martes, 24 de marzo de 2026

Andrews Murch

 (2011)

Qué bueno que siempre sea así: lo verdadero vence a lo falso, y al final el cuento sigue bueno, como siempre fue. Pues cómo dejar al mundo privado de las historias de Fast y Aníbal Smith, los hábiles estrategas del glorioso Atlético Los Pollos, el invencible equipo rojo y de la jugada England, cualquiera haya sido el contrincante, si Pablo Jeangros, Ronaldinho o Gaucho. Siempre jugamos a ganar; no siempre lo conseguimos, pero qué va, si de lo que se trataba era de defender el honor del equipo, dejábamos todo de nosotros en el campo de juego, como si se tratara de la vida misma. Y aunque no siempre sin mancha de juego sucio, los verdaderos Andy y Pi, antes de jugar el partido, ya se habían pensado toda una estrategia de juego.

Recuerdo alguna vez, durante el segundo tiempo de uno de los tantos partidos que jugamos los dos, creo que salí por Tito Villarreal o algo así de imprudente, que me quedé observando el partido desde las tribunas altas del estadio Rolando el Refusín, y vi claramente que lo que habíamos puesto en el papel se estaba cumpliendo, y de una manera que el equipo demostraba rendimiento y solidez.

Qué bueno haber vuelto a hablar con Andy; me despertó realmente entusiasmo y espíritu de empuje. Y es que a Andrés Murcia, alias “Andrews Murch”, le debo alguna vez haberme llenado de cojones y, con una espadita de papel, fácilmente derrotable por la gambeta más elemental, enfrentarme a manes como Santiago y Pablo Jeangros, que aunque son tío y sobrino, jugaban más que los hermanos Corioto. Alguna vez entré por Tito Villarreal, o fue él el que entró por mí; el hecho es que Tito era el jugador más parecido a Falcao o a Lionel Messi de la época. Pero es que resulta que para Andy, capitán del equipo, lo más importante era tener el valor de enfrentar la misión, no de ganarla por ganarla; todos jugábamos, todo el que se quedaba al partido un miércoles o un sábado por la tarde jugaba, así fueran veinte gloriosos minutos.

Qué bueno es haber hablado con Andy hace unos minutos; me siento lleno de esa vibra nuevamente, de la valentía y el honor a la hora de enfrentar la vida.

Sí, bueno, eso suena muy bonito, pero resulta que si se preguntaran si cometíamos errores o si éramos perfectos, obviamente les respondería que sí: cometíamos errores y muchos. A veces nos daba por ser violentos y creer salvar el partido por el solo hecho de intimidar, falta en la que incurrimos algunas pocas veces, pero qué va, si al fin y al cabo éramos adolescentes inquietos con ganas de arriesgarnos, enseñanzas que el camino se encargaría de poner para que, siendo todo esto historia y nada más que la historia, redima un triunfo espectacularmente espectacular de Los Magníficos, donde nada falta ni nada sobra, todo está donde tenía que estar.

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