martes, 24 de marzo de 2026

Vuelve cargada de historias

(2014)

Por el solo placer de hacerlo, por el solo sentido de la deslización concomitante sobre los puntos palabrísticos del considere, sin confucionología, pero con algo de locura —la justa y necesaria—, pues imagínese que todo se reduzca a esas cosas que se dicen de seriosas, tan ordenadas y tan rígidas que olvidan el pulso de la vida. Además, decía Aurelio Gallo, legendario timador de lejanas historias, que la gracia de todo está en hacer de lo menos serio lo más serio, lo más visceral, lo más verdadero. Habrá que hacer malabares, correr pa’ acá, correr pa’ allá, equivocarse y volver, pero qué va, si hay cómo hacerlo pues se ha de hacer, sin escatimar ni dudar, por los juegos de la mente que limitan las posibilidades, aunque razón tenía este amigo que decía que cuando la mente se ve limitada, más creativa se pone, más suelta, más viva. Y siempre pasa así, en un lugar, con un lápiz, una hoja y la sola existencia, que ya es bastante, se abre la pregunta de qué se puede decir, a quién se le dice, desde dónde se dice. Y entonces la mente viaja, y viaja lejos, y se pierde, y se encuentra, y vuelve cargada de historias.

Materia en descomposición

(2014)

En el meollo del sancocho, sobre la recochología lógica de las ideas y las formas de escribir, no puedo llegar a esta o a conjeturar sobre la otra, porque, a diferencia de todo, lo que se piensa no se hace, más que escudriñar entre palabras y hacerlo el elixir de escribir por escribir, hasta que todo se vuelva mucho más confuso; pero se puede desenredar, porque siempre en la palabra se resbala uno por el túnel de las galaxias, de las frases infinitas, de las fibras del canasto que tejen la mochila del pensamiento y el conocimiento…¿cómo hacen otros para medir lo que se entiende por inteligencia, entre radios sacados de tests y pruebas de lógica o habilidad? O si fuese verdad, suponiendo que lo es, pues qué gusto me da que para fluir desde el corazón y con la palabra, amando cada porción de tela de este papel, es mejor ser un bobo feliz que un inteligente amargado. Lo inteligente se vende sin obra divina de por medio, o como la realización completa de la separación del cuerpo con lo más sabroso, con el hueso que le da sabor a la sopa de un carnívoro o el quesito que le mete perrenque al vegetariano; sin eso la sopa no sabe a nada, y es entonces cuando solo se siente materia en descomposición.

Nada oculto

 (2014)

Que siga sucediendo,
que consiga acaeciendo,
que mientras hágome chicote,
el asombro nuevamente
saca su chipote.

Freído en aceite caliente,
al baño María
o cocinado con agüita,
lo siento venir,
siento su sabor,
del sueño prometido.

De esta obra de arte,
de este videíto,
de este paseíto,

no hay que molestarse

ni sentirse culpable,

mucho menos reprimirse
u ocultarse,
si no hay nada oculto:
ni los pelos que tengo en la cabeza,

Aventura galaxial

(2014)

En la llanura distante y frígida, en el atisbo inalcanzable del paisaje circundante, en el cubículo de un instituto llamado ECOSUR, pegándole al teclado, siempre buscando lo que no sea lo enojado, fue entonces cuando salí y regresé. El cielo se nublaba, y en estas cosas me quedaría, si no fuese por el encuentro de aquel día, con el ángel de la Virgen María y la angélica luz que la envolvía… jocosamente hízose, y de repente un fuerte remesón el corazón arremetía, con la única furia que el océano puede pegar, con el único ahínco que el fuego de las islas puede aquí evocar, como quien por un momento siente que lo mejor está por suceder,…

Ya está bueno, se siente, se narra y se comenta, para que todo venga energía transmutada, en destellos infinitos de creatividad y witnesiadería, que lo único que traería sería a la palabra, y para que el efecto que siento se potencie y manifieste con toda su fuerza. Sonriendo dulcemente, hablando con camaradería, sonriendo y tumbeando con fino swing; venga como venga, mírese como se mire, esto ya está escrito y solo así puede suceder, siendo lo hacido y lo siempre hecho algo ya escrito desde la opción de ir a una aventura galaxial.

Parar,
que si hace crash,
es mejor parar.

Tomar un aire,
porque hace falta aire…

Lo que es idea
y lo que no es ni siquiera idea,
lo que es palabra
o lo que no se puede decir,
ni se puede escribir,
ni se puede hacer.

Parar,
es mejor parar antes de seguir
con lo que no se está seguro si se quiere decir,
si las reglas de la gramática hacen añicos la imaginación,
capaz de hacer la proeza,
cuando es el corazón
y no con la pereza.

De lo contrario es engaño, es disimular,
y eso sí que no, eso sí que no,
porque se trata de manifestar
no solo imaginar y sonreír,
sino capaz de sufrir y construir.

Es el ejemplo,
la enseñanza del guerrero,
del que es valiente y decidido,
no teme al qué dirán
y se expresa con honestidad.

Parar,
se puede seguir
con el permiso de la verdad;
es mejor parar,
ver a los dos lados de la vía,
tomar la imagen de la gracia
y hacerlo sonreír,
emerger desde adentro,
donde se siente con entrega.

Agradecer, y agradecer,
porque esto es un regalo
y es conmigo;
me hablas de cerca al oído
y guías mis destinos.

La misión

(2014)

 A veces sueño como que ya, la continuidad del espíritu creador toma el dominio de la situación y no lo suelta en ningún momento, porque lo hace y lo hace diariamente; a veces sueño con ese momento, de vivirlo, de tenerlo. Abro los ojos y veo que todo sucede, pero en parte, porque en la otra no sucede, y el reloj avanza, y la mente configura el tiempo, atrae el fin y lo hace su presente. En ese momento todo se torna extraño, como si no se pudiera malgastar el valioso tiempo en dejar y buscar, a la misma razón, lo que quiere realmente, enfrascándose en un augurio que, como himno nacional, habla de viejas batallas, pero de pocas realidades. Preparar el corazón y afinar las artes de la vida no se trata de buscar lo bello por lo bello, ni de volverse un farsante de la escena social; la búsqueda es verdadera, el chequeo es verdadero, el florecimiento es una misión y no más que una misión. Hacerlo es la mejor opción; dejarlo es una sinrazón.

Andrews Murch

 (2011)

Qué bueno que siempre sea así: lo verdadero vence a lo falso, y al final el cuento sigue bueno, como siempre fue. Pues cómo dejar al mundo privado de las historias de Fast y Aníbal Smith, los hábiles estrategas del glorioso Atlético Los Pollos, el invencible equipo rojo y de la jugada England, cualquiera haya sido el contrincante, si Pablo Jeangros, Ronaldinho o Gaucho. Siempre jugamos a ganar; no siempre lo conseguimos, pero qué va, si de lo que se trataba era de defender el honor del equipo, dejábamos todo de nosotros en el campo de juego, como si se tratara de la vida misma. Y aunque no siempre sin mancha de juego sucio, los verdaderos Andy y Pi, antes de jugar el partido, ya se habían pensado toda una estrategia de juego.

Recuerdo alguna vez, durante el segundo tiempo de uno de los tantos partidos que jugamos los dos, creo que salí por Tito Villarreal o algo así de imprudente, que me quedé observando el partido desde las tribunas altas del estadio Rolando el Refusín, y vi claramente que lo que habíamos puesto en el papel se estaba cumpliendo, y de una manera que el equipo demostraba rendimiento y solidez.

Qué bueno haber vuelto a hablar con Andy; me despertó realmente entusiasmo y espíritu de empuje. Y es que a Andrés Murcia, alias “Andrews Murch”, le debo alguna vez haberme llenado de cojones y, con una espadita de papel, fácilmente derrotable por la gambeta más elemental, enfrentarme a manes como Santiago y Pablo Jeangros, que aunque son tío y sobrino, jugaban más que los hermanos Corioto. Alguna vez entré por Tito Villarreal, o fue él el que entró por mí; el hecho es que Tito era el jugador más parecido a Falcao o a Lionel Messi de la época. Pero es que resulta que para Andy, capitán del equipo, lo más importante era tener el valor de enfrentar la misión, no de ganarla por ganarla; todos jugábamos, todo el que se quedaba al partido un miércoles o un sábado por la tarde jugaba, así fueran veinte gloriosos minutos.

Qué bueno es haber hablado con Andy hace unos minutos; me siento lleno de esa vibra nuevamente, de la valentía y el honor a la hora de enfrentar la vida.

Sí, bueno, eso suena muy bonito, pero resulta que si se preguntaran si cometíamos errores o si éramos perfectos, obviamente les respondería que sí: cometíamos errores y muchos. A veces nos daba por ser violentos y creer salvar el partido por el solo hecho de intimidar, falta en la que incurrimos algunas pocas veces, pero qué va, si al fin y al cabo éramos adolescentes inquietos con ganas de arriesgarnos, enseñanzas que el camino se encargaría de poner para que, siendo todo esto historia y nada más que la historia, redima un triunfo espectacularmente espectacular de Los Magníficos, donde nada falta ni nada sobra, todo está donde tenía que estar.

Eter

 (2011)

Mirar atrás bajo el riesgo de volver a ver adelante, ver adelante con la esperanza de que lo de atrás salga nuevamente; poder sanar un rencor, reencontrarse con el amigo que no responde ni en el Facebook, volver a celebrar esas gambetas que alguna vez vi hacer al de camiseta azul: bellos recuerdos, pero eso son, recuerdos, porque el presente habla de otras maneras, como payasos, gestores, mirones, creadores, de mil y mil formas que no se agotan en posibilidades, porque cualquier cosa es posible; los sueños se realizan y todo es un arco iris al final de la historia. Pero no sé por qué insisto en mirar atrás, en recapitular la película y componer donde siento que se descompuso; si alguna vez has de leer este artículo, sabes que estoy hablando de ti y de todos los otros muchos que alguna vez aparecieron en mi camino y que ahora llevan un rumbo lejos de este que recorro. Si en la vida no todo se encuentra, aunque casi que sí lo hace, cuando llegue la muerte seguramente tendremos la oportunidad de pedir disculpas y sanar la herida, de reconocernos como éter y nada más que éter.