Ayer
me vi un documental, lo compre en la U Nacional en Bogotá, sin saber de que
era, sin ninguna pista que me dijera algo conocido, era sobre un artista, un
cantante de folk, me gusta el folk, entonces lo compré. Ayer me lo vi y fue mucho
lo que me sorprendió. El documental cuenta la historia de Sixto Rodríguez, un
cantautor que a finales de los 60 y principios de los 70 sacó un par de discos,
estos gustaron mucho y generaron cierta expectativa entre productores musicales
y por eso lo apoyaron, pero le dieron y a la larga no resultó nada,
comercialmente hablando. Pasaron unos años, y por alguna razón el vinilo viajo
a Suráfrica, se vivía en esa época el apartheid, la sociedad era muy
conservadora, el gobierno casi militar, se sentía mucho malestar entre los
jóvenes. Resulta que este artista empezó a ser escuchado entre los jóvenes, su
honda protesta poética tipo Bob Dylan se extendió por todo el país, llegando a
ser incluso mas famoso que Elvis Presly, pero en esas una vez un diario
surafricano publico que Sixto Rofriguez se había suicidado en plena tarima, la
noticia se tomo por cierta, y es que resulta que una de las canciones de Rodriguez
fue censurada, ahí lo mostro el documental, en la sección de documentos y
publicaciones censuradas del gobierno. Paso el tiempo y los fanáticos de
Rodriguez crecieron, eran plenos años 90 y empezaron a investigar sobre su
vida, creciendo la duda de si realmente estaba muerto o vivo, el hecho es que
su búsqueda se extendió tanto que hasta su cara la pusieron en una caja de
leche, con un “se busca”, se abrió una pagina de internet, y por esta
contactaron a una de sus hijas, quien les dijo que Rodríguez estaba vivito y
coleando. Lo contactaron, lo encontraron y se entrevistaron, Rodríguez se
dedicaba a trabajos de construcción, no había vuelto a grabar discos, aunque si
tocaba la guitarra, just for fun, pero era algo así como un profeta musical
escondido entre los normales, como algo excepcional camuflado en lo ordinario,
y esa era su manera de pensar, una vida modesta sin extravagancias. Le dijeron
a Rodríguez que era famoso en Suráfrica, le echaron todo el cuento, y al
parecer se lo tomó con naturalidad, como si lo hubiese estado esperando, lo
llevaron para allá, organizaron una gira, con toda, limosinas, hoteles de lujo,
rueda de prensa, marketing, y fue un éxito, auditorios llenos, y si Rodríguez
en Suráfrica era mas famoso que Elvis Presly, y quizá hasta los Beatles. Y
bueno, muchas cosas se aprenden, al principio del documental, me dije a mi
mismo, “mi mismo, esto va hacer una historia de esos artistas que arrastran
fama a consta de un suicidio espectacular, esos artistas no dejan mucho, fama,
pero nada mas” pero no, resulta que esa noticia del suicidio fue un montaje
para callar una voz que retumbó en los oídos de muchos afrikaans, y que
empujaron el proceso de caída del apartheid, que el man estaba vivo y además
nunca le intereso la fama, ni la riqueza. Como esos héroes que desprecian todo
deseo de fama y reconocimiento y están concentrados en un proceso interior, en
ser ejemplo, en la humildad, y en hacer las cosas bien y con amor, reservados,
austeros, sabios, profetas, y que a la hora de la batalla final, todo lo que
nunca pretendieron llega, pero no por artificios de la industria musical, sino
por la misma fuerza de su espíritu. Todo llega a su lugar es por esa fuerza, y
permanece, y queda, ahora yo quiero llegar a Bogotá conectarme a internet, y
buscar en youtube: Sixto Rodriguez, me gusta su música, pero mas alla de eso,
me gusta su historia, me tocó el corazón.
jueves, 18 de julio de 2013
Sentencia definitiva de este escribiente sobre la venta de oxigeno en el amazonas.
Como
decir, digo, entiende, que es asi como le cuento, caminamos por seis horas por
la espesa jungla del resguardo Uitiboc, íbamos como pal Purité, por toda la
mitad de esa colita que por cosas de la vida le quedó a la nación colombiana de
toda la amazonia que al principio pretendía, entonces le dimos y le dimos,
entre puentes de palos, y barro, pequeñas lomas resbaladizas y una culebrita
que dormía en pleno camino y fue despertada de un machetazo en la cabeza. Y
llegamos al cedro, al único a tres kilómetros a la redonda, porque lo acabaron
todo, en el tiempo de la madera, todos querían plata, y lo talaron toditico, y
le dieron a la coca, y de eso hoy no queda nada. Ibamos con Pipo, Tortugo,
Chucho, Milton e Ivan, como siempre puro macho, por aca se anda asi, la mujer
es algo reservado únicamente para los que se casan con las de acá, o los que
van al trébol, yo no voy allá, entonces, el parche es asi, puro macho. Y que
vi, resulta, que del cansancio a la llegada nos esperaba un pescado asado, me
lo sirvieron en el plato, ya me había bañado, pero aun no había popeyado
naditica, eso lo tenia reservado pa la hora de la maloca. Entonces cenamos,
Popeye y pa la maloca, cogí ese manguare y me pegue un concierto que ni yo
mismo me lo creí, fue malísimo, pero no desfallecí, me sobreactué un poco pero
de eso se trataba, romper el hielo, si uno que lo hace tan mal lo hace tan sin
agüero, entonces porque no hacerlo el que lo hace bien, y asi fue, el ritmo que
yo asemeje fue tocado mucho mejor por pipo, mientras hacíamos el mambe y
hablábamos del tema de moda en la comunidad indígena tarapaqueña: la venta del
oxigeno. Hay que tema, ya eso me tiene un poco cansado, pero esta semana en que
se trabajo eso con un biólogo paisa, y la gente de la W, pues de eso se habló
hasta en el caldo, al principio pensaba yo que era una buena oportunidad de
obtener recursos, que si se hacían cosas buenas con la plata, pues la plata
servia, esta no es buena ni mala en si misma, sino por lo que se le pone, la
intención, pero luego me quedé con eso en la cabeza, pensando que el mundo
puede cambiar como lo ha hecho siempre, lo que es hoy fijo mañana no lo puede
ser, esa ha sido la historia de la humanidad, lo único seguro es que nos vamos
a morir, y asi la constitución diga eso de que el territorio indígena es
inalienables e inembargable, pues que va, si no se defiende, se puede alienar,
y embargar, se lo pueden robar, ya ha pasado, y sigue pasando. Entonces una
mañana, después de la caminata, me desperté con el pensamiento que recibir
plata de lo que es una pura alcagueteria y que asi tenga un sustento de
compensación ambiental, económico y político, no lo tiene por el lado
ecológico, pues eso parte de aquel viejo refrán de los colombianos que el que
peca y reza empata, y que recibir ese dinero, que disque por el trabajo de
conservar, lo que para el paisano no es que no sea hacer nada, sino es hacerlo
todo, es cumplir con algo que antes ni sabían, hasta que se inventaron la
palabreja conservar. Entonces, del pragmático que piensa en la globalización
como un inatajable tiro al arco y gol, paso mas bien al del resabiado, el que
ve con sospecha eso tan bueno, de que lleguen unos manes de repente repartiendo
dolaritos porque si, eso le daña la mente al paisano, si quiere plata, pues
entonces haga de la conservación un negocio, pero no por hacer nada, sino por
trabajarlo, vender la conservación no esta mal, pero recibir plata sin vender
nada eso si es mas sospechoso que cualquier cosa, nada es gratis, y la cosa con
esas multinacionales, que pagan para poder contaminar al otro lado del mundo es
seria, deles un dedo y quieren la mano, asi son, además, si se habla desde el
pensamiento indígena y la palabra, que estaríamos aportando, sino la
legitimidad de seguir contaminándole el ambiente a nuestros hermanos europeos,
asiáticos, gringos, pues a la larga los que pierden son ellos, y luego acá
nosotros,… lo que tienen que hacer es aprender a vivir con menos, a dejar de creer
que solo acumulando es posible la vida, que el crecimiento económico no puede
ser ilimitado. “Somos ricos” decía tortugo, mientras caminábamos por el
resguardo en medio de tan vasta vegetación, “somos ricos y nos tratan como
pobres, pues que lo sigan creyendo” respondia Pipo mientras degustaba de su
pintadillo asado con iyico, no se que piensen esos manes que les gusta medir la
pobreza, pero de aseguro que sus medidas
no son inocentes ante todo eso, si le digo a alguien que es pobre, asi no lo
sea, algún dia se lo puede creer, y ahí es cuando lo someto, cuando puedo
tratarlo y moldearlo como me de la gana, y eso hacen este tipo de iniciativas
de compensación ambiental, tratar a los otros como menores de edad, que merecen
vivir por el solo hecho de existir, sin trabajar, sin decidir, sobre sus vidas,
sus territorios, sin sufrir lo que cuesta mantener y valorar lo propio, darles
billetico, pa comprar cosas, pa que se sientan ricos, pa que luego se sientan nuevamente
pobres y quieran mas de lo mismo, no es suficiente, nunca es suficiente,
bienvenidos a la economía global. Ya me mamé de pensar esos proyectos redd+ y
he tomado una posición y es esta, que si de lo que se trata es de encontrar un
desarrollo propio y a la vez conservar, pues entonces hay muchas cosas que se
pueden hacer desde lo productivo, desde la cultura, desde lo turístico, desde
lo industrial a pequeña escala, es mejor tener poco, pero haber trabajado por
ese poco, que mucho regalado, eso sale caro, eso es la perdida de toda
dignidad, es bajar la guardia y dejar a la fiera que se lo devore todo, asi que
si le preguntaran al señor escribiente de estas letras por la venta de oxigeno
del resguardo Uitiboc yo les digo que no, que no lo hagan, no es un resabio de
paisano purista moralista, no, no soy paisano, y me gusta la platica como a
todos, pero soy consciente que la platica fácil es un embolate y desordena el
pensamiento, busquemos el billete, hay que hacerlo pero no a consta de que se
siga contaminando el planeta, pues a la larga eso es lo que los proyectos redd
pretenden, eso es.
El agraciado Jeangros.
Y
porque no dedicarle un parrafito a la historia de un agraciado personaje que
por alguna cosa se me atravesó en el camino, no es una historia de salvación
para mi ni mas faltaba, pero si es excusa y musa de la inspiración para darse
unos humitos, y reírse con el man. Allá a las afueras de la ciudad de Bogotá,
tierra de poetas y gramáticos, Atenas Suramericana, y Ritopolis reconocida en
el mundo entero, yace un pequeño pueblecito donde muchos tiempos de mis tiempos
fueron recibidos, hacia las tempranas edades de la existencia, ese lugar fue
donde la educación se convirtió para mi más que en un deber, en un gozo y en
una experiencia de la vida, no quisiera ser extenso en el suspenso de decir lo
que ya muchos de ustedes que leen esto pueden imaginar, porque es obvio que
estoy hablando del colegio Refous, ubicado en tierra de los muiscas, las
tierras coteñas de la sabana de Bogotá.
Podría
escribir muchas cosas buenas y malas de lo que para mi puede representar esa
experiencia, pero en lo particular estoy interesado en valorar y relatar que lo
que mejor yo aprendí en ese colegio, no fue las matemáticas, la historia ni la
biología, no fue la clase de agricultura, ni la de MM7, no fueron los partidos
de futbol, ni los conciertos de rock, ni mucho menos las chicas, pues fueron
siempre una especie lejana en mi ecosistema estudiantil. Lo que más me gusto
del colegio Refous, fue que me enseñaron a reír, y a hacer reír. El cómico número
uno del show que se presentaba diariamente en la cotidianidad de sus días, era
el mismísimo y renombrado Roland Jeangros, una persona con carácter
autoritario, con cabeza de anarquista, y sentido del humor de los mas finos, lo
que lo hacia un personaje que representaba miedo, libertad, y mucha risa. Lo
mejor de monsieuir eran sus chistes, entre los que me acuerdo puedo recordar el
de la policía de suba, cuando Piñeres formo por la mañana con una chaqueta con
verdes fosforescentes. El bulto de fosforina, el famoso “venga para aca” con
acento de general francés de la revolución, y de los bichos humanos que
componíamos la fauna que el mismo había fundado.
Que
señor tan gracioso, decía este hombre también , en su sabiduría, que uno en el
colegio no tenia amigos, sino compañeros, y que razón tenia, pues sale uno de
ese momento y a la larga son pocos los que verdaderamente quedan, si es que le
queda alguno. Jeangros odiaba todo lo que pareciera ostentoso, tampoco gustaba
de las cosas a medio hacer, valoraba en demasía el arte, el pensamiento
matemático, la música, y las ciencias exactas, como humanista no se le veía de
a mucho, pues de alguna manera era hijo de una generación que veía en la
ciencia exacta el lenguaje mas cercano a la verdad del mundo y del hombre. Aprender
a reír con Jeangros costaba caro, pues tan solo yo recuerdo que este man no me
pasaba una, y no escatimaba en tratarlo a uno con severidad, luego de que el
susto pasaba, quedaba la historia y el recuerdo, que fácilmente se convertía en
objeto de bromas y de arremedos entre los compañeros, extendiendo el mensaje,
hasta interpretaciones bien fritas, hasta volverlo serio, el mejor mensaje
cargado de humor y de ironía.
A
Jeangros se le veía reír, pero la mayor parte del tiempo estaba bravo, o por lo
menos eso parecía, su lucha educativa, no era solo por graduar personajes y
mandarlos a una universidad, porque así con muchos eso era lo que pasara, su
mensaje de lucha y de diferencia siempre permanecía, había que luchar contra
muchas cosas, entre ellas los medios de comunicación, la política barata, el
consumismo, las modas, la banalidad, lo pasajero, este tipo era muy
trascendental. Precisamente por eso es que ahora me rio mucho de lo que decía,
porque siento que me sirvió, y me sirve todavía,
no es el mesias, ni mucho menos un tirano, tan solo un hombre comprometido que
se merece el perdón de todos los que se sintieron ofendidos alguna vez por sus
palabras y actos, no es precisamente un candidato a santo, pero si un santo que
no parece un santo…., porque es humano, porque se equivoca, porque hace lo que
hace con fe y honestidad, y asi es su obra.
El
Refous era un colegio barato, y ese era creo yo uno de los mejores atractivos
para los padres de familia que matriculaban a su hijo en esa institución. Viví
el Refous desde el año 1988 hasta el año 2000, para esas épocas el colegio ya
no era un precisamente un refugio de muchachos con elocuentes apellidos de la
sociedad bogotana, sino por el contrario, era un colegio diseñado para la clase
media, y seguramente eso era mejor para Jeangros, en sus planes no creo que
estuviera el darle oportunidades a los que las tienen todas gracias a su cuna,
sino a aquellas familias que la sudaban trabajando para educar a sus hijos. En
el colegio todos éramos iguales, nadie tenía privilegios, no se veían escoltas,
y aunque si conocí estudiantes bastante adinerados, estos en el colegio no lo
eran, o por lo menos no se hacían tan evidentes, el sentido de equidad y de
igualdad era central en el formación del colegio, sobresalía el que era bueno,
sin mucho galardón, ni elogios, y su único premio (o castigo para otros) era
seguir.
Serpiente del cananguchal.
Pegarse
unos sustillos, apreciar un encuentro culebristico en medio del pantano y bajo
la lluvia, con el cananguchal al lado como puente, y con el ángel que llego
cuando ya era presa de la serpiente. Tenía la cabeza café y llevaba la mirada
puesta en la orilla, no esperando nada más que llegar al otro lado, pues al
parecer ya había sido merendado un ratoncito, una guara u otra cosita, y que tenía
ganas de hacer la siesta, mi estimada serpiente café, desde acá te cuento que
me asuste, y que le agradezco a Dios mandar sus emisarios en los momentos mas
oportunos. Y entonces estando en medio, buscando pasar como un héroe el pantano
caminando por tres palos que llegaban a un tronco surcado por las trepitosas
corrientes del cananguchal, ahí te vi… donde seguramente muchos niños han ido a
dar una mirada a su dueña la señora Serpiente Café. Serpiente Café, Serpiente
Café, donde pasas de repente, y no me das ni la mirada, cuando te vi nadar
hacia la orilla, tu ni me determinaste, aunque mi imaginación peliculera se
monto en la película que eras una monstruosa víbora, te pido perdón, porque
nada me hace menos monstruoso que tu, y los dos somos creaciones del mismo
Dios, pero porfa la próxima vez cuando pases, mándame así sea un besito.
Y ahí estaba en man de la noche
pasada, al que no le supe el nombre pero que fue un mismísimo enviado, tan
enviado que el man nunca se monto en la película que era un enviado, pues de
algún modo le parecía que la serpiente estaba en su plena libertad de sacar la
testa del agua así un guaimaron jugando a misión del deber pasara con la maleta
a medio hombro, celular entre una bolsa, y todo listo para actuar al momento de
que cualquier cosa pudiese pasar. El primer intento se hizo por el lado del
barro, al lado del camino de tres palos que conducía al tronco que continuaba
con el paso humanizado, pero la naturaleza ya lo había derribado, y mi
intención “como vino a ser, en que momento no llegue al camino que yo quería
llegar y que no tiene un paso peligroso”, hacer un puente que se yo, el lote es
el del señor florez, pero los que verdaderamente lo necesitan y lo usan son los
del resguardo, seguramente si se ponen de acuerdo los indígenas y el mr,
doctor, sargento florez, se podría hacer un puente como el Golden gate, para
que un guaimaron como yo pase por ahí, y no tenga porque hacerlo a la misma
hora de las serpientes, o por lo menos que pongan pico y placa entre la fauna y
la humanidad, o un semáforo que diga cuando pasa el bicho humano, y cuando pasa
el bicho bicho.
domingo, 7 de julio de 2013
Andrews Murch y la jugada england.
Qué bueno que siempre sea así, lo
verdadero vence a lo falso, y al final el cuento sigue bueno, como siempre fue,
pues como dejar al mundo privado de las historias de Fast y Anibal Smith, los hábiles
estrategas del glorioso atlético los pollos, el invencible equipo rojo y de la
jugada England, cualquiera haya sido el contrincante, si Pablo Jeangros,
Ronaldinho o Messi, siempre jugamos a ganar, no siempre lo conseguimos, pero
que va, si de lo que se trataba era de defender el honor del equipo, dejábamos
todo de nosotros en el campo de juego, como si se tratara de la vida misma, y
aunque no siempre sin mancha de juego sucio, los verdaderos Andy y Pi, antes de
jugar el partido, ya se habían pensado toda una estrategia de juego, recuerdo
alguna ves durante el segundo tiempo de uno de los tantos que jugamos, que me
quede observando el partido desde las tribunas altas del estadio Rolando el
Refusin, y vi claramente que lo que habíamos puesto en el papel se estaba
cumpliendo, y de una manera que el equipo demostraba rendimiento y solidez.
Que bueno haber vuelto a hablar
con Andy, me despertó realmente entusiasmo y espíritu de empuje, y es que a
Andres Murcia, alias “Andrews Murch” le debo alguna vez haberme llenado de
cojones y con una espadita de papel, fácilmente derrotable por la gambeta más
elemental, enfrentarme a manes como Santiago y Pablo Jeangros, que aunque son tío
y sobrino, jugaban más que los hermanos corioto. Alguna vez entre por Tito
Villarreal, o fue él el que entró por mi, el hecho es que Tito era el jugador
mas parecido a Falcao o a Lionel Messi de la época, pero es que resulta que
para Andy, capitán del equipo, todo el que se quedaba al partido un miércoles o
un sábado por la tarde jugaba, asi sean veinte gloriosos minutos. Que bueno es
haber hablado con Andy hace unos minutos, me siento lleno de esa vibra
nuevamente, de la valentía y el honor a la hora de enfrentar la vida.
Si bueno
eso suena muy bonito, pero resultan que si se preguntaran que si cometíamos
errores o si éramos perfectos, obviamente le respondo, que si!!!!! cometíamos
errores, y muchos, a veces nos daba por ser violentos y creer salvar el partido
por el solo hecho de intimidar, falta en la que incurrimos algunas pocas veces,
pero que va, si al fin y al cabo éramos adolescentes inquietos con ganas de
arriesgarnos, enseñanzas que el camino se encargaría de poner para que siendo
todo esto historia y nada mas que la historia redimida de un triunfo de Los
Magníficos, nada falta, ni nada sobra, todo está donde tenía que estar.
viernes, 17 de mayo de 2013
Creencias naturales de una naturaleza desnaturalizada.
¿Quién sabe si antes de concluir el presente siglo
la sabiduría popular habrá inventado este nuevo proverbio:
“Tan increíblemente crédulo como un científico”.
H. Blavatski.
Así como
el agua es invisible al pez porque nunca ha visto nada diferente, así mismo se
podría creer que nuestras creencias permanecen invisibles a nuestros sentidos. La
creencia puede tomarse como algo que es necesariamente real para una sociedad.
Pero la relación del creer no es propiamente una relación naturalizada, y así
como la observación es a la razón, la experiencia es a la creencia. Es difícil
separar a la creencia y a la razón, cualquier distinción solo podría quedarse
en un plano analítico apto para el sociólogo o el antropólogo, porque en la
realidad, a pesar de que la educación y la religión lo han separado en la
sociedad, son parte del proceso de la experiencia, y por ende, del
conocimiento.
A
diferencia del pez que sale del agua y no tiene más camino que la muerte, los
seres humanos podemos experimentar un extrañamiento hacia lo que consideramos
más obvio. Para muchos resultara natural creer que el ser humano es un producto
de un proceso de evolución del homo
sapiens, pero seguramente en otros tiempos, cuando la teoría evolutiva no
había surgido, para muchos resultaba obvio creer que el ser humano había sido
creado por Dios. ¿Qué es lo natural entonces? Nos tropezamos entonces con una
diferencia entre lo que se pueda entender como natural desde la ecología, a lo
que la antropología nos pueda aportar. En ambos casos podemos resbalar en un
esencialismo que solo puede ver lo natural en el funcionamiento de la
naturaleza prístina, o en un relativismo, que entiende lo natural como algo
cultural.
Pero la
pregunta sigue su curso, y no se detiene ante las trampas del análisis, porque
la misma experiencia nos asegura que lo vivo es natural, sea humano o no, pero la
razón también nos recuerda que algo hay de natural en el ser humano que no lo es
en las plantas y animales. “Miren a los cuervos: no siembran ni cosechan, no
tienen graneros ni despensas, y Dios los alimenta”[1]. Es
entonces cuando la creación de Dios en las plantas y animales es tan perfecta
que es posible sentirlo, un efecto de comunión
natural. En la conciencia la naturaleza
se transforma en pensamiento, se puede observar, cuidar, apreciar, transformar,
aprovechar, se le puede rezar como una deidad.
La crisis
ecológica actual viene llevando a la naturaleza en un proceso creciente de
desnaturalización. Los procesos de escisión y recomposición natural de la
postmodernidad ha revaluado el esencialismo de la ecología, mostrando una
naturaleza nueva, o mas bien a las naturalezas. Ulrich Beck (1999; p. 72), de
una manera poética lo expresa del siguiente modo: “la propia naturaleza no
es naturaleza: es un concepto, una norma, un recuerdo, una utopía, un plan
alternativo. Hoy más que nunca. La naturaleza está siendo redescubierta,
mimada, en un momento en el que ya no existe”. Aquí Beck nos recuerda a esa naturaleza “ecológica” donde el ser humano
no cabe en las relaciones, que choca con esa naturaleza del ambientalismo,
politizada, cuantificable y sacralizable.
El
pensamiento premoderno analizaba a la cultura humana como esencias inmutables,
esta visión, fuertemente enraizada en el pensamiento etnológico del siglo XIX
relaciono el determinismo genético y geográfico con la psicología. También ha
sido fuente de inspiración de muchas historias. Tarzán, la representación de un
hombre blanco que crece en la selva y aprende a dominarla mejor que los propios
nativos, sigue conservando su aire puritano, propio de los valores “civilizados”,
en oposición a los “salvajes”. Para Tarzan la selva es su medio natural, pasa
de liana en liana por los arboles, es amigo de los leones y las serpientes,
pero si fuera llevado a Londres, seguramente aprendería a comportarse como un gentleman.
Para esta
figura cinematográfica, la selva puede ser un medio tan natural como lo puede
ser la gran ciudad para un corredor de bolsa. Pero estos no son mas que malos
ejemplos sacados de la imaginación estereotípica, una construcción imaginaria
que muchas veces se transforma en realidad cuando se trata de confrontar y
definir conflictos asociados a la naturaleza. La pregunta por la realidad aquí puede ser transpuesta a qué
es lo natural. Si entendemos la naturaleza como una construcción social, como
una creación divina, o como un proceso de la evolución seguramente llegaríamos
a resultados diferentes, así no exista diferencia en que todos habitamos el
mismo planeta.
Las
discusiones epistemológicas sobre la relación del hombre con el medio natural
son tan antiguas que se pueden ubicar desde los orígenes de la filosofía misma.
Por años, la academia y en especial los humanistas, han establecido un dialogo
profundo con las ciencias naturales para encontrar un campo de definiciones que
no se sienta tan frio y cojo como el propuesto por la “tecno-ciencia”, o inestable y movedizo como el que tan
pomposamente se presenta desde la transdisciplinariedad de las ciencias. Estas
discusiones, aunque ponen de manifiesto preguntas tan importantes como las
consecuencias ideológicas derivadas de la separación del alma y el cuerpo, no han
hecho mucho para resolverlo.
El
racionalismo científico, radicalmente cartesiano y metódico, a pesar de haber
desarrollado una instrumentalidad capaz de develar la estructura fisiológica o
genética de los organismos, aun se mantiene tímido a la hora de dar crédito a “las
causas primeras” que tomaron los pensadores neoplatónicos y alquimistas como
punto de partida de estructuración de la naturaleza, esta separación, por algún
motivo terminó alimentando la idea de un “mundo espiritual”, de las mónadas, o
de los elementales, como un terreno caprichoso y subjetivo, donde cada quien ve
lo que quiere ver. Por su parte, el humanismo ha quedado entre la espada y la
pared de la ciencia moderna y los saberes “periféricos”, y por no perder su
legitimidad se han rehusado a tratar como iguales a las ciencias mágico-espirituales,
y se han aferrado mas a un tibio fenomenalismo, que apenas disimula lo que
tiene de materialismo.
Hélène
Artaud, en su investigación sobre la sacralidad del mar para la comunidad
musulmana Imrâgen de Mauritania, analizando la ritualidad y la manera de
apropiación de estos a través de la pesca, encuentra que el “secreto del mar”
ocupa sin dudas el corazón de la dialéctica entre el mar y lo sagrado. Sin
embargo, como cuando se presenta un fenómeno inexplicable, asume la limitación
de su ciencia:
“Le caractère paradoxal d’une
recherche sur le « secret » a naturellement stimulé diverses difficultés,
d’ordre éthique et méthodologique. Défini par son caractère caché, non-dévoilé
et non-dévoilable, le secret n’offrait qu’un seul traitement méthodologique
possible : celui de la phénoménologie. Il n’a donc pas été question de savoir
ce qu’est ce « secret de la mer », mais comment il se manifeste, se raconte, se
transmet… “
Para
muchos etnólogos el registro del fenómeno constituye un momento de grandes
confrontaciones, la Sociología Reflexiva de Bourdieu (2005; Pág. 119), asume
que “la coincidencia entre las
estructuras objetivas y las estructuras encarnadas que crea la ilusión de
comprensión espontánea es un caso particular de la relación con el mundo, vale
decir la relación originaria.” Por su parte, la etnometodología de
Garfinkel parte de la base de reconocer las limitaciones del observador cuando describe
el fenómeno social: “hay un sesgo intelectualista inherente a la posición
del científico social que observa desde afuera un universo en el que no está
inmediatamente involucrado.” (Bourdieu y
Wacquant citando a
Garfinkel; pag. 119)
La
fenomenología siempre ha tenido que vérselas con el positivismo, pues la
experiencia siempre ha sido un terreno problemático de describir y transmitir.
Muchas etnografías describen y estructuran las cosmogonías de muchas
comunidades indígenas de una manera tal que todo lo que van a describir aplica
solo para sus estudiados. “Para los indígenas…”; “Segun los Desana…” y llenan
paginas con informacion sorprendente, que para cualquier adepto no puede ser
tomado como un conocimiento puramente subjetivo, sino como una parte integral
de una Gran Ciencia Universal.
La investigación
botánica y antropológica está llena de estos sucesos, y aunque los primeros
científicos fueron adeptos, herméticos, poseedores de “secretos”, la materialización
de la ciencia llevó a crear una barrera enorme entre la ciencia experimental y
lo que desde el esoterismo se conoce como filosofía hermética. En muchas
comunidades indígenas del amazonas, el investigador científico es visto con
recelo, por un lado representa un cazador de saberes, presto a lucrarse a
consta del saber tradicional, pero por otro lado es visto como un niño, que no
comprende que el verdadero secreto de una planta, no está en sus componentes
químicos, físicos o genéticos, sino como dicen ellos: “es en la oración que se
pone”.
Lo que
desde las ciencias humanas se conoce como el poder simbólico del mito, es para
muchos indígenas de la amazonia una realidad tan científica como lo puede ser
la ley de la gravedad. Esta manera de referirse a las ciencias mágicas
chamánicas, es el resultado de una sociedad que ha dejado como “cuentos de
hadas” lo que para los antepasados era lo mas natural. La fantasía, es un
terreno construido para la sugestión de los niños, desplazando el significado
hacia lo inconsciente, porque a medida que va creciendo se le va enseñando a
discernir lo que es la realidad de lo que no, es introducido en un mundo
racionalizado, escindido, es prevenido a no creer lo que los ojos no pueden
ver.
Los
dilemas de la observación, llevo que a principios del siglo XX en Inglaterra y
Europa en general, se viviera una intensa discusión entre espiritistas,
religiosos y científicos. En esa época, con el nacimiento del psicoanálisis y
el auge de las comunidades herméticas, existió un furor entorno a lo
inconsciente, a lo secreto. Eran muy comunes las sesiones espiritistas.
Científicos, místicos, y religiosos desencadenaron una interesante discusión
sobre la naturaleza y la veracidad de los fenómenos. Helena Blavatsky, en su
serie de libros sobre Isis sin Velo, relata cómo se vivían esas luchas de
argumentos en torno a si el movimiento de la mesa que súbitamente giraba en
medio de los curiosos asistentes, era un artificio de ilusiones calculado
fríamente por los mediums, o si tal fenómeno “sobrenatural”, era tan verídico
como la ley de la gravedad. Según Blavatsky:
“Muchos científicos han reconocido la
autenticidad de fenómenos en apariencia sobrenaturales, porque como el citado
caso de levitación, contrarían la ley de la gravedad; pero al investigarlos, se
enredaron en inextricables dificultades por su desgraciado intento de darles
explicación con hipótesis basadas en las leyes conocidas de la naturaleza”.
(Pág. 65)
Quiero
llamar la atención sobre este aspecto porque es solo un ejemplo de los
desacuerdos axiológicos que pueden existir en cuanto a definir lo “natural”. Si
una comunidad indígena que lucha por proteger un bosque argumentara ante una
entidad que no puede llevar a cabo un proyecto minero porque estaría afectando
a las hadas, duendes y elementales que viven en el bosque, fácilmente se les
podría tachar de locos o supersticiosos. El problema radica cuando la
existencia de esos seres puede demostrarse, pero para eso, se necesitaría
contemplar unas estrictas reglas, ser un “iniciaciado”, un aprendiz de brujo,
un filósofo hermético o un elegido. ¿De cuándo acá, dirían los científicos, las
demostraciones científicas son una cuestión de “elegidos”?
A la par
que el mundo pareciese estar asistiendo a un reencantamiento de la naturaleza,
así mismo no falta quienes temen un regreso a los nichos oscuros del Medioevo, a
donde una casta sacerdotal y religiosa abarcaba todas las dimensiones
explicativas con respecto al mundo y al universo. El desarrollo del esoterismo,
se ha generado en las fronteras de la ciencia y la religión, su evolución ha
estado marcada por una potente insinuación hacia la vinculación espiritual con
la vida práctica, historia que ha estado llena de exageraciones, pero de algún
modo se ha tomado en serio la construcción de una ciencia que no separe el
Plano físico del Plano Astral.
La
reproducción del paradigma científico ha sido un largo proceso de
secularización, aunque paradójicamente, la crisis ecológica del mundo actual ha volcado la
mirada de pensadores y nuevos científicos a donde todo empezó, a lugares donde
quizá muchos saberes de culturas aborígenes e indígenas no han dejado de mirar,
me refiero aquí al mundo de las animas, de los espíritus, al éter, a lo
invisible, al plano astral. El marcado tono revelacionista con el cual la
humanidad ha recibido el siglo XXI, ya muestra resultados sorprendentes. El
mundo invisible, los seres espirituales, las profecías escatológicas, empiezan
a ser tomadas más en serio por los escépticos, y asoman como una fuerza que el
mismo materialismo se encargó de echar en el canasto de las supersticiones.
Los
tiempos están cambiando, y como producto del mismo desencanto producido por la
revolución tecnológica, se esta asistiendo a una necesidad de encontrar lo
perdido. Lo que Patricia Noguera (2004 , p. 22) describe como un reencantamiento del mundo, en “que la voz
misteriosa del mundo como vida, como ser en despliegue, como perpetua aurora y
crepúsculo, pueda ser escuchada”. Lo describe como un proceso a dejar de
lado los esquemas rígidos de la ciencia, en un intento parecido como el que se
empezó a vivir tras el renacimiento, cuando se desplazaron los centros de
sentido que las instituciones religiosas monopolizaron durante años.
Llama la
atención el auge con el que emergen los nuevos movimientos comunitarios, entre
los cuales se busca un sentido de pertenencia a través de una nueva
espiritualidad, una recomposición identitaria, o una salvación ecológica. Fenómenos
como la permeación creciente del espiritualismo oriental en occidente, y las
expresiones ascéticas comunitarias del cristianismo primitivo, representados en
movimientos rurales, a donde la naturaleza mantiene su referente de pureza. El
siglo XXI, no solo representa un nuevo milenio en el calendario gregoriano,
también se habla del comienzo de la edad de Acuario, del fin de un ciclo de
5132 años según el calendario Maya, del fin de la Historia y el comienzo de la
Posthistoria, donde se han abierto espacios para la circulación, intercambio,
renovación y nuevas elecciones de creencias.
En
todo esto lo social parece
seguir decidido a descubrirle todas las mixturas posibles a los valores, y
busca afanosamente una nueva forma de ser reconocido, en un contexto a donde se
promueven nuevos creeres y se transforma la identidad. Lo que en palabras de la
socióloga francesa Danièle Hervieu–Léger (2012), se
puede ver como una emergencia en la que la religiosidad individual “permite a
los individuos (independientes con relación a los grandes sistemas religiosos
instituidos), ir al contrario y producir pequeños sistemas de creencias que los
deja reunir, organizar y darle sentido a sus experiencias personales (…)”.
Se
dice que en los barrios de Ciudad de México hay un curandero en cada cuadra, y
lo que para las frías estadísticas podría ser una elección debida a las
condiciones de pobreza e ignorancia, para muchos que prefieren al “brujo” puede
ser una decisión racional, a plena conciencia, porque así ha sido comprobado, y
además vivido durante años. Si durante la primera década del siglo XX al
amazonas solo llegaban unos pocos viajeros, el siglo XXI muestra una amazonia
accesible al turismo y al viajero, a donde muchos europeos llegan buscando
experiencias extáticas como el yagé, buscando en la naturaleza y en lo
diferente una sensación de conexión con la Unidad. El campo de las creencias se
ha revuelto tanto que ya es imposible hablar de civilización occidental sin los
muchos matices que esto pueda tener, y al igual que las culturas aborígenes e
indígenas que fueron asimilándose y adaptándose a nuevos esquemas de valores
traídos por el colonialismo, así mismo los territorios del racionalismo
científico vienen siendo también colonizados por otro tipo de saberes que
cuestionan profundamente la raíz de la ciencia moderna, como incapaz de
explicar las causas primeras de los mismos fenómenos que estos investigan.
En algún punto de la historia la ciencia decidió
divorciarse de la teología, eso aceleró por un lado el desarrollo tecnológico y
las fuerzas productivas, pero por otro lado provocó un divorcio en cuanto a la
explicación de los fenómenos físicos y naturales por causas
mágicas-espirituales. El auge del monoteísmo, y la influencia del
protestantismo solo podían adjudicar a Dios la posibilidad de hacer milagros,
mientras los humanos tendrían que vivir en el completo renunciamiento a las
creencias mágicas, y por consiguiente, en la desespiritualización de la
naturaleza.
Las ciencias naturales, en su rol de descubrimiento
y manipulación de las leyes físicas de la naturaleza han construido barreras
entre lo que se concibe como lo natural y lo espiritual, dejando de lado lo
eterno y la voluntad, por lo que se conoce como tiempo y adaptación. La
naturaleza creada por un Ser Superior se reemplaza como el producto de una
constante evolución en el tiempo y en el espacio, adjudicándole características
a los seres vivos adquiridas por adaptaciones ocurridas en millones de años.
Darwin en su libro el “Origen de las especies” lo presenta de la siguiente
manera:
“Estamos convencidos de que las especies
no son inmutables, sino que las pertenecientes a los llamados géneros
descienden en línea recta de algunas otras especies ya totalmente extinguidas,
de análoga manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son
descendientes de esa especie. Aun más; no dudamos que la selección natural ha
sido el más importante, sino el exclusivo medio de modificación.” (Pág. 15)
La teoría de la evolución permeo
de manera vertiginosa el desarrollo posterior de la sociedad. Cuando esta se
erigió como el paradigma más importante se le clavó la estocada final a las
enseñanzas creacionistas que hasta en ese momento influían en la escena
educativa de las universidades. Sin embargo, para algunos estudiosos, el auge
de la teoría de la evolución fue la justificación perfecta para ensalzar esa
sociedad que ya asomaba con fuerza en Europa y Estados Unidos en el siglo
XVIII, cuando la revolución industrial, y las ideas liberales de la economía,
privilegiaron el desarrollo del capitalismo, y las teorías de Adam Smith.
Dejando sentadas las bases ideológicas para la extensión del dominio
occidental.
Otras voces se escucharon
también cuando la teoría de la evolución le caía como anillo al dedo a quienes
buscaban escapar del dogmatismo religioso. Las llamadas sociedades secretas, a
donde se discutían cuestiones científicas, esotéricas y teológicas, fueron
grupos frecuentados también por quienes defendían la ciencia como el
conocimiento de la verdad. En estos círculos también se generó una respuesta a
los supuestos del paradigma evolutivo. Para Helena Blavatski, fundadora de la
sociedad Teosófica, la evolución era demostrable solo si se le entiende como
una evolución espiritual, la cual se puede sustentar sobre muchas analogías de
cosmogonías y creencias de los antiguos.
“Si a cuantos creemos en la evolución
del espíritu, tan firmemente como los
materialistas en la de la materia, se
nos acusa de sostener “hipótesis indemostrables”, bien podemos echar en cara a
los acusadores que, según ellos mismos confiesa, su teoría de la evolución
física no está demostrada y tal vez sea indemostrable. Nosotros podemos por lo
menos inferir pruebas de los mitos cosmogónicos cuya pasmosa antigüedad
reconocen filólogos y arqueólogos, mientras que nuestros adversarios en nada
pueden apoyarse (…)”. (Pág. 80)
Para los movimientos teosóficos,
la ciencia moderna y las religiones abandonaron la búsqueda de la verdad en
aras de sostenerse como una institución al servicio del poder. Lo más grave de
esto según los teósofos, es que así como los antiguos geógrafos llenaban las
márgenes de los mapas con desconocidas figuras, advirtiendo que mas allá solo
habían fieras y terrenos infranqueables, así mismo la ciencia y la religión han
caído en una carrera por ridiculizar a su contrario. Como advirtiendo a sus
fieles no ir “más allá”, porque podrían ser presas del engaño de la
superstición, o la tentación del maligno.
Las llamadas sociedades secretas,
han sido el opio de muchos curiosos, quienes han tratado de demostrar por todos
los medios como estos grupos han influido en las esferas más altas de poder.
Pero quizá, lo que no se ha analizado, es como estas sociedades, así como
muchas comunidades cerradas religiosas o místicas, han constituido síntomas de
una crisis de sentido sobre la finalidad misma de la vida. El sentirse elegido
es un síntoma necesario para emprender el éxodo hacia el cumplimiento de una
misión divina, buscar la salvación, en la obra o en la fe. “Pero no hay nada
nuevo bajo el sol” dice el Eclesiastés, y lo que la literatura mágico
científica mitifico como algo inalcanzable para muchos, ahora es develado sin
restricción al mundo entero. Los libros Apócrifos de la Biblia, prohibidos
antes o secretos, ahora están en internet; las formulas alquímicas para
convertir el plomo en oro también están al alcance de quien las busque (¿Quién
las entiende?); la planta del yagé se ofrece abiertamente a todo quien pague
por ello; los grandes gurus del budismo escriben libros que se venden como pan caliente,
revelando el camino a la iluminación. El bombardeo de “verdades reveladas” es
tan intenso que ahonda el deseo de algunos por ir hasta el final. Sin embargo
queda la pregunta, ¿a quienes les interesa asumir el camino del “elegido”?,
porque para muchos, la cotidianidad sigue transcurriendo de espaldas a todo
esto, y entre mas se “hable”, menos posible es creer.
M. Blavatski, a finales del
siglo XIX, escribia de manera apocalíptica lo que quizá ya en estos tiempos
estamos viviendo:
“Las ciencias físicas tocan ya los límites de
la investigación, y la teología dogmática ve agotadas las fuentes de que en
otro tiempo bebiera. Si no mienten las señas, se acerca el día en que el mundo
tenga pruebas de que únicamente las religiones antiguas estuvieron en armonía
con la naturaleza, y de que la ciencia de los antiguos abarcaba todo
conocimiento asequible a la mente humana. Se revelarán secretos durante largo
tiempo velados; volverán a ver la luz del día olvidados libros de épocas
remotas y perdidas artes de tiempos pretéritos; los pergaminos y papiros
arrancados de las tumbas egipcias andarán en manos de intérpretes que los
descifren, junto con las inscripciones de columnas y planchas cuyo significado
aterrorice a los teólogos y confunda a los sabios. ¿Quién conoce las
posibilidades del porvenir?” (Pág. 35).
Mas de cien años después, los medios de comunicación y el cine se
han encargado de popularizar los grandes secretos, que antes solo estaban para
los buscadores. Solo hace falta prender la televisión en Natgeo, History
Channel, o Discovery, para enterarse de los muchos misterios que el
conspiracionismo promueve como cerrados a la humanidad. Pero queda la duda, que
tanto estas grandes verdades, como las que tan pomposamente presenta el
documental de Zeitgeist, representan verdaderamente el despertar de la
conciencia que tanto se promueve en los círculos místicos como los Rainbow
People. Al parecer es necesario analizar esta cuestión desde sus consecuencias,
asociadas al comunitarismo, y a un nuevo sentido religioso de lo ecológico.
La búsqueda del milagro, la
visión espiritual, el dialogo con las plantas, el testimonio de lo mágico,
muchas son las formas de definir esta búsqueda que se vive en la actualidad, y
quien podría ser ajeno a esto, cuando la búsqueda de sentido se ve contrariada
cada vez más por una separación entre el alma y el cuerpo. Los nuevos
paradigmas emergen en la actualidad desde visiones científicas, conocimientos
ancestrales, ligados a un sentido de unidad, de Gaia, en un intento de volver a
vivir por fuera de los monopolios del poder espiritual y material. Sin embargo,
así como el dogma religioso o el evolucionismo, contaron con sus estrategias de
reproducción para monopolizar los significados legítimos de la vida, así mismo
en la actualidad los medios de comunicación han tomado su lugar detentando gran
parte del control sobre la sociedad.
Atado a este afán de
experiencias mágicas esta también un mercado espiritual y esotérico, de
consumos y producción ilimitada de experiencias extáticas. El mundo espiritual
no es ajeno a esta forma de vivir, y tiene sus representaciones en lo social.
Sin tratar de decir que el auge mágico que se vive en algunos grupos sociales
sea una consecuencia directa de los medios de comunicación, si es posible
inferir que con la misma ligereza que el mercado mueve bienes y servicios, así
mismo existe una economía de caminos de salvación. Darle al consumidor lo que
quiere, “para todos los gustos”, el mercado espiritual también trafica con promesas,
y cae en muchas veces en esa lógica que dice, “el cliente siempre tiene la
razón”.
Bibliografía:
Blavatsky,
H. P. (1877) “Isis sin velo”. Clave de los misterios de la ciencia y teología
antigua y moderna. ELEVEN. Biblioteca del nuevo tiempo. Rosario, Argentina.
Darwin, C.
“El origen de las especies”
Noguera, P
(2004) “El reencantamiento del mundo”. Pensamiento Ambiental Latinoamericano.
PNUMA, Universidad Nacional. Manizales, Colombia.
Beck, U.
(1999). La sociedad del riesgo global. Madrid: Editorial siglo XXI.
Artaud, H. (2012) «
Mer partagée, part maudite. La fabrique rituelle d’un horizon maritime : mer et
sacré chez les pêcheurs Imrâgen (Mauritanie) », Revue des mondes musulmans et
de la Méditerranée [En ligne], 130 | février 2012, mis en ligne le 21 février
2012, consulté le 09 d’octobre 2012. URL : http://remmm.revues.org/7384
Bourdieu, P; Wacquant, L (2005). “Una
Invitación a la Sociología Reflexiva”. Siglo XXI Editores Argentina S.A.
domingo, 12 de mayo de 2013
Conjuro a la indecisión, conjuro la decisión.
A veces me imagino decidiendo un camino y viendo para el
otro, siento un terror adentro que mi mente empieza a imaginar que el camino es
único y esta predestinado, que la manipulación es real y que no hay
escapatoria, que todo está echado, y solo queda esperar el fin. Pero
afortunadamente no es asi, porque escoger un camino no es cerrar el camino,
sino es abrirlo, las posibilidades siempre son infinitas y se pueden recorrer
en diferentes cuerpos, en diferentes naves que con un mismo propósito abordan a
la tripulación adecuada para cumplir con las misiones específicas que tiene el
viaje. Asi, ese terror que sentía cuando pensaba en que escoger lo uno era
renunciar a lo otro desaparece, pues el corazón quiere todo, y es capaz de
todo, mientras no se confunda con ambición, mientras no se desdibuje en una
búsqueda de la vanidad y el reconocimiento entonces todo es posible, las
historias son falsas y la verdad es la que escogemos para nosotros, porque el
camino es predestinación pero la predestinación es voluntad, no es el capricho
de una invención.
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