(2015)
Rescátate a ti mismo, sal de un foso llamado la pensadera inútil, la creatividad mal gastada, o lo que sea que hayas dado por perdido. Aunque siendo ese el mood con el que arranca todo este ciclo de sonidos, cambia la película y decide recorrer los azares palabristicos que nada dicen, pues cuando mucho se piensa antes de hacer se debe tomar la calma, parar el afán de escribir sin estar ni siquiera concentrado en lo que se está escribiendo, librando la vida en la letra que se escribe y cuenta la historia de todos estos sucesos, como buscando la coherencia afanosa en el fondo de su alma, tratando de ser el artista que tiene en un pincel un lienzo en blanco y una bandeja llena de todos los colores necesarios para obtener todos los colores, un sueño que se refuerza con metaforología.
Nunca yendo para atrás se avanza hacia adelante, así esa manada de filósofos y matemáticos viciosos quieran venir a demostrar, bajo el teorema de Tales o de la idealística hegeliana, que ir para atrás también es ir hacia adelante; pero ese cuento no se lo cree ni el mismísimo don Baldor Platón, el más grande sabio que ha existido en el universo que hemos construido esta noche, navegando en un zeppelín particular aquí sentado en mi escritorio, de la ciudad de Tarapacá, en el corazón del Amazonas, un sitio de salvajedad que gozarás y nunca olvidarás: ven a Tarapacá, tenemos cómodos precios y espectaculares planes.
Pero íbamos en que el señor don Baldor Platón se había inventado toda la confucionología y que ese man había ido al Refous, y quién sabe qué cosa; pero a veces la aguja se pega y la fijeza del pensamiento desarticula la corporeidad crazystica, que, siéndole definida de esa manera, no es más que la mejor afrenta a la verdad. La palabra nunca termina, dice Teófilo, porque hay otros que la dicen y así sucesivamente.
Se trata de crear y dejarse llevar para que el clowning de la cosa emerja con la mayor precisión, amor, cariño, paciencia y dedicación posibles; el detalle, pero la fe primero, en que el Cosmos dibuja la mejor de las artistas. La fragmentación del color y la opacación al alejarse hacen que las figuras, de alguna manera, sufran una alteración en la conciencia del ojo y de la mente: una hipotenusa al cielo, el mejor de los finales, que no son finales porque son el principio de una nueva conciencia cósmica y aureliogallística.
El espectro naranjal del frailejonismo no podría nombrar a una de sus frutas de mejor manera que la de la Aureliogallología, la ciencia constitutiva y viva de la mambiología que pide movimiento y no más escritura.
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