(2011)
A veces me imagino decidiendo un camino y viendo el otro; siento un terror adentro, que mi mente empieza a imaginar que el camino es único y está predestinado, que la manipulación es real y que no hay escapatoria, que todo está echado y solo queda esperar el fin. Pero afortunadamente no es así, porque escoger un camino no es cerrar el camino, sino abrirlo; las posibilidades siempre son infinitas y se pueden recorrer en diferentes cuerpos, en diferentes naves que, con un mismo propósito, abordan a la tripulación adecuada para cumplir con las misiones específicas que tiene el viaje. Así, ese terror que sentía cuando pensaba en que escoger lo uno era renunciar a lo otro desaparece, pues el corazón quiere todo y es capaz de todo, mientras no se confunda con ambición, mientras no se desdibuje en una búsqueda de la vanidad y el reconocimiento, entonces todo es posible. Las historias las escogemos para nosotros; el camino es la predestinación de la voluntad, no es el capricho de una invención.
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