde visiones científicas, conocimientos ancestrales, ligados a un sentido de unidad, de Gaia, en un intento de volver a vivir por fuera de los monopolios del poder espiritual y material. Sin embargo, así como el dogma religioso o el evolucionismo, contaron con sus estrategias de reproducción para monopolizar los significados legítimos, así mismo en la actualidad los medios de comunicación han tomado su lugar, detentando gran parte el control sobre los códigos legítimos de producción de sentido en las nuevas “identidades ecológicas”.
Consideraciones finales:
En el presente ensayo esbozamos algunas de las manifestaciones sociales ligadas a la crisis ecológica como manifestaciones del creer. La economía verde y las identidades ecológica constituyen fenómenos que en distintos grados asumen la naturaleza en un sentido religioso, estas nuevas configuraciones del creer, al contrario de los grandes paradigmas y religiones, resaltan una creciente individualización. Lo que en palabras de Hervieu–Léger (2012), se puede ver como una emergencia en la que la religiosidad individual “permite a los individuos (independientes con relación a los grandes sistemas religiosos instituidos), ir al contrario y producir pequeños sistemas de creencias que los deja reunir, organizar y darle sentido a sus experiencias personales (…)”[3]. 
La naturaleza ha dejado de ser esa fuente de recursos inagotables, y se viene posicionando como un referente sagrado, que mueve procesos sociales de autonomía organizativa. Vale la pena preguntarse desde una sociología del creer cuales son los axiomas ideológicos que transforman las practicas ecológicas, su relación con las estructuras de la sociedad, y hasta qué punto el creer se alimenta de los imaginarios sociales. La critica a las manifestaciones sociales alrededor de la ecología establece los discursos dominantes y las tensionalidades con los agentes, problematiza y cuestiona la disputa por el dominio de los códigos legítimos sobre la crisis ecológica. 
No hace falta ser un apocalíptico para reconocer la catástrofe ecológica en la que estamos, y tampoco un apologético para creer en algún tipo de salvación. El ser humano esta aprueba, no solo los habitantes de los países desarrollados, supuestos culpables de la crisis ecológica. También lo están las culturas aborígenes e indígenas del mundo, tan inocentes como responsables en toda esta historia. La naturaleza habla en lo profundo de cada quien, sea vaticinando el fin, o saludando un nuevo comienzo, el misterio del futuro se combina con las acciones del presente. La historia lo dirá, aunque las decisiones más que volver sobre la historia recaen en las personas, quienes a fin de cuentas deciden que creer, y deciden, que hacer. 
Bibliografía:
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Bourdieu, P. (1988). “La distinción”. Taurus. Madrid.
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De La Cruz, P. (2012) “Reflexiones en torno al pensamiento ambiental y la crisis del racionalismo científico.” Revista Colombiana de Sociología Vol 35, N° 1.
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Maffesoli, M. (2003). Imaginaire et pluralité. Esprit critique, Printemps 5(2). Obtenido de  http://www.espritcritique.org
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Weber, M; (1983) “Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva”. Fondo de cultura económica. Bogotá.


[1] Como Al Gore (2006) lo intenta demostrar en su documental “An Inconvenient Truth”.
[2] Entrevista con Mario Pardo. 2012
[3] “El mundo sin religiones: una gran mentira” Entrevista con Danièle Hervieu–Léger a UN Periódico. Febrero 13 de 2010.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Dolor testicular en stop motion.

 Cuando se ha visto a una revolución caer por una sola caída? El arte de la guerra enseña que perder una batalla no es perderlo todo, porque si la causa es justa siempre habrá como le vantarse y volver a pelear. Pero esto no es una pelea, ni tampoco un partido de futbol, es mas bien una imagen que se mueve en stop motion, a donde cada hendija de movimiento señala lo preciso, anunciándolo, diciéndolo, en silencio o con palabras. Esta semana he estado encerrado recuperándome de un infortunado accidente, un machucon en los testículos, o en las huevas dicen por ahí, a la habitual aburricion de no poder salir a disfrutar de las actividades de la selva y la cultura, se le suma la de la pensadera acerca de cuales serán las consecuencias, prefiero no pensar en esto, me digo a mi mismo, pero es en vano, porque me es imposible no hacerlo sobre todo cuando permanezco solo en mi cuarto, en un sofocante sol. Vamos a tacarla por otro lado, a tres bandas, por el chakra raíz y la energía de la Tierra, la Madre que llaman, o la serpentini que dicen otros, esa energía entra con fortaleza cuando la otra energía que se ata al mundo de arriba permanece demasiado elevada, no como un atributo, sino como una exageración, un hilo en espiral, rojo como una coral sube desde la raíz hasta la corona, pasando por el hígado, el vaso, el plexo, el corazón, la garganta y el tercer ojo, los activa a todos, y se hace fuerte, el dolor físico continua pero ya se tiene la certeza de que algo esta pasando, un remesón energético que da para mover el universo si es necesario, sin moverme. Se ha organizado una fiesta en la maloca Bora, la gente ya esta saliendo para allá, habrá casabe, tucupi, pescado, historias, cantos y bailes, habrá efervescencia, alegría para quienes luchan por proteger el bosque, tristeza para quienes están tratándolo de venderlo, desde acá me sintonizo con esa situación , para que la mucha energía se disperse por la maloca, que suene un canto, mas que digan las cosas que se deben decir, la caguana esta muy buena, tiene piña y esta dulce, eso levanta los ojos de todos, y la oscuridad de la maloca se ve como el mas extremo rayo de luz. Hay que dolor de huevas, pero no me importa, porque se que esto es por algo, así no lo vea, no creo en lo que veo, mas en lo que no, y esto aun no se ve, pero lo espero, porque viene bueno, viene fuerte y sorpresivo, es también una lucha interna, una sulfurante misión que provoca las cosas hasta el punto de no esperar que las cosas pasen, ya están ahí, las puedo sentir.

Semejanzas sanguíneas y matemáticas.


Explore la sangre de ese animal que estaba derramada sobre la arena, no dejaba de pensar si era necesario tal holocausto para esa ceremonia, pero según ellos sin sangre no había redención. En la sangre esta la vida, el planeta tiene sangre, los animales, las plantas tienen su savia, cuando un árbol muere deja su anima en la atmosfera, que es aprovechada  por otros para su reproducción y su vida, quizá igual esta misma sangre que observo ahora vertida sobre la arena represente lo mismo, la sangre que se deja para que otros la aprovechen, y me pregunto ahora cuantas veces dejamos nuestra sangre en las cosas que hacemos, cual es la diferencia entre un sacrificio que inspira hacia la vida y otro que atrae la muerte, habrá quienes la sola palabra sacrificio les parezca algo abominable e innecesario, propias de hombres ignorantes que creen que en el sufrimiento per se encontraran la salvación, pero esta vez no era así, todos se veían sonreír, habían dejado sus vidas atrás, sus proyectos, sus anhelos, sus sueños, por la sola razón de permanecer juntos y poder sentirse seguros en un mundo cada vez mas azaroso para los desposeídos, y hasta para los ricos. Esta sangre que tengo al frente me recuerda todas las veces que renunciando a algo obtengo otras mas valiosas, me enseña a no enamorarme del pasado sino de la vida, la sangre que circula por mis venas la he dejado muchas veces, y suelo equivocarme esperando lo que con un nombre se puede conocer, adonde esta la paciencia entonces? Si no se trata de entender, ni de entender de que se trata, entonces para donde va la cosa? Renunciar es liberarse, comprometerse es vivir, las oportunidades se abren, y el camino es siempre inexplorado, la verdadera magia la pone la voluntad, capaz de manifestar abajo lo que arriba ya esta, esa es la magia, sino se entiende así, pues entonces pongámoslo de la siguiente manera. Como sin entender ni esperar voy a proseguir con este escrito, con el fin de canalizar los espíritus divinos que vienen al auxilio cuando la indecisión hace las veces de la decisión, en un juego de palabras, siempre garante y a la observación de que nada malo entre, entonces me entrego al hilo caligráfico de la escriturologia, grave error si se trata de luchar en lo astral, renuncio a la razón, y pido perdón, pues he sido arrogante y me he considerado mas que los otros, ya me había pasado, y a todos los que alguna vez me vieron así, les pido perdón nuevamente, porque si de algo se trata es de hacerlo sin orgullos pendejos, aunque venga a saber en que momento juegan ciertas herramientas del rifirrafe para que la cosa se calibre, y estalle, sea por dulzura o por simple empute, al fin y al cabo todo es energía, y solo Dios sabe el propósito de porque fue creada asi. Con un cierto sentimiento de zozobra traigo de vuelta la sangre, la que fluye por mis venas, la que algún día se secará y quedará tiesa y negra, la que en este momento provee unas animas de vida, que llevan cada dedo del tipeo a la correcta aproximación, es un juego todo esto…, si se ha percatado el desocupado leyente que no ha abandonado la lectura, cuando se esta apunto de sacarlo, se vuelve a meter, como si el sentido de todo sea tener un simple impulso de volver a contornearlo por alguna arista diferente, como el circulo que se va rodeando con trozos iguales a su propio radio, y mágicamente deja un huequito que no sabemos como llenar, y dudamos si exista esa distancia, pues es un numero no periódico, impredecible y sin orden alguno, pertenece no se a que conjunto, al de los imaginarios no es, a los reales tampoco, en fin no me acuerdo de esa clase, pero es el numero Pi, si es 3.14….. no se no se no se, y asi sucesivamente en semejanzas de nosedades, a donde el infinitésimo fin del infinito me dice, mierda, ese circulo no se puede llenar nunca, por su valor real, en físico no existe. Entonces la matemática se queda corta y volvemos al misterioso curso de la sangre que se entrega por la redención de otros, la que trae el espíritu a las almas, y les da un consuelo de espera y actividad, un movimiento que junta el organismo, que le da dinamismo y lo hace mas complejo, cada vez develando formas mas hermosas, que ni la misma matemática podría describir.   

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sobre la conciencia y su influencia en las huevas.


Aprender a veces duele, pero eso depende, pues si uno aprende desde la inocencia o la ignorancia, podría no doler, pero cuando se aprende con dolor, es porque la lección ya se sabía, pero no se aplicaba, prácticamente aquí la lección no es hacer o dejar de hacer tal cosa, lo importante es dejar de hacerse el huevón. Si, porque no hay nada oculto a la conciencia, uno se puede timar a si mismo, a los otros, pero no a la conciencia, y la conciencia es una, la gran conciencia, la que junta todos los pensamientos del cosmos, la que puede ser tan increíble que sintamos a veces que no todo lo podemos comprender, y tampoco hace falta, pero aquí no quiero hablar de esa Gran Conciencia, sino solo de la conciencia, que es parte de ella por supuesto. A veces es difícil preguntar, e imposible responder, porque suceden los momentos dolorosos, como los accidentes por ejemplo, golpes, traumas, y esas cosas, de cualquier forma, a mi me han pasado, y varios: golpes en la cabeza ya perdi la cuenta, en el colegio vivía dejando mis rodillas sobre las piedras del parqueadero a donde jugábamos futbol, caídas de espalda, tropezones, golpes de nariz, de cara, de cola, y en fin todo un elenco de eventos dignos de chespirito, pero con la diferencia de que la final nunca he podido decir, “no contaban con mi astucia”. La torpeza muchas veces puede ser sabia, cuando es ingenua, pero cuando no lo es, es mas bien dolorosa, ahi es inevitable la autorecriminación, porque hice tal cosa? Porque no pare con esta o la otra, en fin, pensamientos así se pasan por la cabeza, digna de las almas encontradas por Fausto en los círculos del infierno, de los cuales pudo reconocer a algunos viejos vecinos. Por aquí acabo de leer una definición de un concepto que M. Blavatsky, define como Espíritus Elementarios: “…son las almas desencarnadas de los depravados que poco antes de la muerte se separaron de su divino espíritu y no pueden aspirar a la inmortalidad. … Una vez separadas del cuerpo estas almas de personas materializadas, quedan irresistiblemente atraídas a la tierra, donde experimentan una vida temporal y finita en las condiciones que mas armonizan con su naturaleza inferior; y como durante la vida no cultivaron su espiritualidad, sino que la subordinaron a lo material y grosero, son incapaces de seguir el elevado camino del ser puro y desencarnado que se aleja de la sofocante y mefítica atmósfera de la tierra. Después de un período de tiempo más o menos largo, estas almas materiales empiezan a desintegrarse, hasta que, a semejanza de la niebla, se disuelven, átomo por átomo, en los elementos circundantes.” Produce un poco de miedo esta terrible definición, porque a diferencia de las muchas que uno escucha del infierno como el lugar del fuego ardiente y el crujir de dientes, esta en cambio se esmera por ser mas meticulosa y libre de supersticiones, hasta el punto de mostrarse como terriblemente implacable. Pero a que voy con esto, voy a que definitivamente un golpe  o un accidente en la vida que nos producen dolor también puede producir un malestar espiritual, una decisión que no se tomo a tiempo, una omisión, o una injusta valoración, la conciencia del hombre puede no ser inocente en muchos casos, porque ella avisa e insinúa lo venidero, pero entonces porque será que no la escuchamos? Yo creo que es porque creemos que esa conciencia propia la asemejamos al yo personal, lo que es un grave error. El yo personal puede ser egoísta, solo piensa relativamente y construir sistemas de justificación sobre pensamientos falsos, en cambio la conciencia, es el portal, el alma, la antena transmisora por la cual escuchamos los mensajes de la divinidad, todos portamos una, todos recibimos los mensajes, lo que quizá puede fallar es la interpretación, o el hacerse el huevón. Esto lo hablo por experiencia propia, porque de los múltiples accidentes que gracias a Dios no han tenido consecuencias graves, sufrí uno hace poco que casi que las tuvo, un golpe bajo, más exactamente en las huevas, pero no fue un golpe inocente y lo acepto, no fue un “sin querer queriendo”, porque algo ya me estaba anunciando una señal que no atendí, muy clara de por cierto, con precedentes, rectificaciones, pruebas, comprobaciones, y cualquier tipo de aviso que la vida usa para mostrarle a uno que es REAL. La verdad dudo si el infierno existe, pero no dudo que las malas decisiones tienen consecuencias malas, y así como los animales saben que deben hacer todos los días, los humanos también lo podemos saber, solo que nos inventamos mil estratagemas para nublar la conciencia, enredarnos, y cortar la comunicación, que al fin y al cabo termina cortando con la decisión y peor aún, con la voluntad. La voluntad es el hilo transmisor de esa conciencia que nos emite ondas, la única herramienta que tenemos para armonizar nuestra vida de una manera consciente con la Gran Conciencia. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Parranda con los Goshons.



Caía la tarde, el ruido de Tarapacá teníanos aburridosos y con mucho soponcio, hasta ese día, ya eran dos semanas sin salir de aquel encantador, pero sofocante reino. Entonces, como lo habíamos acordado el día anterior, partimos rumbo a la maloca Uitoto, Harol y mi persona. El pueblo estaba de rumba, era la inauguración de la copa de microfútbol La Amistad, a donde invitabase a todo el vecindario compuesto de varias comunidades indígenas, y los colosos Ipirangueses, siempre más altos, fornidos y apuestos, que el minúsculo y escualido tarapaqueño. El deporte, la farra, las chicas, las garotas, todo estaba garantizado esa noche acá en Tarapacá, esa noche prometía una explosión de celebraciones y excesos… que menos mal no me quede para presenciar. Preferimos irnos a la maloca Uitoto, por una noche de paz, silencio y conversación. Caminando hacia allá, muchas aventuras se sucedieron, la primera concerniente al principio de la historia.
En el potrero que queda justo antes de entrar al territorio, propiedad del magnate local Florez, potreros que han sido pisado por mas de veinte años por cabezas de ganado, y que ahora presentan un sustrato adecuado para el crecimiento de unos amigos que aquí conoceremos como los Goshons. Los Goshons nacen sobre la mierda de la vaca, realmente no se la razón porque tiene que ser ahí, pero son unos nada mas, no son todos, se recomienda explorarlos con alguien que este seguro que si sean. Cuando se comen, el mundo y la vida se pone mucho lo muy interesante de observar y de vivir, un momento único de conexión con la vida. Fiel a los principios destinientes de aquellos indómitos aventureros de las tierras villadeleyvunas, los susodichos caminantes, quienes sentianse deseosos de experienciar la mas pura naturaleza, les dijimos a los Goshons que se parcharan con nosotros. Agradecimos a Dios por tan divina Providencia. Los Goshones, traian un mensaje, una enseñanza, un momento de reflexión y análisis minucioso de las diferentes cuestiones, asuntos que se revolvían en las cabezas de estos destinientes de las amazonias, jóvenes exploradores que no se conforman con las aburriciones de la sociedad y prefieren salir a la caza de cual maja aventura se presente, siempre dándole una oportunidad para que el bien venza sobre el mal. Así, nuestra fiesta estaba también garantizada, y realmente no tendríamos nada, pero nada que buscar en las ocurrencias orgiolicoricas de Sodomita, a quien al parecer se le ha olvidado la actividad de los genes de la creatividad para el uso del tiempo libre. Los Goshons, Harol y yo tuvimos una mucho mas interesante y fructífera parranda de conversaciones, saliéndose por el alma, y llegando hasta el Espíritu. La naturaleza habló anoche, el fuego nos acompañó y ayudo a quemar los miedos, el agua nos bañó, y nos mostro como diluir las complicaciones y ponerlas en su debido puesto, la luna alumbró la cabeza para que no hayan mas indecisiones, y así, las cosas que se sienten como sufrimientosas sin sentido, fueron entonces convertidas en  alivio, reconciliación y perdón, fué un buen momento para transmutar una energía de apegos, recuerdos dolorosos, autorecriminaciones y todas esas mentiras que la mente teje y que no es mas que la red de la propia ignorancia. El fuego tomó el palo con toda esa carga, y lo transformó desde su esencia sagrada, ardió en llamas y despojo las figuras que pronto hizo ver como el retrato mas nítido que pueda tener la naturaleza, con toda su vida adentro. Se pensaron muchas cosas y se agradeció a los cielos, se contaron historias y nos reimos, también tratamos de momento el tema de la movida local indígena. En el amazonas se debe aprender a hablar de política, asi uno no sepa de esa mierda. Pero antes de eso, habíamos bañadonos en las aguas del caño Cardoso, que recorre la comunidad del alto Cardoso, perteneciente a la etnia Uitoto de Tarapacá. Sus habitantes viven en el pueblo, pero están poco a poco asentándose en ese territorio, en los últimos años el porcentaje de horas que la familia indígena pasa en su propio territorio, aumenta sustanciosamente, lo que puede considerarse para la dirigencia indígena como un milagro. En fin, acuerdos y desacuerdos, de los discursos y las huevetadas que se inventan los hombres que disque para gobernarse, lo que aquí mas se parece a un timarse. Después de esa, resultase que me encontré en plena farra con los Goshons, y a uno de ellos se le ocurrió salir a dar una vuelta a lo que acepté, después de pasar por el fuego, pasamos por la pista de baile de la luna, que alumbraba como un bombillo los pasos que se conjuraban para lo que podría ser la tercera fase del escuadrón galáctico de la revolución de la recocha, quien ahora parece más actuar desde el punto de vista de los ovnis que de los aviones comerciales, pero no importa, esta historia importante estaba guiada por los mismos aprendizajes de la sabiduría, el camino del guerrero, el deber de saber que la fe no puede morir. Y esa fue la historia de los Goshons.  

Remediosas reflexiones.


El reflejo de la pantalla mostraba la hoja del árbol de guayaba que estaba apunto de caerse, un niño le daba vueltas a la casa, en una carrera interminable que no paraba ni el mismo sol, entonces la música cambio, un corazón gigante se dibujo en el cielo, que luego se convirtió en un rostro y se siguió deformando hasta parecer un grillo. El sol no podía ser mas intenso, cincuenta grados quizá era la temperatura, que amenazaba con derretir el reflejo del palo de guayaba. Fue este mismo árbol el que se descubrió como la cura para la diarrea, cuando esta enfermedad llega, entonces se debe tomar un cogollo (Traducción: Hoja morada pequeña, que esta en la punta de la rama), calentar agua y hervir la hoja por una hora o mas, hasta que todo ese pigmento morado y amargo impregne el agua con toda su fuerza, una pócima quizá no muy sabrosa, pero efectiva para curarse. Pero no es el único remedio, porque el limón y el almidón son también dos agentes curadores bastante efectivos, este no lo he preparado, pero si los he tomado, supongo que es almidón con jugo puro de limón, su rezo correspondiente y ya está, ahí está el remedio. La selva creo yo, contiene el remedio a todas las enfermedades, algunos muchos no los habrá aun descubierto el ser humano, pero muchos otros si lo han sido, con el agravante que muchos de sus conocedores, indígenas de estas tierras parecen estar olvidando. Esto desde el punto de vista humano y demasiado humano, menos mal también somos algo mas que humanos. Entiéndase que la vida es energía, esta energía es conciencia, en si misma, en esta conciencia en si misma, son y han sido todos los descubrimientos que el humano haya sido capaz de descubrir, que son todos, por lo menos en algún punto si fue así, pero quizá algo paso y se empezó a olvidar, o mas bien se empezó a no manejar desde el punto de vista humano, repito, porque en el otro video, en la otra película esto no es asi, el conocimiento es ilimitado, y por lo tanto cuaja todos los pensamientos que recibe, ninguno es nuevo, ni tampoco viejo, simplemente diferente. Asi mismo las posibilidades posibilitosas se revuelven en fractales, haciendo alusión a eso que se intenta describir cuando se habla de la geometría fractal del tiempo, o lo que en otras palabras seria el no-tiempo, en ese espacio hay mucha energía, lo que algún día fue la receta  de un remedio usado por cualquier civilización ahí esta, no importa cual sea la historia de ese remedio, porque la sola historia es el remedio, es la oración, o la icaración. Por eso mismo se dice lo que se dice acá, con ánimos amistosos y un poco videosos, quizá podríamos cambiar de tema, pero no quiero, porque estoy hablando de las curas, y remedios que conoce y no conoce la humanidad, uno de esos dicen por ahí es el humor, que sana a los enfermos de aburrición, o evita que el pensamiento se extravíe hacia la maldad recreando sátiras que pueden hablar de la maldad, pero de un modo que da risa. La cura se da a donde falta algo, es un hueco en el alma que se llena, es una reconstitución de la energía que lo hace a uno sentir bien, puede doler claro que si, o si no acuérdense de esa agua oxigenada echando burbujitas mientras se encontraba con la herida de la rodilla producto de la caída en el parqueadero jugando futbol con los amigos del salón, esa huevonada si que dolía. Pero lo mejor de ese momento no era el dolor, ni tampoco la curación, lo mejor eran las jetas que uno hacia de sufrimiento como si se estuviese muriendo: retorcijones de cara, muecas de desgracia, de mártir, de incomprendido, de victima de una película de acción, eso era muy gracioso, y el solo hecho de pensarlo me causa un cierto sentido de alivio. Me cura saber que esos tropezones de la vida no son tan serios como se les interpretaba en ese entonces, no son un motivo de autoculpa, eran tropezones que lo obligaban a uno a caer, y a levantarse nuevamente, ese era el remedio. Creo que he naufragado en el tema del remedio, porque quizá yo necesito uno a esta situación, la indecisión por lo que vendrá me pone nervioso, pues no veo ningún horizonte claro, hay varias opciones, todas muy buenas, pero la mejor estoy seguro es la que no se, la que Dios tiene guardada para mi. Muchos ejercicios se hacen para dejar que la energía celestial fluya en uno cuando se esta pasando por estos momentos: hacer ejercicio, meditar, servir a otros, mantenerse ocupado, no pensar, en fin, muchas buenas cosas de las cuales creo que cumplo con un escaso veinte por ciento. Si es cierto, y en vez de buscar una salida, o un juego de palabras que me justifique en esta situación, mas bien debería pararme y salir a hacer ejercicio, darle quinientas vueltas al pueblo al medio dia, mentiras estoy exagerando, con hacer estiramientos es suficiente, seguramente.
Remedio que medió
el espíritu que mintió,
remedio que me dio
el espíritu que acertó.

Sobre las 72 paginas del libro de la vida.


Entonces las razas prefirieron agruparse según la pagina que sabían leer, los Uitoto descubrieron la coca, los tikuna el Tabaco, a los Incas llegó el Sol, a la Chorrera Ictoma, que significa Sol, y Elohim fue conocido por las tribus de oriente. Por esos tiempos empezó a desarrollarse la navegación, muchos pueblos vivieron por primera vez la experiencia de encontrar a personas diferentes en color: los de la Eurasia llegaron a la Australasia, los americanos arribaron a Egipto, los patagonos subieron a Alaska, y así, empezaron a darse cuenta que tras el numero 72 se escondía algo más que un numero compuesto por dos números. Una especie de clase erudita, interesada en juntar las aristas del cristal que empezaba a develarse empezó a conformarse tras la interpretación de las paginas del libro en su conjunto. El libro, decían, esconde los camino misteriosos de la creación, aquel que junte su vida a sus palabras se junta con el mismo creador, se hace uno con el universo. Esta clase de eruditos al principio instruyó a todo quien quisiera saber sobre esos temas misteriosos, y asi lo hicieron, hasta cierto punto, porque como toda historia que contienen el lado de abajo y el de arriba, el femenino y el masculino, la corrupción se hizo presente y se guardaron los secretos, pues si ellos los conocían y nadie más lo hacía, así mismo tendrían poder sobre la tierra. Que ilusos eran! Al parecer entre mas ahondaban entre los setenta y dos misterios del libro, menos sabían sobre ellos, y así los lograran recoger todos, jamás llegarían a cumplir con lo que hay estaba escrito. Las leyes de la naturaleza, el cosmos, de la vida, de la materia, de la luz, las formulas alquímicas, los poderes para hacer mover las fuerzas celestiales, todo estaba ahí, lo que los lleno de ambición. Hicieron barcazas para recoger las paginas que estaban dispersas, expoliaron culturas por todo el mundo, derrotaron imperios también corruptos y los sometieron, esclavizaron, invadieron y así fueron completando el libro de la vida, al mismo tiempo en que se hacían menos sabios. Robaron los conocimientos Guineanos, Burundeños, Providencianos y Boreales, y los usaban para esclavizar a los mismos a quien robaban. Construyeron templos suntuosos, se adornaron de oro y plata, anillos, collares y de los más finos linos, a toda consta debían dejar claro que las páginas del libro estaban reservadas solo para ellos. Así pasaron los primeros años, los primeros cientos y hasta algunos miles de años, hasta que por fin el poder corrupto logro reunirlos todos, ese día, como era de esperarse, se haría una fiesta en honor a quienes habían reunido las páginas completas, un intérprete entonces comenzó a leer: “el poder del mal es también un poder celestial, su fuerza es usada para purificar, para mostrar el camino de la falsedad, pero aun así, siendo obra del mismo Creador de los ángeles y los hombres, así mismo, trae este la semilla de la esperanza”, en ese momento las tierras temblaron, desde un polo hasta el otro, ninguna parte de la tierra se quedó sin sentir el remesón, entonces la lectura continuó: “los que usen los poderes revelados de los setenta y dos sellos para ir en contra de lo que estos dicen, serán entonces castigados por el mismo sol, del cual sentirán su calor hasta freírse como pollos”. Entonces el sol comenzó acercarse, calentándolo todo y quemándolo, derritiendo el oro del cual los eruditos habían hecho uso para construir sus templos, quemando sus coronas, ardiendo sus atuendos. Poco a poco, todo volvió al fuego, dejándolo en cenizas, la Tierra se convirtió en un inmenso desierto sin vida, sin esperanza de volver a nacer. Murieron todos, menos una página que resistió al incendio, y quedó enterrado bajo un ceibo del Amazonas, ceibo quiere decir gigante, o los pies del gigante mas exactamente. Nunca más se volvería a saber sobre las 71 páginas restantes de este libro, sus páginas se quemaron y transformaron en lo que estas decían, así nació la selva amazónica, el desierto del Sahara, los polos y todos los paisajes que el hombre ahora conoce. Se dispersarían entre los polos, los desiertos, las selvas, los mares y cordilleras, creando a los animales, plantas, cielos, estrellas, planetas y a los hombres y mujeres, esta nueva especie no sucumbiría nuevamente porque una página quedaría para su salvación: la primera y la ultima que es igual a 2, mas 3 en 1, es decir la única necesaria para entender el resto del libro, la esperanza estaba sembrada, una página había sobrevivido, para la salud de todos. Era la pagina numero 33.